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Historia

El cementerio que levantaron los vecinos de Matamá con ayuda de sus emigrantes cumple cien años

La parroquia celebra el 4 y 5 de septiembre el centenario de un camposanto nacido del esfuerzo vecinal y de las aportaciones de sus emigrantes en América

El proyecto original, diseñado por Jenaro de la Fuente, contemplaba 500 nichos y 315 sepulturas

Inauguración de la ampliación del cementerio y visita del obispo de Tui, José López Ortiz, en 1958

Inauguración de la ampliación del cementerio y visita del obispo de Tui, José López Ortiz, en 1958 / Asociación do Cemiterio de Matamá

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L.G.

Vigo

Antes de que existiera el actual cementerio de Matamá, los muertos de la parroquia descansaban junto a los vivos. Durante generaciones, los enterramientos se realizaron primero en el interior de la iglesia y, más tarde, en su atrio. Los cuerpos se depositaban directamente bajo tierra y sobre las sepulturas se colocaban losas con los nombres de los fallecidos. Había entonces un único osario común. Hasta que el crecimiento de la población hizo evidente que aquel espacio ya no daba más de sí.

De aquella necesidad nació hace ahora un siglo el Cementerio de Matamá, que los próximos 4 y 5 de septiembre conmemorará sus cien años de historia. La Asociación do Cemiterio ha preparado dos jornadas de actos con las que pretende rendir homenaje tanto a quienes descansan en el recinto como a las generaciones de vecinos que consiguieron levantarlo, ampliarlo y mantenerlo hasta hoy. «Queremos que sexa, sobre todo, unha homenaxe á memoria dos nosos antepasados e ao esforzo colectivo dos veciños e veciñas de Matamá», explica la entidad.

La historia comenzó realmente dos años antes de la inauguración. El 30 de noviembre de 1924, una asamblea parroquial decidió solicitar al Concello de Vigo autorización urgente para construir un nuevo camposanto y clausurar el existente. De aquella reunión salió una comisión gestora formada por el párroco José Gómez Fernández y los vecinos Manuel Mallo Costas, Ángel Loureiro Rial, Juan Costas Costas e Hipólito Ricoy Alonso.

Dinero llegado desde América

El proyecto no se entiende sin la emigración. Los vecinos de Matamá establecidos en América se implicaron desde el primer momento y promovieron una suscripción popular con la que se consiguieron 9.273,50 pesetas para adquirir los primeros terrenos, situados en el lugar de A Lameira.

El 5 de diciembre de 1924, la comisión trasladó formalmente su petición al Concello. Apenas cuatro meses después, el 15 de abril de 1925, el arquitecto municipal Jenaro de la Fuente redactó el proyecto: una obra presupuestada en 22.046,31 pesetas y con capacidad prevista para 500 nichos y 315 fosas. La documentación histórica conservada incluye tanto la carta enviada por la comisión gestora como el plano de aquellos primeros terrenos, que sumaban 1.139,90 metros cuadrados.

El Pleno municipal, presidido entonces por el alcalde Gregorio Espino, autorizó las obras el 26 de junio de 1925. La ejecución se adjudicó al contratista Cándido Ricoy, vecino de O Pazo, y tuvo una peculiaridad que liga todavía más el cementerio con la propia parroquia: toda la piedra empleada procedía de las canteras de Matamá.

Los trabajos duraron apenas un año.

El domingo 5 de septiembre de 1926 se inauguró solemnemente el nuevo cementerio. A la ceremonia acudieron la comisión promotora, el párroco, el maestro nacional Perfecto Ramilo, representantes municipales y los párrocos de Valadares y Comesaña, además de «a práctica totalidade da veciñanza de Matamá», según la documentación recopilada ahora con motivo del centenario.

La primera persona enterrada en el nuevo camposanto fue María Edita Abreu, una niña del barrio de Campos. Su nombre abre simbólicamente un siglo de memoria colectiva.

Un panteón para quien no podía pagarlo

La vinculación de la emigración con el cementerio se mantuvo durante las décadas posteriores. En 1946, la familia de Emilio Alonso Vila, establecida en América y encabezada por su hijo Leonardo, asumió el coste de construir un panteón destinado a los pobres de la parroquia. La obra nació como homenaje y recuerdo permanente de Emilio Alonso y de sus padres.

Una fotografía de 1955 recuperada para la exposición del centenario muestra precisamente a Leonardo Alonso realizando una ofrenda floral ante aquel panteón, donde descansaban sus abuelos.

El camposanto fue creciendo al mismo ritmo que Matamá. En 1958 se acometió una ampliación de 1.108 metros cuadrados, con un presupuesto de 156.535 pesetas para terrenos y obras. A su inauguración acudió el entonces obispo de Tui, José López Ortiz.

En 1970 llegó una nueva ampliación, de 1.307 metros cuadrados, con una inversión prevista de 550.000 pesetas, y en 1984 se produjo la última de las ampliaciones históricas recogidas en la cronología preparada por la asociación.

El cementerio vuelve a manos de los vecinos

Otro momento decisivo llegó en 1996. Con el objetivo de regularizar definitivamente la situación jurídica y administrativa del recinto se creó una nueva junta gestora que asumió la tarea de recuperar su titularidad en favor de los vecinos de Matamá, representados por la Comunidade Eclesiástica San Pedro de Matamá.

Los diferentes terrenos que componían el camposanto fueron unificados mediante escritura pública y el 14 de diciembre de 1996 una asamblea general aprobó los estatutos y acordó constituir la Asociación do Cemiterio de San Pedro de Matamá.

Esa fórmula de gestión vecinal continúa hasta la actualidad. La asociación cuenta con más de 1.400 socios y su actual directiva, responsable del recinto desde 2017, reivindica haber intentado mantener el mismo espíritu con el que nació el cementerio: conservar lo recibido y prepararlo para las siguientes generaciones.

En estos últimos años se renovaron los caminos interiores, se construyeron rampas, se incorporaron sillas de ruedas y se trasladaron los ceniceros para mejorar la accesibilidad. También se recuperó el osario general, se restauró la capilla, se amplió la marquesina central y se instaló un sistema de riego automático y megafonía fija.

A ello se sumó la progresiva digitalización de la gestión y diferentes intervenciones vinculadas a la memoria y al patrimonio: placas dedicadas a Leonardo Alonso y a los socios fundadores, esculturas, la Árbore da Vida o, este mismo año, una escultura dedicada a los canteros, además de un nuevo rótulo y una nueva imagen del cementerio.

La mirada está puesta también en las próximas décadas. En 2021, la asociación presentó alegaciones al planeamiento municipal para defender una reserva de terrenos colindantes que permita ampliar en el futuro las instalaciones y los servicios.

La escultura de Yosi en el cementerio de Matamá. | FDV

La escultura de Yosi en el cementerio de Matamá. | / FDV

Dos días para celebrar un siglo

El centenario tendrá su primer gran acto el viernes 4 de septiembre, a las 20.00 horas, con una actuación de la Orquesta Clásica de Vigo en el propio cementerio.

La jornada central será el sábado 5, exactamente cien años después de aquella inauguración de 1926. Los actos comenzarán a las 18.00 horas y se prolongarán hasta las 20.00. Está prevista la recepción de representantes del Concello de Vigo y del Concello de As Pontes de García Rodríguez, asociaciones de Matamá y antiguos presidentes de la entidad.

Durante el encuentro se descubrirán elementos conmemorativos del centenario en la fachada del recinto y se rendirá homenaje a los canteros de Matamá, con una placa delante de la escultura dedicada al oficio que suministró la piedra con la que se construyó el cementerio hace un siglo.

Habrá además un hermanamiento con el cementerio de As Campeiras, de As Pontes de García Rodríguez, y actuaciones de la Agrupación Musical Atlántida de Matamá y de una de sus solistas. La celebración estará presentada por Susi Argibay.

Cien años después de aquella suscripción popular, de las pesetas enviadas desde América y de las piedras extraídas de las canteras de la parroquia, Matamá vuelve así sobre los orígenes de un lugar que sus responsables definen no solo como una infraestructura funeraria, sino como un espacio de «memoria, respecto e sentimentos».

Porque la historia del cementerio es también, en buena medida, la historia de la propia parroquia: la de quienes se marcharon, quienes se quedaron y quienes, generación tras generación, hicieron posible que aquel proyecto vecinal inaugurado en septiembre de 1926 llegase vivo a su primer centenario.

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