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Celebración

La Fundación Sales de Vigo, 25 años cultivando un paraíso botánico con más de 1.000 especies

Después de la creación del jardín botánico por Francisco de Sales Covelo, todos sus allegados vieron el valor que esta obra de poseía. Por esta razón, se crea una fundación que permita conservarlo. Este 2026 se cumplen 25 años de aquella idea que sigue con las mismas ganas y fuerza que en su comienzo

Vigo. 25 aniversario de la Fundación Sales

Vigo. 25 aniversario de la Fundación Sales / Jose Lores / FDV

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Los oasis también existen en las ciudades, y Vigo no iba a ser menos. En los años 60, un paisajista de origen vigués creo el primer centro de jardinería de la ciudad: Francisco de Sales Covelo. En 2001, fallece dejando el jardín en manos de tres de sus amigos. Estos crearon lo que sería la Fundación Sales, un proyecto sin ánimo de lucro que tendría como objetivo mantener el oasis que su amigo había creado. Este 2026, esa idea cumple 25 años.

«Él murió sabiendo que cuidaríamos su jardín», afirma Elizabeth Taylor, la directora de la fundación; «Sabía que estaba en buenas manos», apunta. Con más de 1.000 especies de plantas diferentes provenientes de todos los continentes – sobre todo de Asia y Australia– el jardín lleva formándose desde hace más de 60 años. Durante ese tiempo el espacio ha sufrido muchos cambios: desde la creación de una empresa a partir del vivero, la cual falló; hasta el cambio del equipo directivo. Muchas han sido las variaciones del jardín, pero todas con el mismo objetivo: conservarlo.

«El jardín está abierto por muchos motivos, cada uno tiene el suyo. Hay gente que viene a leer, otra que incluso que viene a casarse; también, los niños se acercan para aprender, hacemos muchas actividades sobre el cuidado, importancia y relevancia que tiene el medioambiente», afirma Patricia Vázquez, bióloga y miembro de la junta directiva de la fundación. «El hecho de que tengamos más de 800 amigos en el jardín es un dato muy positivo. Quiere decir que cada una de esas personas tiene un motivo lo suficientemente de peso como para contribuir a que este espacio siga existiendo», declara.

La razón de tener tantos tipos de especies fueron los viajes del propio Sales. «Solía ir a Japón de viaje, donde ganó diversos premios de paisajismo», declara la bióloga. «Además, muchos de sus amigos le traían semillas y plantas de los lugares que iban visitando», continúa. Y es que es son todas esas variantes de plantas las que crean un lugar único en el que todo el mundo es bienvenido. De esta manera, al preguntar a la junta directiva sobre las actividades, las dos ríen al unísono: «Qué no aceptamos aquí, esa sería la cuestión», afirman a la vez. «Tenemos campamentos de verano, conciertos de todo tipo, exposiciones... Este fin de semana, por ejemplo, tenemos un festival de cine mudo para el que ya están todas las entradas vendidas», abunda Vázquez. «Esto nos hace pensar mucho, algo que considerábamos que no tendría mucho tirón, como el cine mudo, ya va por su cuarta edición», complementa Taylor.

La idea principal es que todo es bienvenido en la Fundación Sales, un espacio que hace que se pueda calificar como para incomprendidos: nada se niega dentro de este jardín. Entonces, tampoco se rechazan especies. En consecuencia, por este afán de altruismo y acogedor fueron capaces de ser el primer jardín botánico de España de cultivar un nenúfar Victoria: «Estamos muy emocionadas ante este hecho. Hemos sido precursoras en cuanto al nenúfar, ni el jardín botánico de Madrid nos tomó la delantera».

Otras de las razones de ser del jardín son los voluntarios. La propia Vázquez, una de ellas en el pasado, explica cómo estos son «imprescindibles» y que sin ellos «el jardín no tendría sentido». Por otra parte, esos amigos de Sales también fueron fundamentales. Así es como Elizabeth acaba aquí: «Mi marido [Alfonso Paz-Andrade] era un gran amigo suyo. Al fallecer, yo me quedé con la dirección de este proyecto, uno de muchos en los que él formaba parte». Esto hace pensar. Al final, todos esos voluntarios y el grupo de tres amigos de Sales son un ejemplo de amantes de causas pérdidas. El jardín no tenía un buen augurio al fallecer el paisajista. Pese a eso, la existencia de este tipo de personas hace certificar que siempre habrá alguien que valore lo diferente y originario de la cultura: la mayor expresión humana existente.

La Fundación Sales es un ejemplo de paciencia, paz y armonía viguesa. Un espacio creado por una sola persona, pero que fue quien de inculcarle a sus más allegados la importancia del mismo, haciendo que siguiera existiendo por lo largo de los años. Por esta razón, es labor de todos los vigueses cuidarlo y conservarlo.

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