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Illas Atlánticas

Las Cíes también se visitan con paraguas y chubasquero

Los turistas que tenían reservada su visita a las islas se resisten a cancelar y optan por rutas de senderismo y refugiarse en los establecimientos hosteleros ante las intensas lluvias

Dos visitantes, con chuvasquero disfrutando de uno de los miradores de Cíes.

Dos visitantes, con chuvasquero disfrutando de uno de los miradores de Cíes. / Parque Nacional de las Illas Atlánticas

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El verano se ha vestido de lluvia en las Cíes, pero ni los chaparrones consiguen vaciar el archipiélago. Los turistas que tenían reservada su jornada en las islas los dos últimos días se resisten a renunciar al viaje y cambian sobre la marcha el guion habitual: menos toalla y más sendero, menos baño y más paseo, y muchas más carreras para buscar refugio cuando el cielo descarga.

La escena comienza ya en Vigo. Paraguas, chubasqueros y mochilas sustituyen estos días a los bañadores y las sombrillas entre quienes esperan en el puerto para embarcar rumbo al Parque Nacional. Para muchos visitantes, cancelar no resulta una opción después de haber conseguido una de las plazas disponibles para acceder a las islas, especialmente en un mes de agosto en el que la demanda vuelve a ser elevada.

La arena de la emblemática playa de Rodas pierde protagonismo cuando llueve y el baño deja de ser el objetivo principal. Algunos esperan a que escampe; otros aprovechan los claros para acercarse al agua, mientras que buena parte de los visitantes opta por recorrer la isla y conocer el entorno natural.

Los senderos se convierten así en una de las principales alternativas. Con temperaturas más suaves que en los días de sol, la lluvia permite caminar sin el calor habitual del verano y descubrir una versión diferente del archipiélago. Los miradores, los bosques y las rutas hacia los principales puntos de interés mantienen su atractivo incluso con el cielo cubierto.

También cambia el ritmo de la jornada. Cuando arrecia el agua, los visitantes buscan refugio en los establecimientos de la isla o bajo las zonas cubiertas y esperan a que pase el chaparrón. Las comidas se alargan y el móvil se convierte en una herramienta imprescindible para consultar la evolución del tiempo y decidir si toca volver a la playa, continuar caminando o simplemente esperar.

Para algunos turistas, además, la lluvia termina convirtiéndose en una anécdota del viaje. Quienes llegan desde fuera de Galicia suelen asumir que el tiempo forma parte de la experiencia y prefieren aprovechar el día antes que regresar a Vigo sin haber conocido las Cíes. La recompensa, cuando aparecen algunos minutos de sol, es inmediata: los visitantes vuelven a la arena y recuperan por unas horas el plan original.

Los barcos continúan partiendo hacia Cies pese a las jornadas de lluvia y viento, con visitantes haciendo cola en el Náutico y manteniendo sus planes pese a una previsión poco favorable.

La meteorología puede cambiar el paisaje turístico de Cíes, pero no necesariamente las ganas de conocerlas. Con paraguas o chubasquero, esperando un claro o caminando bajo la lluvia, quienes ya tienen su billete parecen aplicar estos días una máxima sencilla: si el verano gallego no permite playa, siempre queda la isla.

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