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Economía familiar

La empinada cuesta de la vuelta al cole: hosteleros prevén que el precio del menú del día siga medrando hasta los 18 euros

Mientras algunos locales se ven obligados a aumentar el precio de su menú, a otros les resulta imposible ante el riesgo de perder clientela

Este aumento se debe al encarecimientos de productos «de acompañamiento» como la patata, la pasta y los vegetales. También aumentan las facturas por la luz, el butano y las nóminas

Cartel con el menú del día en un establecimiento de Vigo.

Cartel con el menú del día en un establecimiento de Vigo. / Marta G. Brea

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Con la llegada de septiembre y la vuelta a la rutina, el menú del día regresa como una pieza esencial en las jornadas de los vigueses. Desde la Federación de Hosteleros y Turismo preciden una futura subida en el precio del menú del día, que podría alcanzar los 18 euros. A pesar de que su precio no ha parado de aumentar, sigue siendo una de las opciones preferidas a la hora de comer. Aun así, cada vez son más quienes optan por pedir un sólo plato o recurrir a opciones más económicas para reducir el gasto.

Llenar la cesta de la compra ahora cuesta un 35% más que hace años. Los denominados productos básicos o de «complemento» han sorprendido a la restauración: tomates, pimientos, naranjas, patatas, huevos y pasta son algunos de los artículos que han supuesto un coste extra en los bolsillos de los hosteleros. A esto se le suma el progresivo ascenso de la carne y el pescado y una nueva preocupación: el café. «Antes el kilo estaba a 13 euros, ahora lo encuentras a 24 o 24 euros», expone Beatriz Carballido, gerente de la Federación de Turismo y Hostelería en Pontevedra (Feprotur). Una de las consumiciones más frecuentes que en Vigo ya se sitúa en 1,80 euros.

A esto se le suma el factor de los hidrocarburos, como el butano y la luz, además de las nóminas y otros gastos como productos de limpieza que también han aumentado su coste. Esta situación se ha visto agravada por la guerra de Ucrania, aquella que empezó por desestabilizar el precio del aceite y por el cambio climático, que desde Feprotur explican que también ha influido ya que muchos lugares han perdido cosechas.

Pero el precio del menú no siempre ha estado por las nubes. Teresa Rivera, propietaria del mesón El Navío, comenta que, cuando abrió, hace 17 años, «tenía el menú a 9 euros» y añade que en todos estos años regentando su negocio «lo subí 4 euros». Como ella, habrá establecemientos que mantengan su menú gracias a una «clientela fija». Sin embargo, comenta que de ninguna manera se puede plantear aumentar el precio del menú: «Son 13 euros con postre y bebida. Si vuelvo a subir el precio del menú ahora, pierdo mi clientela», explica.

No obstante, el menú conserva una clientela fiel pero cada vez es más frecuente un perfil de comensal que no está interesado en el menú clásico y que prefiere escoger un plato de carta o «medio menú», con la intención de intentar ahorrar lo máximo posible. «Hay una nueva forma de comer», explica la gerente de Feprotur. Y esa sensibilidad al precio también se hace notar entre los clientes habituales. «El año pasado lo subí un euro en enero y perdí dos clientes que llevaban conmigo 15 años, que venían a comer de lunes a sábado», cuenta Teresa Rivera.

Lo cierto es que el precio de la mercancía se ha encarecido mucho con el paso de los años, «este año el tomate y la naranja se han comprado carísimos», afirma Carballido. Lo curioso es que en estos casos, «ha habido muchísimo producto pero el precio no bajó, se mantuvo», aporta. El aumento de precios se aprecia en general y por esto, son ya muchos los locales que se han visto obligados a sumar uno o dos euros más a su menú y aún así los beneficios son pocos o ninguno, como es el caso del restaurante Casa Reme: «Le ganamos muy poco al menú como empresa», comenta un responsable del local.

La gerente de Feprotur manda un mensaje claro: «A los hosteleros les toca hacer los deberes y ponerse las pilas». El encanto del menú del día reside en su variedad, pero mantenerla se vuelve cada vez más complicado. Ante el encarecimiento de los productos, muchos establecimientos se ven obligados a reducir las opciones y prescindir de determinados alimentos para poder mantener unos precios que sus clientes todavía puedan asumir.

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