Memoria de la ciudad
Vigo, antes y ahora en la pantalla del móvil
La memoria de Vigo también se conserva en Instagram. Elena Pérez creó hace cuatro años @vigopresentandpast, una cuenta en la que compara imágenes antiguas de la ciudad con fotografías actuales tomadas desde el mismo punto. Lo que empezó como un pasatiempo familiar se ha convertido en un archivo vivo sobre la transformación urbana, los lugares perdidos y la historia cotidiana de la urbe olívica

Alba Villar
La memoria de Vigo se hereda. A veces llega en forma de relatos transmitidos de boca en boca. Otras, se activa al deslizar el dedo por la pantalla de un teléfono móvil. El objetivo inicial era tan simple como ambicioso: localizar imágenes antiguas de la ciudad, acudir al punto exacto desde el que se colocó el fotógrafo original y disparar una réplica a todo color para evidenciar la transformación del paisaje urbano. Después, el reto se completa con una pequeña crónica de cada rincón, una explicación histórica que permite entender qué hubo allí y qué queda hoy.
Así nació @vigopresentandpast, una cuenta de Instagram creada hace cuatro años por Elena Pérez, una viguesa apasionada por la historia y la tradición local que, animada por su hijo Pablo, se lanzó a las redes sociales para recopilar el pasado olívico y contrastarlo con el presente.
La querencia familiar por Vigo, inculcada por su madre, originaria del Casco Vello, fue el verdadero motor de la iniciativa. «Siempre me contó muchas cosas sobre rincones, edificios y personas de Vigo», rememora Elena, que inicialmente concibió el perfil como un pasatiempo para aprender, disfrutar y construir un archivo personal. La primera parada de este viaje temporal no pudo ser otra que su propio barrio de origen: O Areal. «Concretamente compartí el convento de doña Inés Pérez de Ceta. Años después, allí aparecieron muchos restos romanos y castrexos que seguí con gran interés», cuenta con nostalgia.
Cada hallazgo la impulsa a seguir indagando en el pasado. Busca en periódicos, museos, redes sociales y, más recientemente, en libros de la biblioteca de Nigrán y en el prestigioso Archivo Pacheco. A este último recurrió movida por un encargo familiar muy especial: localizar la antigua sastrería Mastache, en la calle Príncipe. «Un pariente me dijo: «Tú que buscas tanto y sabes dónde podían estar las cosas, me encantaría». No era tarea fácil, pero la encontré», relata con satisfacción.
El reto de plasmar el pasado
Si al principio el pilar de @vigopresentandpast era el encaje visual, el proyecto ha ido ganando madurez con el paso del tiempo. «Antes, clavar el encuadre me parecía lo más importante: coger exactamente esa esquina o conseguir que el edificio estuviera en el mismo punto. Ahora le doy la misma importancia a la información histórica que acompaña a la foto», matiza Elena.
Ese trabajo de campo se topa a menudo con los obstáculos propios de una ciudad en constante transformación: calles valladas, nuevas construcciones, propiedades privadas o perspectivas imposibles de recuperar. No siempre se puede disparar desde el mismo lugar. A veces, la ciudad que aparece en la imagen antigua ya no existe o ha quedado oculta bajo otra capa urbana.
Al analizar qué rincones han sufrido una mayor metamorfosis, Elena lo tiene claro: el mar. «Lo que más me ha impresionado es ver la evolución de la ría, justo debajo de las columnas del Real Club Náutico, cuando llegaban prácticamente al agua y daban la sensación de estar navegando en un barco. Eso cambió muchísimo con el relleno», detalla la creadora de la cuenta.
Para ella, una de las grandes pérdidas del urbanismo vigués es el rastro borrado del transporte histórico. «Se ha perdido por completo el recorrido del tranvía por Vigo, el que iba desde Florida hasta Baiona, Gondomar o Porriño. Hoy no queda ni una sola vía a la vista en la ciudad, a diferencia de Nigrán o Sabarís. Hemos perdido los apeaderos, las estaciones e incluso los nombres de los lugares», lamenta. También echa de menos el jardín japonés de la Praza da Estrela o el tramo final del río Lagares, hoy ocupado por pistas deportivas.
Un foro para todos
Lejos de convertirse en una confrontación contra las administraciones, el perfil creado por Elena se ha consolidado como un pequeño foro de memoria compartida. «Es una cuenta donde la gente sabe opinar con un encanto tremendo. Me escriben por privado personas de fuera o de otros países que añoran los lugares de sus abuelos, sobre todo del Casco Vello, o que recuerdan con nostalgia el paso del tranvía», explica. Mientras los mayores aportan sus vivencias, el público más joven «valora y flipa con los cambios».
Sin buscar ningún rédito económico, Elena concibe @vigopresentandpast como una herramienta para sacudirse complejos históricos. «Quiero dar difusión a Vigo no como una ciudad puramente turística, sino con historia, porque existe el complejo de que Vigo no tiene pasado frente a otras urbes gallegas. Y tiene muchísima historia», defiende.
Una parte de esa historia que lamenta especialmente haber perdido es la de la antigua estación del tranvía de Canido, para la que propone un proyecto ambicioso. «Sería fantástico que el Concello la arreglase y se aprovechase el espacio como un Museo del Tranvía. No hay nada igual en toda España y estamos a tiempo de que lo vean antiguos usuarios y trabajadores. Seguro que la gente donaría muchísimos elementos», explica Elena, que ya ha formalizado la petición a través de la aplicación municipal.
En cada publicación, @vigopresentandpast demuestra que Vigo no solo cambia: también recuerda. Sus fotos antiguas y actuales permiten mirar la ciudad como un palimpsesto, con capas que se borran, se transforman o sobreviven bajo la superficie. Y en ese ejercicio aparentemente sencillo —buscar una imagen, pisar el mismo lugar y volver a disparar— late una idea poderosa: la historia de Vigo sigue ahí, esperando a que alguien vuelva a enfocarla.
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