Segunda mano
Jacobo Ansin, propietario de Jacobo Ansin Vintage: «Lo vintage no funciona en Vigo»
Mientras las tiendas de ropa vintage han logrado normalizar este modelo de consumo y ampliar su clientela, los establecimientos especializados en mobiliario y antigüedades siguen chocando contra un muro: la falta de compradores jóvenes

Exterior de Flamingo Vintage Kilo Vigo / Lucas Aguiar
Hace 12 años Ansin abrió su tienda en pleno centro de Vigo con la intención de acercar el mobiliario vintage a Vigo. Más de una década después, asegura que el balance deja pocas dudas. «Gente joven que me haya comprado los muebles los cuento con los dedos de una mano», lamenta.
El problema, explica, no es la falta de interés por la decoración, sino el modelo de consumo. «Los jóvenes que empiezan a vivir solos suelen comprar en Ikea». Una decisión que, para él responde más al precio inmediato que a la durabilidad. «La gente compra en Ikea creyendo que es más barato, pero a la larga sale más caro porque son muebles con una vida muy corta», comenta.

Jacobo Ansin Vintage por dentro, en Rúa Luis Braille, 8 / Lucas Aguiar
Para Ansín, el contraste con otros países europeos es evidente. «En Dinamarca, Francia o Alemania la clientela es joven. Aquí la mayoría tiene entre 40 y 60 años», destaca. Incluso dentro de Galicia aprecia diferencias: «A Coruña sí es una ciudad para el vintage», sostiene. Además, el futuro para este tipo de negocios es poco alentador, «es cerrar la tienda física y vender por internet», afirma.
La otra cara de la moneda
Sin embargo, esa visión no es compartida por todo el sector. A diferencia de los muebles, la ropa vintage ha dejado de ser una rareza y, con el paso de los años, se ha convertido en una opción más de compra.
Marta Vizcaya, propietaria de Flamingo Vintage Kilo Vigo, lleva una década al frente del negocio, y cuando abrió era la única tienda especializada de este tipo en la ciudad. Hoy el panorama es distinto, «desde que empecé han abierto más tiendas», explica. Aunque reconoce que la competencia del pequeño comercio frente a las grandes cadenas es «imposible», considera que el hábito de comprar ropa de segunda mano se ha asentado entre los vigueses. «La gente que compra segunda mano compra segunda mano y punto. Igual que vas al Zara, pasas también por una tienda vintage», señala.
Con el paso de los años también ha cambiado el perfil de algunos clientes. Si al principio las personas mayores mostraban más desconfianza, ahora cada vez entran con mayor naturalidad. «Al principio había más desconocimiento; ahora lo ven como algo normal», resume.

Interior de Flamingo Vintage Kilo Vigo, en Calle Dr.Cadaval, 21 / Lucas Aguiar
Vizcaya también observa otro fenómeno derivado del auge de plataformas como Vinted: muchos consumidores han terminado asociando la palabra vintage a precios muy bajos, olvidando todo lo que supone mantener un comercio abierto. «La gente piensa que una camiseta vale tres euros y que yo la tengo que vender por esos tres euros, pero detrás hay alquileres, impuestos y muchos más gastos», concluye.
En Magpie Vintage coinciden en que la segunda mano ya no responde a un único perfil de comprador. «Tenemos clientes desde los 15 hasta los 80 años», explica Carlos Vilanova, dependiente del establecimiento. La moda, dice, ha conseguido reunir tanto a quienes buscan prendas que vistieron en su juventud como a adolescentes atraídos por tendencias que vuelven a estar de actualidad. Entre las piezas más demandadas destacan las chaquetas deportivas retro y los Levi's 501.

Magpie Vintage por dentro, en Rúa de Magallanes, 4 / Lucas Aguiar
Vilanova cree que el sector todavía tiene margen para crecer, aunque reconoce que el contexto económico favorece a las grandes cadenas. «Poco a poco estamos adoptando una cultura que en otros países lleva mucho tiempo implantada», afirma.
A pesar del cierre de algunas tiendas, la ropa vintage parece haber encontrado su espacio en los hábitos de consumo de los vigueses. Mientras, el mobiliario antiguo continúa buscando un relevo generacional que no termina de llegar. Dos caras de un mismo mercado que, bajo la etiqueta «vintage», viven presentes muy distintos.
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