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Romería

Ni una alerta roja por calor frena la devoción a San Roque: más de 16.000 personas disfrutan de la fiesta patronal

Sea por motivos religiosos o por cumplir con la tradición festiva, el pazo se llenó de vecinos que comieron, bailaron y fueron a misa

La procesión de San Roque, por todo lo alto

Marta G. Brea

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Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo está atravesando un episodio de calor potente, con una alerta roja incluida. El sol no tardó en empezar a calentar y lo hacía con ventaja porque la noche fue tropical, a más de 20 grados. Sobre las 12.00 del mediodía el asfalto ya quemaba y aun así nada impedía que siguiese entrando gente en el pazo de San Roque. Era un plan prioritario. Desde la primera misa, a las 8.00 horas de la mañana, el recinto de la calle Filipinas se convertía en el epicentro de las fiestas patronales de la ciudad. Para algunos de gran valor religioso, otros porque encuentran alegría en cumplir tradiciones y unos cuantos acuden por la fiesta, su verdadera fe.

El ambiente era variado, familiar, con mayores que llevan toda la vida yendo, pero también de jóvenes que acaban de apuntarse. Aunque hubo otras previas, la misa mayor se celebró a las 12.00 horas. La parte musical corrió a cargo de la Coral Riomao. Tras ello salieron en una emotiva procesión con el santo protagonista, que iba alzado y respaldado por la devoción de los vecinos. Mientras tanto, el pazo de San Roque, una construcción señorial propiedad de Abanca, se iba llenando de gente. Este recinto tomó forma recién estrenado el siglo XVII. Años antes la ciudad había sufrido una grave epidemia de peste en la que murieron cerca de 2.000 personas. Cuando remitió, los vecinos atribuyeron el «milagro» a San Roque y decidieron levantar una capilla en su honor en los terrenos donde hoy se celebra la romería.

A las 13.00 comenzaron a sonar los instrumentos de la Banda Escola de Música de Beade, aportando sonido al decorado. Cualquiera diría que allí se estaba rodando una película de José Luis Cuerda. Entre el caos festivo, la charanga Costakmekrelos calentaba motores bajo la sombra de un muro y sin mucha dilación ya animaban la finca. Las mesas bajo las carpas estaban a rebosar y las parrillas con churrasco, chorizos y sardinas iban «a todo tren». Otros hacían hambre en la cola para entrar en la capilla, donde una figura de San Roque se imponía sobre una caja para las limosnas.

La presidenta de la hermandad organizadora, Ana Caride, apuntaba que habrían entrado unas 16.000 personas, aunque la afluencia estaba siendo alta y seguramente la cifra se quedase corta. Los 30 voluntarios andaban de un lado para otro, ayudando en barra y donde podían. «La mayoría de los que estamos aquí crecimos en San Roque, intentamos que se mantenga la armonía, la familia y la unión», decía. Cuenta que muchos asistentes recordaban ir desde niños con sus padres y abuelos: «Es algo que demuestra que es la festividad más importante para la ciudad, se nota y eso que hoy es día de playa».

El colofón final es la actuación de Tenesse a las 00.30 horas, aunque antes de pudo bailar con Son das Tabernas y El Último Guateque.

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