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Movilidad

Caos en el bus Vigo-Baiona con 30 personas viajando de pie: «Esto parece el tercer mundo»

Pasajeros que incluso se sientan en las escaleras de entrada y otros que se quedan tirados en las paradas

Usuarios denuncian incumplimiento de horarios

Pasajeros embarcan en el bus Vigo-Baiona.

Pasajeros embarcan en el bus Vigo-Baiona. / Pablo Hernández Gamarra

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El autobús entre Vigo y Baiona se ha convertido en un auténtico caos este verano. En las frecuencias con mayor demanda, en las horas punta del día, el autocar va tan lleno que unas treinta personas tienen que ir de pie porque todos los asientos están ocupados. La situación ha llegado hasta tal punto que van pasajeros incluso sentados en las escaleras de entrada.

¿Y cómo se ha llegado a esto? Pues coinciden varias circunstancias. En primer lugar, que en verano la demanda de estos servicios es mucho mayor por la cantidad de gente de Vigo que se desplaza a las playas del Val Miñor, especialmente las de Nigrán (Patos, Playa América...). Todos ellos coinciden con las personas que trabajan en Vigo y vuelven a sus domicilios en Nigrán, Baiona, Gondomar o A Guarda, la última parada de estos trayectos. Y a ello se suman los peregrinos que realizan el Camino por la Costa que utilizan este bus.

Los pasajeros están completamente indignados. «Esto parece el tercer mundo, vamos completamente hacinados como en una lata de sardinas. ¿Cómo es posible que suceda esto?», se pregunta indignada Patricia, una vecina de Baiona que no tiene coche y utiliza el bus a diario para ir a trabajar a Vigo y volver por la tarde a su casa.

Este colapso absoluto de los autobuses entre Vigo y el Val Miñor tiene numerosas consecuencias. La principal, que los conductores se ven obligados a dejar a personas en tierra, teniendo que esperar en las paradas al siguiente bus y que, con suerte, no vaya tan lleno. Los pasajeros, además, denuncian constantes incumplimientos de los horarios, lo que les lleva a llegar tarde a sus puestos de trabajo o a tener que estar mucho tiempo esperando en las paradas. El problema viene cuando es el último autobús del día. El conductor debe decidir si dejar en tierra a un pasajero en caso de que el autocar vaya completo o que suba superando la capacidad máxima permitida.

Al ir tan hacinados, los usuarios claman por el calor que sufren y por el hecho de que, un frenazo o un movimiento inesperado del autocar pueda provocar una auténtica desgracia. Ya ni hablar de un posible accidente. «Es un auténtico peligro», clama otro pasajero de Nigrán que viene a diario a trabajar a la ciudad olívica en autobús.

Lo cierto es que la imagen que se vive en esos trayectos parece de otra época. Gente apilada en los pasillos y agarrándose a lo que pueden para evitar caerse teniendo en cuenta además que el trayecto está plagado de curvas. En estos autobuses interurbanos, la Xunta establece en 27 el máximo de viajeros que pueden ir de pie, siempre que el autocar no supere los 80 kilómetros por hora de velocidad. Los pasajeros advierten que hay días que se supera la treintena de personas que no tienen asiento.

Fin de la concesión y huelga

La Dirección Xeral de Mobilidade de la Xunta, es consciente de esta situación y por eso decidió el año pasado rescindir la concesión que permitía a Lugove prestar el servicio de autobús en estas comarcas, pese a que el contrato todavía tenía por delante alrededor de cinco años de vigencia.

La compañía continúa, no obstante, al frente de las rutas mientras la administración autonómica completa el proceso de adjudicación del nuevo contrato. La decisión de la Xunta responde a las numerosas deficiencias detectadas en el funcionamiento del servicio y a las reiteradas quejas de los usuarios.

Por si todo esto no fuese suficiente, los trabajadores advierten de «incumprimentos laborais, deficiencias organizativas e problemas que afectan directamente ás condicións de traballo e á seguridade do servizo», denuncian desde la representación de la CIG en el Grupo Subus (Lugove), que ha convocado tres jornadas una huelga del personal de los autobuses que conectan las comarcas de Val Miñor y Baixo Miño con Vigo. El primero ya se produjo, el pasado viernes, y los dos siguientes, 14 y 28 de agosto. Los trabajadores llevarán sus protestas la estación de buses de la ciudad olívica.

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