Alquileres
Propietarios de Vigo sacrifican comedor y salón en pisos compartidos para hacer más habitaciones
Buscan conseguir la mayor rentabilidad posible: hay viviendas que ya tienen doce dormitorios, algunos hasta para tres inquilinos
Este tipo de alojamientos se destinan sobre todo a inmigrantes, estudiantes y trabajadores temporales

Una mujer observa el escaparate de una inmobiliaria en Vigo. / Pedro Mina
Vigo ha importado en los últimos años numerosas tendencias inmobiliarias de grandes ciudades como Madrid o Barcelona, tal y como ha venido informando FARO puntualmente. Desde la venta de pisos con okupas dentro hasta la exigencia de un pago de quinientos euros para poder hacer una oferta por un inmueble, los ejemplos son numerosos. El último fenómeno es la división extrema de las viviendas para tener el mayor número posible de habitaciones y alquilarlas de forma individual. La situación ha llegado hasta tal punto que en Vigo hay propietarios que directamente están sacrificando espacios como el comedor o el salón, es decir, zonas comunes, para habilitar más dormitorios. «En los pisos compartidos, ahora mismo lo habitual es que haya un baño y una cocina. El resto, todo habitaciones. En el espacio en el que había un salón grande, compensa más hacer dos habitaciones», explica Antonio Carballeda, gerente de la inmobiliaria Besthouse, una de las agencias con mayor volumen de negocio en Vigo.
Para entender esto hay varias claves. La primera, que los dueños buscan sacar la mayor rentabilidad posible. Si un piso de cuatro habitaciones en el mercado convencional lo puede alquilar por unos mil euros al mes, alquilando cada una de forma individual pueden sacar mucho más dinero: si cada dormitorio lo pone en el mercado por cuatrocientos euros, ya serían unos 1.600.
Pero los hay mucho más ambiciosos. Y es que existen viviendas en Vigo que cuentan ya con hasta doce dormitorios, arrendando de forma separada cada uno de ellos, por lo que los ingresos son mucho mayores. Algunos apenas tienen diez metros cuadrados, y los que son algo más grandes se destinan incluso a varias personas. Una habitación triple, por ejemplo, se ofrece por unos seiscientos euros, cantidad a pagar entre los tres inquilinos. Es otra vuelta de tuerca más: la precariedad en el acceso a la vivienda ya no provoca que se tenga que compartir piso, sino ya también habitaciones.
Los agentes inmobiliarios intentan vender los beneficios de esta práctica llamándola «coliving», con las ventajas de vivir con otras personas, incluso compartir dormitorio, aunque no se conozcan entre ellas y pese a que pueden llegar a ser dos camas dobles para cuatro inquilinos.
Además, buena parte de los locales comerciales que se están convirtiendo en vivienda se acaban destinando precisamente al alquiler de habitaciones, con características como las ya mencionadas: espacios comunes mínimos más allá del baño y la cocina. El resto, todo dormitorios que se puedan alquilar a diferentes personas.
¿Y quiénes son los inquilinos de todas estas habitaciones? Desde Besthouse explican que en primer lugar la población migrante, especialmente personas procedentes de países como Venezuela o Argentina y que los primeros meses, hasta que consigan un trabajo, no se pueden permitir una vivienda para ellos solos. También precisamente por el hecho de que, los propietarios, a la hora de alquilar una habitación, no exigen tantas garantías económicas como para un piso entero, como los seguros de impago, fianzas de más de un mes o un contrato laboral indefinido. Las habitaciones en pisos compartidos también son alquiladas en gran medida a trabajadores temporales, que están en Vigo una temporada y no les compensa pagar por una vivienda completa, donde además por lo general se exigen estancias mínimas de un año.
Y los dos últimos grupos que más se instalan en pisos compartidos son los miembros de parejas que se separan que, tras irse de casa, necesitan rápidamente un lugar donde dormir durante unas semanas o meses hasta que consiguen un hogar estable. Y, por supuesto, los estudiantes, que viven con otros universitarios en pisos compartidos durante los nueve meses que dura el curso académico y que, por lo general, no consiguen plaza en una residencia.
El bum de este tipo de alojamientos lleva a que haya una oferta de habitaciones como nunca antes en la historia de la ciudad. Y es que hay unas 310 disponibles actualmente para ser alquiladas, en el momento además de mayor demanda, precisamente cuando estudiantes y trabajadores que no son de Vigo buscan un lugar en el que vivir el próximo curso, que arranca ya en menos de un mes. Y los precios abarcan un enorme abanico: solo hay tres por debajo de los 200 euros y los más caros superan los seiscientos. Los más habituales cuestan entre 350 y 450. En la mayoría de casos, incluyen todos los suministros, como las facturas de gas, luz, agua e Internet.
Hace unos años, antes del estallido de la pandemia en 2020, cuando el mercado de la vivienda estaba más o menos estabilizado y no se había vuelto loco, el mercado inmobiliario de Vigo ofrecía pisos de alquiler de una y dos habitaciones por poco más de trescientos euros. Los jóvenes podían emanciparse sin dejarse más de la mitad de su sueldo en una vivienda. Pero ahora la situación ha dado un vuelco. Esos precios ya no existen y es imposible encontrar un apartamento con esas características con un alquiler tan bajo. Es decir, ahora mismo cuesta tanto alquilar una única habitación como hace siete años un piso entero. Es el fiel reflejo de la locura actual para conseguir una vivienda.
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