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Vigo, puerto de paso para navegantes de medio mundo

Entre 350 y 400 barcos extranjeros recalan cada año en Vigo. Llegan desde Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Noruega o Dinamarca y convierten durante buena parte del año los pantalanes de la ciudad en un pequeño cruce de caminos náutico

Christoph y su famlia en Vigo, antes de partir hacia las Islas Cíes

Christoph y su famlia en Vigo, antes de partir hacia las Islas Cíes / Jose Lores

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Cada año miles de extranjeros llegan a Vigo, no solo por tierra o por aire, también por mar. No es una llegada masiva y concentrada en unos pocos días, sino un flujo constante que tiene su momento de mayor intensidad entre mayo y septiembre. «Cada año sube, pero en estos últimos años se mantiene una estabilidad, un equilibrio», explica Ignacio Cao, gerente del Real Club Náutico de Vigo.

Las cifras no experimentan grandes cambios. Tampoco el perfil de quienes llegan. Son, en buena medida, navegantes que repiten y otros que llegan recomendados por conocidos que ya han pasado por Vigo. En el mundo de la navegación, cuenta Cao, los propios navegantes se conocen y las recomendaciones funcionan como una de las principales vías de llegada.

La nacionalidad que más se repite es la francesa, seguida de alemanes y británicos, y no muy lejos de los italianos, noruegos o daneses. El puerto está prácticamente lleno todo el año y en los últimos meses ha habido menos disponibilidad de amarres. Aun así, la intención, explica Cao, es intentar recibir a los barcos que solicitan entrada. Algunos tienen que ser rechazados puntualmente por falta de espacio, pero la alternativa no está demasiado lejos: la ría de Vigo cuenta con otros puertos deportivos en Cangas, Moaña, Baiona y otros puntos del entorno.

Distintas rutas, mismo puerto

La mayoría de estos visitantes llegan en familia, pero no existe un único visitante tipo: hay jubilados, parejas, familias con niños y grupos de distintas edades. Esa variedad se refleja también en las razones para elegir Vigo. Para algunos es simplemente una parada dentro de una travesía más larga; para otros, la ciudad forma parte del propio destino.

Es el caso de Antonio Acuña, asturiano que lleva alrededor de tres décadas viviendo en Alemania. Viaja en su barco, «Magic Carpet», junto a su mujer, de origen inglés, y sus tres hijas, nacidas en Alemania. Para ellos Vigo ya no es una escala desconocida. Llevan aproximadamente siete años regresando a la ciudad, normalmente en agosto y coincidiendo con la Regata Rías Baixas, en la cual participan. La familia conoce ya algunos de los atractivos de la ciudad y no duda cuando se les pregunta qué es lo que más les gusta: «las tiendas, la comida, el tiempo...», responden las hijas.

Antonio Acuña y su mujer en el barco en el puerto de Vigo

Antonio Acuña y su mujer en el barco en el puerto de Vigo / Lucas Aguiar

Para otros, en cambio, la ciudad es un mero punto de escala. Christoph, un navegante alemán que ha llegado en su barco «Baringa». Acompañado por su mujer y su hijo, visita Vigo por primera vez. Su estancia será más larga de lo habitual, calcula que permanecerán alrededor de diez días en la zona de Vigo. Su plan es utilizar la ciudad para «coger suministros y abastecernos los 10 días», no tienen planeado visitar la ciudad, «queremos ir a las islas Cíes», explica. La parada forma parte de una travesía más amplia. Después de Galicia, la idea «es continuar hacia el Caribe», comenta.

Vigo también navega

Entre los visitantes extranjeros también están quienes conocen bien la ciudad, pero mantienen una relación diferente con el mar. Carlos Fernández, vigués y navegante desde hace unos 40 años, considera que la presencia de barcos extranjeros en Vigo se mantiene más o menos estable. Su propia relación con la navegación está marcada, sobre todo, por una variable que ningún puerto puede controlar: «depende sobre todo del clima», explica. Para él, el buen tiempo es casi una condición indispensable para disfrutar de un día de navegación, y considera que Vigo es ideal en este aspecto.

Vigo se convierte en una parada dentro de rutas mucho más largas. El puerto mantiene una actividad estable de entre 350 y 400 embarcaciones extranjeras al año. No todos son los mismos barcos, pero sí existe un elemento común: muchos regresan, otros llegan recomendados y casi todos encuentran en Vigo algo más que un lugar donde pasar la noche. Mientras las embarcaciones continúen llegando y la ría siga funcionando como una puerta de entrada a las Rías Baixas, los pantalanes seguirán siendo también un punto de encuentro para familias, viajeros y navegantes de distintas partes de Europa y del mundo.

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