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Eclipse

El mejor atardecer del mundo cambió de color por un día

Con el mirador principal cerrado, la ladera de O Castro se llenó a medida que avanzaba la tarde y la sombra de la Luna comenzaba a recortar el disco solar

Así se vivió el eclipse en el monte de O Castro, en Vigo

Marta G. Brea

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El Monte do Castro atardeció con miles de personas expectantes por el fenómeno. Para la sorpresa de muchos visitantes el portón que daba acceso al mirador principal estaba cerrado, la alternativa fue situarse en la ladera del monte la cual se llenó a medida que avanzaba la tarde. Muchos de los asistentes notaron un ambiente distinto en la ciudad: «Hoy en la playa había menos gente, las calles también estaban más vacías, la gente se ha movilizado para verlo», resaltó Javier Fernández.

Para muchas familias, la cita astronómica exigió semanas de planificación logística e incluso desplazamientos internacionales. «Mi hermano vive en Inglaterra y vino de Inglaterra a España únicamente para verlo, ya hace un mes que lo estábamos preparando», explicaba Fabiana Olivera, una argentina afincada en Vigo. Entre todas las ubicaciones para ver el eclipse, Fabiana lo tuvo claro: «Desde que llegué a Vigo por primera vez, el primer atardecer que vi lo vi acá y es el mejor atardecer, así que elegí verlo acá».

El fenómeno también sorprendió a Alex Gómez y Rocío Pérez, provenientes de Madrid y Valencia, que aprovecharon sus vacaciones en Vigo para ver eclipse casi al completo, «todo a nuestro alrededor cambió, los verdes se ensalzaban y los rojos se apagaban. Al final ha sido como todo más apagado» Álex también destaca la reacción de la naturaleza ante la oscuridad, «me ha llamado la atención los animales: ha dejado de haber aves y pájaros de un momento a otro. Había un montón esta tarde y de repente ya ni uno, el viento se amainó».

En lo más alto de la ladera estaba Alberto Davila que se quedó fascinado con los matices visuales: «Se quedó un tipo de penumbra de película. Les estaba diciendo que en cuanto se haga el eclipse van a empezar a salir naves», confiesa entre risas.

Con el sol devolviendo progresivamente la luz habitual a las piedras del castillo, O Castro se vació tras haber presenciado una tarde memorable.

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