Jairo nada, pedalea, corre y… conduce. Puede que el proceso de aprendizaje sea más dificultoso o lento, pero discapacidad no es sinónimo de imposible. El triatleta paralímpico, bronce en los Juegos Paralímpicos de Río, es la prueba

Cecilia Vega  |  

Cuenta Jairo Ruiz que cada vez que va a un circuito nuevo de karting se repite la misma historia. Se pone el mono y el casco, baja a pista y el encargado de asignarle el kart se fija en que le falta el antebrazo izquierdo, le mira asustado e intenta disuadirle: ¿Estás seguro? ¿Lo has probado antes? Mira que estos coches no tienen dirección asistida, el volante está duro, ¿podrás? “Al final de la carrera siempre se acerca de nuevo y me pide perdón porque ha visto que no solo puedo sino que yo suelo ser el más rápido de la pista”, explica Jairo. Y es que mientras a sus amigos “simplemente les gusta y van a pasar el rato”, a él la velocidad le “apasiona desde pequeño”, él va a competir.

Un bronce histórico

No podría ser de otra manera. La competitividad, el esfuerzo y el tesón son rasgos del carácter de este almeriense de 30 años, afincado en Madrid, a quien su discapacidad de nacimiento no le ha supuesto limitación alguna para “pilotar” su vida hacia lo más alto en el mundo del triatlón, deporte al que se dedica profesionalmente desde 2015. Jairo compite dentro de la categoría PT5, la que enmarca discapacidades consideradas más leves de cara a los tres deportes que componen la disciplina: natación, ciclismo y carrera a pie. En este momento es el tercero en el ranking mundial dentro de su categoría y entre la multitud de trofeos y medallas cosechadas en campeonatos de España, de Europa y del mundo, hay un metal que brilla con una intensidad diferente: el bronce conseguido en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016.

Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016 - Foto: jairoruiztriatlon.com

No solo fue conseguir una medalla olímpica, algo ya de por sí difícil, sino hacerlo en el año que el triatlón hacía su debut paralímpico. “Imagínate cuánto significó ese pódium que si me dieran la oportunidad de cambiar todas mis medallas por una en los Juegos de Tokio 2020 diría que sí sin pensarlo. Incluso si me dijeran que a cambio de esa medalla no ganaría ninguna más en mi vida, aceptaría. ¿Dónde hay que firmar?”, confiesa entre risas el atleta. Pero la realidad es que no hay trato que valga y desde hace unas semanas Jairo ya prepara la temporada 2019 con el “único objetivo de conseguir la clasificación para Tokio”.

Serie mundial Madrid 2013 - Foto: jairoruiztriatlon.com

En su ciudad natal consideran a Jairo “un referente, un ejemplo de superación y un gran embajador de Almería por el mundo”. Así lo proclamaba el alcalde el pasado mes de junio en la reinauguración del polideportivo de su barrio, La Palmera, bajo el nombre “Centro Deportivo Jairo Ruiz”. Atrás quedan los años en los que ese pabellón era “su segunda casa”, sus inicios en el taekwondo y sus primeros triunfos en natación. Jairo recuerda con humildad que “en la piscina tenía cierto nivel, pero no estaba haciendo nada súper extraordinario. Yo quería llegar a competir con la selección pero no cumplía los criterios y nunca me seleccionaron para ninguna prueba internacional. El triatlón siempre me había llamado la atención y no perdía nada por probar”.

¿Y cómo se enfrenta uno al que está considerado casi unánimemente como el deporte más duro que existe? ¿No le supuso una limitación su discapacidad? Jairo responde con un “no” rotundo, aunque matiza: “mi discapacidad nunca ha sido un problema, pero sí es vedad que el proceso de aprendizaje es más dificultoso y lento. Cuando tú quieres hacer algo que no sabes, normalmente te fijas en otro, ves cómo lo hace y le imitas. Para mí este proceso siempre ha sido más complejo porque no tienes figurar a quienes imitar. Por ejemplo, a la hora de aprender a atarte los cordones de los zapatos, realmente todo el mundo lo hace con dos manos, es muy difícil encontrarte con alguien que lo haga con una sola, imitarle y aprender. Por tanto, el proceso se ralentiza. Ves como lo hace una persona con dos manos y le das vueltas para ver cómo puedes hacerlo con una”.

Campeonato Europa Duatlón Cross Castro Urdiales 15 - Foto: jairoruiztriatlon.com

Y así, lento, pero sin rendirse nunca, fue aprendiendo y mejorando. Nunca se ha planteado usar una prótesis, dice que con ella sería “más torpe”, y desde el principio rechazó la asistencia –en la actualidad no existe- que los organizadores le ofrecían para quitarse el neopreno, ponerse el casco o las gafas. “Mi codo es funcional y el trozo de brazo que tengo lo uso. En el triatlón, las transiciones entre un deporte y otro son una parte fundamental y entrenando y practicando yo sabía que lo podía hacer rápido, al igual que el resto de triatletas”, cuenta.

Su coche, una herramienta de trabajo

Jairo está completamente integrado en la residencia para deportistas Joaquín Blume, adscrita al Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid. Aquí vive y entrena. Es su “campo base”, desde el que, como los alpinistas, parte para “hacer cumbre” en temporada de competiciones. Y lo hace al volante de su propio coche. “Como triatleta viajo muchísimo y todos los desplazamientos dentro de España los hago conduciendo porque, principalmente, al tener que llevar la bicicleta y un montón de equipamiento, es la opción más cómoda y barata. Por mi estilo de vida, mi coche es prácticamente una herramienta de trabajo”, explica. Y reflexiona: “Si no pudiera conducir, todo sería mucho más complejo. Cuando viajo a competiciones o a concentraciones en pueblecitos muy pequeños, tendría que depender de ir en tren o en autobús, donde a veces te ponen trabas por la bicicleta… y luego, cuando llegase, depender de que alguien me transportase en furgoneta o como sea hasta el destino final”.

Foto: jairoruiztriatlon.com

Oyéndole hablar así y conocer su pasión por los coches se te olvida su discapacidad. Es evidente que tampoco en este campo el hecho de carecer de brazo y mano izquierdos ha supuesto traba alguna. Jairo lo confirma: “Cumplí 18 años a finales de noviembre y el carnet lo tenía a principios de enero. Y no lo tuve antes porque por medio estaba la Navidad y Tráfico cerraba”, recuerda entre risas. "Siempre me había llamado muchísimo la atención", dice. Algo lógico al saber que el triatleta creció rodeado de coches antiguos medio desmontados, piezas y motores, que su padre guardaba y restauraba en el garaje.

Para lograr el ansiado carnet de conducir, el deportista tuvo que ir a una autoescuela especializada en su ciudad natal, después de que en la de su barrio le dijeran que ellos no disponían de coches adaptados. “En mi caso, necesitaba que el coche tuviera cambio automático, dirección asistida y, por aquella época, también nos ponían un pomo en el volante, una especie de bola para girar el volante”, describe. Cuando una persona tiene discapacidad, en su permiso de circulación aparecen recogidos los códigos numéricos relativos a las adaptaciones que obligatoriamente debe tener su vehículo. En el de Jairo y tras la renovación al cumplir 10 años como conductor, algunos han sido suprimidos. “Por suerte los coches ya son muy modernos y vienen muy bien equipados de serie. Todos tienen dirección asistida y es tan buena que el pomo es ya algo opcional. Como casi todo se activa solo sin darle a ninguna palanca ni botón (las luces, los limpiaparabrisas, etc...), el único código que aparece ahora en mi carnet es el que dice que mi coche tiene que tener cambio automático”, detalla.

Empuñadura en el volante con dos pomos - Foto: FCA

¿Y el intermitente? Para accionar esta palanca, situada al lado izquierdo del volante, Jairo usa el trozo de brazo que tiene, haciendo gala de esa destreza que tan bien le viene en las transiciones del triatlón. “Si te subieras a mi coche y no me conocieras tendrías la sensación de que soy muy bajito, porque me siento mucho más cerca del volante de lo que se sienta una persona en condiciones normales”, aclara.

En el mercado existen programas como Autonomy, de FCA (Fiat Chrysler Automóviles), que trabajan con transformadores homologados (EFAMOA, Guidosimplex, ILUNION y Soluciones ARC) para modificar y adaptar los vehículos de sus marcas (Abarth, Alfa Romeo, Fiat y Jeep) en función de las necesidades concretas de los conductores con discapacidad. Jairo lo celebra pues, aunque él tiene una articulación funcional comparte mucho tiempo con otros deportistas, algunos con discapacidades más severas, que tienen igualmente derecho a conducir pero “pueden necesitar otro tipo de adaptaciones como, por ejemplo, accionar este intermitente desde el lado contrario con una especie de extensión”. “Conducir es algo indispensable”, afirma Jairo tajante. Y no solo para ganar a los amigos en el circuito de kart.