Deporte y vocación
Miguel Martínez Larrea, de 81 años, ayuda a discapacitados a bañarse en la playa: «Nos dan una lección de vida»
Miguel Martínez lleva toda su vida dedicado al deporte. Un día, por casualidad, en su destino se cruzó la Cruz Roja. Tras 15 años dedicado a la asistencia el baño en las playas de Samil y el Vao en Vigo y con 81 años no contempla abandonar la playa

Jose Lores
Miguel Martínez Larrea es la definición de esfuerzo, constancia, dedicación y pasión. Después de toda una vida dedicada al deporte, fue en Vigo donde otra de sus vocaciones: ayudar a cualquier persona que lo necesitara a disfrutar del mar. Con 81 años, y después de 15 años trabajando en playas, retirarse no está en sus planes.
Nacido en Chile y nieto de españoles emigrantes, Miguel es técnico electrónico de profesión, sin embargo, su vida siempre ha estado marcada por el deporte, «yo descubrí el deporte desde que nací», comenta entre risas. Años más tarde decidió irse a vivir México y Argentina, aunque el destino quiso que terminara en Galicia. En aquel momento, en la playa de Samil en Vigo, se situaba la Cruz Roja. Por casualidad, decidió ingresar como voluntario en el año 2009. Allí impartía talleres de mantenimiento activo para envejecimiento, y con esto recibió una oportunidad para trabajar para el Concello de Vigo: «al año, año y pico, me llamaron por si quería trabajar en playas, y claro, cuando vi esto, me encantó», recuerda.
Desde hace 4 años trabaja como asistente al baño en la playa del Vao y ayuda a «cualquier persona que necesite meterse al agua y que no pueda por su medio, facilintándoles su movimiento y sus ganas de nadar», a la vez que sigue siendo voluntario en la Cruz Roja: «soy formador de psicomotricidad», explica. «Este es un trabajo bastante físico y mental. Requiere un esfuerzo físico, porque los medios todavía no son los necesarios para este tipo de gente. Somos la parte final de lo que debería ser un apoyo para estas personas», describe así qué significa trabajar en asistencia. Son muchas las enseñanzas que ha recogido y aprendido a lo largo de estos años y que ahora le acompañan: «nos están dando una lección de vida, porque hay gente que está soportando muchos problemas que nosotros a lo mejor ignoramos». Con nostalgia cuenta qué es lo primero que aprendió cuando esta profesión se cruzó en su camino: «no quejarme de nada más».
Pero Miguel no sólo trabaja de junio a septiembre en la playa. Durante el año imparte actividades extraescolares, colaborando con escuelas y con equipos como entrenador deportivo. Se refiere a sí mismo como «gasolero» y destaca la importancia de cuidarse y hacer deporte: «estoy activo todo el tiempo, siempre fui activo. Hice atletismo y fui entrenador y árbitro de vóley mucho tiempo». Desde que tiene uso de razón recuerda ser una persona inquieta, es más, hasta los hasta los 71 años fue juez de atletismo, pero al llegar a esta edad, debvido a si reglamento, tuvo que dejar de ejercer. Su amor por el deporte llegó tan lejos que reconoce que antes podía vivir del deporte: «hasta la pandemia tenía siete colegios de actividad extracolar. Trabajé en el Xuvenil de Teis, en Pontevedra....».
Muchos se asombran cuando ven a Miguel trabajar, «la gente en la playa me dice, ¿cuándo te jubilas?», a lo que él responde con risas: «¿por qué me voy a jubilar?». Esto es sólo un ejemplo de voluntad, «se trata de querer hacer las cosas y de llegar a esta edad bien, mantenerte físicamente», decía. Entre sus secretos para mantenerse activo, explica que acude «tres veces por semana al gimnasio y los otros días estoy con la escuela deportiva. La mayoría de veces me freno pero trabajar la fuerza es lo más importante que hay». Por otro lado, en cuanto a su posible abandono de la playa, Miguel piensa continuar hasta que pueda porque para él «es un trabajo muy agradecido, más allá de lo que significa una profesión».

Miguel Martínez Larrea, en la garita de asistencia al baño en la playa del Vao / Jose Lores
Además, anima a todo el que quiera a formarse y trabajar en asistencia al baño: «Primero es una enseñanza. Ahí te das cuenta que muchas veces nos quejamos por tonterías, y cuando ves los problemas que les pasan estas personas, te das cuenta de que lo nuestro no tiene nada que ver. La mayoría de veces, para ellos, es un deterioro constante que no se recupera». Y a pesar de que desde que Miguel comenzó en estas asistencias hasta el día de hoy, ha mejorado el acceso a playas y el material, reivindica que «hay que pensar en la diversidad de personas» y que todavía queda mucho por construir.
Con todo, Miguel Martínez termina por preguntarse, «¿por qué otras personas no lo hacen?». Su historia y su experiencia trabajando en playas le han dejado numerosas lecciones: «personas que han perdido su movilidad en la flor de la vida, siguen dándote señales de vida, gente con problemas queriendo seguir viviendo». Todo lo vivido junto a estas personas le ha hecho mirar sus propios problemas de otra manera y ahora reflexiona: «hoy me cago de risa de todos los problemas que pueda tener. Porque esta gente me está demostrando que la vida sigue igual, ¿qué harías tú si tuvieras esos problemas?».
Y es que, detrás de cada baño asistido, Miguel observa una realidad que todavía necesita cambiar. «Sufren la indiferencia de la sociedad. Faltan muchas cosas para que esta gente viva tranquila y pueda disfrutar de la vida a pesar de los problemas que tiene», señala. Rampas, accesos a lugares y entradas adaptadas a teatros, estadios o incluso a la propia playa son algunas de las barreras que todavía quedan por superar.
A sus 81 años, Miguel sigue al pie del cañón: continúa haciendo deporte, trabajando y, sobre todo, ayudando. Quizá esa sea la mejor definición de su forma de entender la vida, mantenerse activo para poder seguir estando al lado de quienes más lo necesitan.
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