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Precariedad

Los sintecho toman los accesos al Mar de Vigo: «No tenemos ningún sitio al que poder ir»

Parte de los desalojados de la antigua nave de Pescanova pernoctan ahora en el auditorio

Las trabajadoras denuncian insultos y dificultades para llevar a cabo su trabajo, especialmente la limpieza

Los sintecho toman los accesos al Mar de Vigo

Marta G. Brea

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Las «numerosas incidencias» registradas en la antigua nave de Pescanova, en Jacinto Benavente, y sobre todo el incumplimiento de la titular del inmueble a los requerimientos y multas impuestas por el Concello, llevaron al juez a decretar el pasado mes de abril el desalojo de las treinta personas sin hogar que vivían allí de forma permanente. El problema es que la mayoría de esas personas se quedaron en la calle, sin una alternativa habitacional estable, y por tanto se han tenido que buscar la vida.

En torno a una decena, por ejemplo, se «mudaron» a solo unos metros de distancia, al auditorio Mar de Vigo. Tanto las escaleras como el acceso principal están copados por sintecho. Allí tienen sus cartones y las mantas para pasar las noches. Entre ellos se encuentran tanto vecinos de Vigo y de municipios del entorno como extranjeros. «Tengo una pensión de cuatrocientos euros al mes. No tengo otro sitio al que poder ir», lamenta Alfredo, un porriñés de 54 años que vivía en la antigua nave de Pescanova y ahora lo hace en los accesos al Mar de Vigo.

La principal ayuda que reciben es de la Policía Local y voluntarios de la Cruz Roja, que se pasan periódicamente por allí para llevarles comida y hacer un control sanitario. Precisamente, uno de los hombres que viven allí está en una situación límite. Apenas se puede mover porque no tiene fuerzas, está extremadamente delgado y ayer estaba durmiendo en un charco. Su estado de salud es muy delicado, pero se niega a ser trasladado a un hospital. Voluntarios de Cruz Roja intentan convencerlo para que reciba atención médica, pero no quiere.

Vigo (Auditorio Mar de Vigo). Personas indigentes y sintecho que duermen en la calle. Antonio, de 58 años

Un hombre duerme en el entorno del auditorio. / Marta G. Brea

Pero estas situaciones siempre tienen otra cara. En este caso, la imagen que se ofrece del Mar de Vigo, uno de los grandes recintos de la ciudad donde se hacen conciertos, espectáculos y numerosos congresos. Precisamente las trabajadoras del auditorio están atravesando una época difícil derivada de los conflictos con las personas que duermen en los accesos. «A la limpiadora la insultan constantemente y le hacen muy difícil su trabajo. En la entrada hay un olor a orina constante, es muy desagradable. Entendemos que haya gente que lo pasa mal, pero también que debe haber alguna administración que se haga cargo de ellos», apunta una empleada del Mar de Vigo.

Estaciones de bus

Lo cierto es que el sinhogarismo se ha extendido por distintos puntos de la ciudad. Sin ir más lejos, en las dos estaciones de buses de Vigo, tanto la antigua como la nueva, viven a la intemperie, en los accesos a las terminales, decenas de sintecho. La situación en la infraestructura de la Avenida de Madrid, que lleva años abandonada a la espera de su derribo, es especialmente compleja. Cada vez se juntan más personas y prácticamente han formado un poblado chabolista: tiendas de campaña, camping gas, ropa colgada en tendederos improvisados...

La Xunta ya ha anunciado que devolverá el terreno al Concello de Vigo, que se encargará de derribar la estación y construir un gran espacio ciudadano con zonas verdes. Pero el trámite puede dilatarse en el tiempo, así que la situación de marginalidad no parece que vaya a terminar a corto plazo. Además de los sintecho, muchos con graves problemas de adicción a las drogas, ahora mismo solo se acercan allí conductores que dejan sus coches aparcados.

Alfredo, de 54 años y originario de O Porriño, vive desde hace años en la calle por falta de recursos.

Alfredo, de 54 años y originario de O Porriño, vive desde hace años en la calle por falta de recursos. / Marta G. Brea

La presencia policial en la zona es constante, especialmente para solucionar conflictos entre los propios sintecho que allí viven. Los comerciantes y los vecinos de los alrededores de la vieja estación de buses denuncian que esta situación les está perjudicando. «Yo he adelantado la hora de cierre por la tarde porque tengo temor a salir por la noche y que pase algo, les tengo miedo porque los he visto que se ponen muy violentos con la policía. La estación está completamente abandonada y lo que está pasando provoca la degradación del barrio. Antes la gente paseaba por aquí a todas horas y ahora muchos han dejado de venir», denunciaba hace unos meses el responsable de una tienda de electrónica de la zona, que prefiere no revelar su nombre. No hay que olvidar que incluso se vivió un asesinato por parte de una mujer que dormía allí, que propinó varias cuchilladas a su presunta pareja sentimental.

La situación no es mucho mejor en la nueva estación de buses, donde las personas que pernoctan en los accesos llegaron a causar daños importantes en los baños de la terminal, provocando que hubiese que cerrarlos durante varios días.

Todas estas personas que duermen en la calle por lo general lo hacen después de ser desalojados de alguno de los techos bajo los que dormían, como la antigua Pescanova en Jacinto Benavente o la escuela infantil Dumbo, en Couto San Honorato, que lleva años cerrada. Van vagando entre edificio y edificio y cuando no encuentran nada acaban pernoctando en la calle.

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