Superación personal
El segundo asalto de Borji Fernández: «Con las drogas vives en una mentira; me estoy empezando a conocer ahora»
Tras 23 años enganchado al consumo, El Padrino encontró en el boxeo una vía para reconstruír su vida y ahora utiliza el deporte para ayudar a jóvenes a alejarse de la calle y afrontar sus propios problemas

Borja, El Padrino, en su gimnasio / Pablo Hernández Gamarra
Borji Fernández, conocido como Borji El Padrino encontró en el boxeo una segunda oportunidad. Hoy dirige su propio equipo de boxeo en Vigo y entrena a jóvenes que buscan en el deporte algo más que aprender a golpear. Pero llegar hasta aquí no fue sencillo. Borja pasó 23 años de su vida enganchado a las drogas y al alcohol. «Desde los 13 años hasta los 36 drogándome. No he tenido ni adolescencia ni adultez. Me estoy empezando a conocer ahora», reconoce.
Su relación con el boxeo comenzó siendo niño, de la mano de un primo y de su tío político, profesor de este deporte. Sin embargo, los problemas familiares hicieron que se alejara del gimnasio. Fue entonces cuando escogió, según sus propias palabras, «la peor opción que se puede elegir»: empezó a beber y a consumir cocaína. Entró en un «bucle de destrucción» del que tardaría años en salir.
Durante el confinamiento, el boxeo volvió a aparecer en su vida. Su ahijado Adán, varias veces campeón de España, fue quien le hizo abrir los ojos. «Padrino, te veo gordo, te veo mal, feo, siempre estás borracho», recuerda que le dijo. Borji comenzó a entrenar con él y, aunque todavía seguía consumiendo, el deporte empezó a ocupar poco a poco el espacio que antes tenían las drogas.
Pero una ruptura familiar provocó una nueva caída. Se quedó sin gimnasio, sin deporte y, como él mismo cuenta, «sin las personas que yo pensé que me querían y me apoyaban». Volvió al alcohol y a las drogas «peor que nunca». Hasta que llegó el 13 de septiembre de 2024. «Hasta aquí hemos llegado», se dijo. Aquella noche, después de asistir a un concierto de su artista favorito, rompió a llorar y llamó a su madre. Al día siguiente ingresó en un centro de desintoxicación y comenzó un proceso de terapia.
Desde entonces, Borji asegura no haber vuelto a consumir alcohol ni drogas. Ese mismo año comenzó también una nueva etapa ligada al boxeo. Con la ayuda de Álex, propietario del gimnasio Body and Mind, puso en marcha su propio equipo. Lo que comenzó en unas instalaciones pequeñas ha ido creciendo hasta participar en campeonatos internacionales y conseguir medallas a nivel gallego.
Una lesión de menisco le obligó recientemente a apartarse temporalmente de las clases. Durante su recuperación, sus compañeros Emmanuel «El Yuma» Hernández y Marina «La Neuronita» Vázquez se hicieron cargo del gimnasio. Mientras tanto, Borja siguió trabajando para consolidar un proyecto que entiende como algo más que un club deportivo.

Foto de familia de Boxeo El Padrino / Pablo Hernández Gamarra / FDV
«En mi gimnasio todo el que tenga algún problema, todo el que necesite ayuda y quiera venir a aprender boxeo y a salir de la calle, está bienvenido», explica. Su propia experiencia condiciona la forma en la que entiende la enseñanza. Para él, entrenar no consiste únicamente en aprender a lanzar un golpe. «Que se preparen para la vida. La vida es muy dura, la vida ya te da golpes de por sí, como para que tú por encima te metas en problemas», destaca.
Dice haber visto cómo el boxeo ha cambiado a muchos de sus alumnos. Entre ellos menciona a varios jóvenes que han pasado de estar en la calle a competir y ganar campeonatos. Algunos ya han conseguido oros en Portugal y otros aspiran a representar a Galicia. Pero cuando le preguntan por el caso que más le ha marcado: «A mí el primero», no duda.
Borji nunca llegó a competir sobre un ring. Esa es una de las espinas que todavía conserva. Sin embargo, ahora encuentra otra forma de ganar combates: ayudando a otros a no recorrer el camino que él recorrió. A los adolescentes que consumen drogas les lanza un mensaje contundente: «Están viviendo una mentira». Para él, consumir supone evadirse de un problema que, al día siguiente, continúa ahí y normalmente es aún mayor. «Lo mejor es pedir ayuda y salir de ahí. Y si no, ni probarlas», resume.
En este camino, Borji tampoco olvida a quienes estuvieron a su lado cuando muchos daban por imposible su recuperación. Su madre, su hermano Rubén, sus primos Aida, André y Brais, su ahijado Adán y su mejor amigo Josué fueron, según cuenta, fundamentales para que pudiera salir adelante. «Nadie confiaba en que yo fuera a salir de la droga y que montara esto, porque uno no era lo suficientemente bueno para esto. Ellos, desde el primer momento, se pusieron de mi lado», explica. Ahora, Borja reconoce que gran parte de lo que ha conseguido se lo debe a quienes nunca dejaron de decirle que podía hacerlo: «Ellos han sido los que me han dicho: ‘Tú puedes’», recuerda.
Ahora, cada entrenamiento es también una forma de demostrar que sí se podía. Borji pasó años intentando escapar de sus problemas y hoy intenta enseñar a otros a enfrentarse a ellos. Su mayor victoria, probablemente, no está en ninguna medalla, está en haber vuelto a empezar.
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