Entrevista | Martín Rubianes Jefe de Medicina Interna del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo
«El nuevo hospital de día médico del Álvaro Cunqueiro abrirá en octubre»
El responsable de un servicio que registra 23.000 ingresos al año aboga por medidas que los eviten: «Pacientes que estén caminando por el hospital deberían ser los mínimos»

El doctor Martín Rubianes, en una de las plantas de hospitalización de Medicina Interna, / Pedro Mina
Se considera «un entrenador de la casa». Tras estudiar las carreras de Biología Molecular y Medicina en Santiago y ya desde las prácticas, el doctor Martín Rubianes (A Lama, 1963) desarrolló toda su carrera en la sanidad pública viguesa, en la planta de Medicina Interna. Dirigió durante una década las Urgencias del Hospital Xeral. Fundó allí la primera Unidad de Corta Estancia de la ciudad y la trasladó al Álvaro Cunqueiro. En 2021, en funciones, tomó las riendas del Servicio de Medicina Interna; una jefatura que ahora formaliza. «Era una época difícil porque cumplíamos el primer año del covid y aún estábamos en una época convulsa», rememora.
¿Fue la peor época de su carrera?
En los 50 últimos años hemos vivido tres situaciones en las que Medicina Interna ha quitado las castañas del fuego. Una era casi un niño, con la toxicidad por aceite de colza. Otra fortísima fue el VIH, en los 80 y 90. Al principio no había tratamiento y se llevó a muchísima gente de una generación; un auténtico desastre. Y esta fue la tercera. Una pandemia como el SARS-CoV-2 te deja marcado. He visto morir a mucha gente, incluso familiares míos. Ahora parece que todo pasó, pero cuando no teníamos vacuna ni tratamientos, fue espantoso. La ocupación de medio hospital, irte a casa con la inseguridad de si llevabas el microorganismo, la gente que fallecía sin poder hacer nada… Fue terrible.
¿Hoy aún le causa dolor?
Hoy lo tienes más o menos normalizado. No sé cuál será el próximo reto. Aparte del envejecimiento de la población, el reto de esta especialidad está en lo desconocido. “House”, el de la serie, era internista. Lo que atrae de Medicina Interna a muchos estudiantes, a veces, es lo desconocido. Al hospital no vienes con una etiqueta de ‘Tengo leucemia’ o ‘Tengo un linfoma’. Vienes porque te cansas y, al hacer analíticas, descubres cosas. Como un crucigrama con el que llegas a un diagnóstico.
¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrenta hoy el servicio?
El mayor es el envejecimiento de la población. Es patología crónica, no de descubrir diagnósticos. Hace poco pasé consulta en el Meixoeiro, vi a 15 pacientes y tuve una media de 90,8 años. Antes era atípico encontrar gente de 90 años y se consideraban ancianos con 70. Mucha gente, interesada políticamente, dice que el problema es la migración, pero suele ser gente joven y no está enferma. Nuestro mayor problema es una pirámide de población con gente muy, muy mayor.
¿Qué cree que habría que hacer?
Hace falta un gasto sanitario y sociosanitario importante. El modelo de vida ha cambiado. Con la incorporación de la mujer al mundo laboral, muchísimos ancianos no tienen apoyo en sus casas. Hay gente con enfermedad leve que podría estar en sus casas, pero no pueden por falta de cuidado. En la Unidad de Cuidados Paliativos tenemos cantidad de pacientes que podrían permanecer en casa, pero no están por su situación social. Hay muy pocos centros sociosanitarios en Galicia. Se habla de la reforma del Rebullón, con 80 camas, pero no acaba de arrancar y, aún así, pienso que nace pequeño.
¿Tienen mucha gente en el hospital que se queda más tiempo del necesario hasta que los pueden enviar a una residencia?
Muchas veces sí. Pacientes de alta médica que llevan dos meses y no hemos conseguido una residencia porque no tienen una situación económica adecuada o porque no hay suficientes centros.
«Llegamos a tener 190 ingresados diarios en época veraniega»
¿El número de ingresos en el servicio ha crecido mucho?
Sí. Actualmente superamos los 23.000 ingresos anuales.
¿Y cómo lo van solventando?
Vamos creciendo en plantilla, pero no todo lo que desearíamos. Uno de los problemas es que somos un servicio partido en dos hospitales. Si un pacientes es para estudio, se queda en el Cunqueiro, porque necesita más pruebas complementarias. Pero si es mayor y lo que vas a tratar es una insuficiencia cardíaca ya filiada o una agudización de una broncopatía, va al Meixoeiro. Cada vez tenemos más pacientes de estos últimos. A veces ingresan tres allí por cada uno en el Cunqueiro.
Decía que tiene problemas de personal. ¿Y de camas también?
Sí, porque este servicio nació pequeño en el Cunqueiro. Entonces, siempre tenemos un volumen importante de periféricos desperdigados por todo el hospital. Además, de que suelen cerrar muchas veces camas del servicio en épocas estivales. Este año llegamos a tener 190 ingresados diarios en época veraniega.
¿Se cierran por el problema de déficit de Enfermería?
Claro. En verano, las que no están de vacaciones en plantas cerradas, las asignas a otra planta para cubrir vacaciones. Hay un déficit de enfermeras bastante importante que no nos permite disponer de más camas en verano.
«Tenemos que crecer: crear nuevas unidades, mejorar la relación con Primaria y aumentar la asistencia compartida»
¿Qué propuestas presentó en su proyecto para el servicio?
Tenemos que crecer: crear nuevas unidades, mejorar la relación con Primaria y aumentar la asistencia compartida. Cada vez los médicos son más especialistas en lo suyo, pero el internista es el médico generalista del hospital. Está muy bien que arregles la arteria de un paciente de 80 años pero seguro que también padece otras dolencias; es un global. Entonces, con el envejecimiento de la población, nos piden cantidad de ayuda, sobre todo, los servicios quirúrgicos. Optimizarlos para el quirófano, para la entrada y a la salida. Actualmente tenemos un médico destinado solo para cirugía general. Hasta ahora se ha llevado con interconsultas, pero cada vez es más difícil así porque a veces necesitas un seguimiento completo. Eso se llama asistencia compartida. Y hacen falta más. Probablemente, en cirugía vascular, psiquiatría, urología…... Otro reto es mejorar las relaciones con Primaria, que son fundamentales. Igual tenemos que nombrar un internista de cabecera para cada centro de salud, para descargarlos de crónicos o pluripatológicos, pacientes muy demandantes. Muchas cosas podrían solucionarse allí.
Y en la línea de evitar los ingresos, tienen pendiente la apertura del hospital de día médico.
Exacto. Parece que va a abrir en octubre. Los hospitales modernos deberían tratar de ambulatorizar todos los procesos posibles porque es más económico y das más calidad al paciente. Pero, para eso, los servicios centrales tienen que ser ágiles. Si te veo unos ganglios patológicos y consigo que te hagan rápido un TAC y analíticas sin ingresar, pongo nombre y apellidos a tu enfermedad sin gastar en la cama. Pacientes que estén caminando por el hospital deberían ser los mínimos.
¿Prevén abarcar mucho con el hospital de día?
Va a manejar dos tipos de patologías: ambulatorios que necesitan tratamientos endovenosos y una parcela de pacientes agudos. Gran parte de estos últimos los estamos viendo en el hospital de día del Meixoeiro, con 9 camas, en la unidad multidisciplinar de manejo de la insuficiencia cardíaca, que es la enfermedad que provoca mayor cantidad de ingresos en todo el mundo —entre un 10 y un 15%—. A veces los tienes en casa, se descompensan y allí podemos ajustar el tratamiento y evitar que ingresen.
¿Y la unidad de aislamiento? ¿Qué amenazas futuras podemos esperarnos?
Llevamos un tiempo esperándonos en Galicia la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. Sabemos que hay en Galicia la garrapata que lo transmite, pero se han quedado en Ponferrada, con 3 o 4 casos. Algún día llegará. Ahora tenemos el mosquito tigre. El cambio climático va a conllevar otros retos para la sanidad. Muchos microorganismos que antes no teníamos pueden llegar con el calentamiento de las aguas, como los vibrios. Son unas bacterias que pueden ocasionar infección como los tejidos cutáneos. Ya hace unos años, se dio en un niño de Vigo que fue a un campamento a Corrubedo. Son raros en nuestro medio, pero ya están en el País Vasco con aguas marinas más cálidas en verano. Claro que vamos a tener otros riesgos sanitarios, grandes, pero como hemos tenido otras veces. Tuvimos legionela [2000], un brote de botulismo por el embutido de un supermercado de Rosalía de Castro [2005]… No sé si algún día nos vendrá otra pandemia.
¿Les preocupa la deriva de Povisa?
Claro que nos preocupa, por poder dar la atención adecuada. No sé cómo acabará, pero nos preocupa porque los usuarios que vienen no son cartillas; son pacientes que tienen enfermedades, a veces, complejas. En mis guardias veo muchas veces a pacientes que eran de Povisa y que, de repente, se les diagnostica un tumor o enfermedades complicadas y buscan otro médico de familia para acabar en el Cunqueiro.
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