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Empleo

«A veces tardo un par de días en volver a tener buenos horarios de sueño»: el peaje de trabajar de noche

Madrugar significa para muchos levantarse cuando apenas empieza a salir el sol, pero en Vigo hay quienes ya llevan horas en pie cuando la ciudad todavía no se ha despertado. Son panaderos, sanitarios, farmacéuticos de guardia o vigilantes de seguridad

La  enfermera Lucía Estévez y la  farmacéutica Ángelica González.

La enfermera Lucía Estévez y la farmacéutica Ángelica González. / FDV

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Mientras la mayoría de las persianas siguen bajadas y las calles permanecen casi vacías, algunos trabajadores llevan ya horas cumpliendo con su jornada. En una panadería, el horno empieza a coger temperatura; los barrenderos preparan sus herramientas; los taxistas recorren avenidas casi desiertas y los sanitarios enlazan turnos para que la ciudad siga funcionando también de madrugada. Pero trabajar mientras el resto duerme no sólo cambia el ritmo de vida: también puede tener consecuencias sobre la salud.

Panaderos

Carlos Martínez y su mujer abrieron hace 30 años la panadería Panettone, en la rúa Zamora de Vigo. Ella atiende al público durante el día; él trabaja de noche en el obrador. «Empiezo a las cuatro de la mañana y termino sobre las dos de la tarde. Como somos autónomos, depende del día», explica. Después de tres décadas con este horario, ambos han llegado a la misma conclusión: «La noche envejece más, cansa mental y físicamente». Por eso, si pudiera elegir, Carlos lo tiene claro: «Preferiría trabajar de día». A ese desgaste se suman fechas especialmente exigentes, como Navidad, Pascua o Reyes, cuando la carga de trabajo se multiplica.

Una enfermera

Los sanitarios son otro de los colectivos acostumbrados a trabajar cuando el resto duerme. Lucía Estévez, enfermera en el Hospital Álvaro Cunqueiro, alterna turnos de día y de noche de 12 horas. «Trabajando de noche vas al revés del mundo: te acuestas cuando la gente se levanta. A veces también complica las relaciones sociales», explica.

El principal peaje, reconoce, es el sueño. «A veces tardo un par de días en volver a tener buenos horarios y dormir lo suficiente antes de regresar a un turno de día», señala. No es un problema aislado: «Muchos compañeros tienen dificultades para dormir».

Una farmacéutica

Las farmacias forman igualmente parte de esa ciudad que permanece despierta. Angélica González, farmacéutica en Vigo, lleva unos tres años haciendo guardias nocturnas, de 22.00 a 9.30 horas. Para ella, trabajar de noche «es diferente». «Durante el día hay mucho más movimiento, pero por la noche el cansancio hace que todo cueste más», explica.

Dormir durante el día tampoco compensa del todo. «Intento descansar, pero no es lo mismo que dormir por la noche», afirma. A ello se suma la dificultad para conciliar la vida familiar, especialmente con dos hijos pequeños. «No siempre puedo dormir las horas que necesitaría», reconoce. Muchas veces necesita «más de un día» para sentirse completamente recuperada. Aunque valora la tranquilidad de determinadas horas de la madrugada, cuando «el ritmo puede ser más relajado», también elegiría el horario diurno si pudiera.

Un taxista

La noche también es terreno habitual para quienes recorren las calles al volante. José, taxista en la zona de Rosalía de Castro, suele trabajar «de diez de la noche a once de la mañana» y conoce bien las diferencias entre conducir de día y hacerlo de madrugada. Para él, el cansancio no es la única dificultad. También pesa la sensación de inseguridad: «De noche la gente no se comporta igual. Yo prefiero trabajar de día siempre».

Un peón de limpieza

Juan Pablo Martins, peón de limpieza viaria en Vigo, comienza su jornada cuando buena parte de la ciudad se prepara para dormir. «Nuestro horario es de once de la noche a siete de la mañana», explica. Antes de salir a la calle, el equipo pasa por la base para recoger las herramientas y conocer la zona asignada.

Tras años encadenando madrugadas, resume el desgaste con una frase contundente: «Para mí, cuatro años trabajando de noche son como tener un año menos de vida». Ha trabajado tanto de día como de noche y tampoco duda al elegir: «Mejor siempre de día».

Trabajar mientras el resto duerme obliga a alterar rutinas, horarios y, en muchos casos, la propia vida social y familiar. Panaderos, sanitarios, farmacéuticos, taxistas o barrenderos coinciden en señalar el cansancio como una constante. Sin embargo, cuando Vigo baja el ritmo, ellos continúan al frente de servicios que no pueden detenerse.

Son quienes mantienen la ciudad en marcha mientras casi nadie los ve. Su jornada empieza cuando otros se acuestan y termina cuando Vigo vuelve a despertar.

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