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Iglesia

Del Caribe a Galicia para cubrir la falta de curas: «Va a llegar un momento en que no podremos atenderlo todo»

El padre Justo, sacerdote venezolano destinado en la diócesis de Tui-Vigo, atiende varias parroquias, hospitales y cementerios ante la falta de vocaciones en Galicia

El padre Justo, sacerdote venezolano, en la Iglesia parroquial de San Vicente de Trasmañó, Redondela.

El padre Justo, sacerdote venezolano, en la Iglesia parroquial de San Vicente de Trasmañó, Redondela. / Marta G. Brea

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El padre Justo llegó a Galicia —por petición de su predecesor, Luis Quinteiro— hace seis años, procedente de Venezuela y desde entonces ha pasado por varias parroquias de la diócesis de Tui-Vigo. Ahora ejerce en Trasmañó, pero su labor no se limita a una única parroquia: también atiende hospitales, es capellán de dos cementerios y presta ayuda en otras comunidades, como Chapela. Su día a día refleja una realidad cada vez más habitual en la Iglesia gallega: la falta de sacerdotes.

La adaptación, explica, fue sencilla. «La lejanía cultural es casi inexistente», señala. La acogida de los feligreses también has sido positiva: asegura haberse sentido «muy a gusto» entre los vecinos de las parroquias en las que ha trabajado. Su principal enemigo: el clima. Acostumbrado al caribe venezolano, reconoce que la «humedad y el frío de Galicia» son lo que más le ha costado de estos años.

Mucho trabajo, poca vocación y pocos nacimientos

Dejando la experiencia personal a un lado, el sacerdote observa con preocupación la pérdida de fieles, y sobre todo, la falta de nuevas vocaciones. El resultado: una carga creciente para los sacerdotes que permanecen en activo. «Hay muchos encargos simultáneos», explica. Entre parroquias, hospitales, cementerios y otras obligaciones, el tiempo disponible se reduce. Aun así, insiste en que también debe reservarse espacio para la oración y la vida espiritual.

A su juicio, la principal causa reside en la evolución demográfica, y considera que esta situación también tiene consecuencias dentro de la Iglesia. El padre Justo cree que en el norte de España, principalmente en Galicia, hay un grave problema de natalidad y advierte que «va a llegar un momento en que no podremos atenderlo todo». A ello suma un descenso general del vigor de la fe, que se traduce en una menor participación en las celebraciones religiosas. En ese escenario, la presencia de religiosos procedentes de otros países puede ganar peso.

Papeles invertidos

La situación supone, en cierto modo, invertir el sentido de un movimiento que durante décadas llevó a sacerdotes europeos a América Latina. «Cuando en América no había clero, de Europa iban a América a ayudar. Ahora puede ser al revés», resume. Su apuesta es que sacerdotes procedentes de América y África puedan seguir echando una mano a las Iglesias europeas mientras Galicia afronta la falta de vocaciones propias.

Desde la diócesis de Tui-Vigo- cuentan con dos sacerdotes extranjeros, uno de ellos el padre Justo y el otro el padre Gervais Kpan —proveniente de Costa de Marfil— que atiende seis parroquias de la zona de Ponteareas. Además, durante el periódo vacacional —las navidades, Semana Santa y verano—, suelen venir sacerdotes foráneos que, por motivos de estudios, residen de manera temporal en algunas zonas de España. Ahora mismo, hay un sacerdote venezolano en Alcabre y Coia, y otro de Brasil en A Guarda.

Para el padre Justo, estos cambios no restan valor a su experiencia en Galicia. Después de seis años, define su trabajo como «gratificante» y asegura que la mayor satisfacción está precisamente en poder servir. «Es un honor estar en España y servir a los cristianos», afirma. Una labor que, en su caso, se ha convertido también en una pequeña muestra de cómo está cambiando el mapa de la Iglesia Gallega.

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