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El grotesco egoísmo humano

North y Monteys logran sacar el peor diagnóstico sobre las miserias de nuestra especie desde la obra maestra contemporánea “Matadero Cinco”

Soldados americanos e ingleses de la II Guerra Mundial interactúan en el campo de concentración.

Soldados americanos e ingleses de la II Guerra Mundial interactúan en el campo de concentración.

Puede que la crítica de esta obra haya llegado con cierto retraso ya que salió al mercado editorial en diciembre pasado. Pero solo por tratarse del mejor cómic de 2020 hay que dedicarle una extensa y merecida reseña. Realmente, sus dos autores, el guionista Ryan North y el dibujante Alberto Monteys, logran que la obra original en la que se basa, el afamado Matadero Cinco de Kurt Vonnegut, vaya más lejos de su alegato antibelicista, para convertirse en una agudo retrato de todas las miserias humanas con el consustancial egoísmo y comportamiento errático.

Así, y partiendo del constante viaje espacio-temporal del protagonista, Billy Pilgrim, este trabajo se mueve por distintos campos arguméntales haciendo que el lector pase por situaciones que van del campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial al campo de concentración alemán para prisioneros estadounidenses e ingleses, pasando por la estancia en un hospital tras el final de las hostilidades, o la relación del protagonista con su familia y amigos.

Matadero Cinco- A. Monteys y R. North

Matadero Cinco- A. Monteys y R. North

Entre medias, se produce desde un encuentro con extraterrestres, hasta el visionado de películas de forma algo psicotrópica, pasando por el brillante recurso del cómic dentro del cómic con las historias del maravilloso El evangelio del espacio exterior.

Pero si el libro original ya destacaba por un audaz estilo narrativo, totalmente innovador en su momento, lo mismo consiguen North y Monteys en el noveno arte. Porque tanto el guionista canadiense como el dibujante español, dejan intencionadamente en un segundo lado la idea con la que la novela está asociada -poner en evidencia la crueldad con la que se realizó el bombardeo de Dresde por parte de los aliados- para situar el foco de atención los momentos más lúcidos del autor estadounidense en los que nos mostraba cual patética y absurda es la condición humana.

Ejemplos de este tipo hay muchos. Pero valga tres en concreto como representativo de lo que hay en su interior. El primero sucede en el hospital (“Los médicos no creían que la locura de Pilgrim se debiera a la guerra, sino a que su padre lo había arrojado a la zona honda de la piscina cuando era un niño”). El segundo es cómo apostilla el narrador el momento en el que un soldado que será fusilado habla con un oficial sobre cómo había sido inmovilizada su unidad por el enemigo (“Derby procedió a describir el increíble clima artificial que los terráqueos creaban ocasionalmente para otros terráqueos cuando no querían que dichos terráqueos habitaran la Tierra”). Y el tercero cuando los extraterrestres analizan las religiones y comprueban asombrados como se produce la muerte de Jesucristo (“Los evangelios solo enseñan una cosa: antes de matar a una persona asegúrate que no esté bien relacionado”)

Monteys utiliza recursos gráficos con ramalazos de los grandes genios del underground norteamericano como Seth, Sprott o Reynolds, en esta obra de lectura obligatoria sobre los peores vicios de la locura humana.

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