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Ni fumar, ni mascotas, ni parejas, ni erasmus en los pisos compartidos de Vigo

Los caseros fijan normas muy estrictas a los inquilinos

Dos personas fumando en una calle de Vigo.

Dos personas fumando en una calle de Vigo. / Alba Villar

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Los propietarios de los pisos compartidos son los que determinan la normativa de la convivencia y hay cláusulas para todos los gustos. En muchos casos, son muy estrictas: prohibición de fumar, de mascotas y menores de edad. Son las tres normas que por lo general que tienen que cumplir todos los inquilinos que vivan en habitaciones de pisos compartidos.

Además, en los últimos tiempos se ha extendido una norma que ha dado mucho que hablar. Y es que muchos inquilinos deben pagar un suplemento si quieren compartir habitación con sus parejas. Es decir, el precio por dormitorio es para una única persona, y en caso de ser dos hay que pagar más. Ese suplemento, por lo general, va entre los cien y los trescientos euros al mes en la ciudad. En algunos casos, directamente, se prohíbe la entrada de las parejas.

El abogado baionés David Giráldez explica que la Ley de Arrendamientos Urbanos otorga un amplio margen a la autonomía de las partes a la hora de fijar las condiciones del contrato de alquiler, por lo que una cláusula que prevea un incremento de la renta por la ocupación de la vivienda por una persona adicional no sería, en principio, contraria a la legalidad si se acuerda desde el inicio del contrato. Según señala, la clave reside en que esa condición figure expresamente en el contrato y haya sido aceptada por arrendador e inquilino desde el momento de la firma.

Los estudiantes erasmus tampoco son muy bien vistos por los propietarios a la hora de alquilar habitaciones en pisos compartidos. Es más, buena parte de los caseros de Vigo vetan específicamente a estos universitarios foráneos por la mala fama que les precede, especialmente las fiestas y las molestias al resto de vecinos del edificio. Los propietarios que niegan la entrada a estudiantes que llegan a Vigo becados procedentes de otros países lo reflejan en los propios anuncios: «No aceptamos erasmus».

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