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O MARISQUIÑO

Varo y Dasha, maestro y aprendiz

De aprender trucos en la calle a guiar a las nuevas generaciones, Varo Hernández entrenador de Dasha Rabanete, una joven promesa que debutó en Vigo para romper la brecha de género en la disciplina

Varo Hernández y Dasha Rabanete

Varo Hernández y Dasha Rabanete / Jon Zabala

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La historia de Varo Hernández (31 años) y de Dasha Rabanete (18 años) es el reflejo vivo de la transformación del BMX Flatland en España, de una disciplina casi contracultural que se aprendía a golpes en las plazas a un deporte de élite con metodologías de entrenamiento profesionalizadas. Ambos llegaron a la pista de O Marisquiño para competir en sus respectivas categorías y, al mismo tiempo, demostrar la complicidad de una alianza en la que Varo ejerce de entrenador y mentor de Dasha sobre el asfalto de Samil.

Los inicios de Varo se remontan a hace casi dos décadas en Madrid. «Empecé como empezábamos todos antes: en la calle, sin pensar en nada competitivo ni en que esto fuera ni siquiera un deporte; era más un modo de vida, algo casi contracultural», recuerda sobre sus tardes en la Plaza de Colón aprendiendo trucos junto a los mayores tras descubrir el Flatland a través de un vídeo de Youtube "era como hacer breakdance sobre la bici". De Colón pasó a viajar por todo el mundo, consolidando una trayectoria que este año le ha llevado a ocupar el segundo puesto del ranking mundial.

El gusanillo que nació en O Marisquiño

El camino de Dasha arrancó de forma muy distinta, precisamente en las pistas de O Marisquiño hace cuatro años. Su padre Toni, leyenda del flatland en el festival, ejercía como juez en el festival vigués cuando la joven, con solo 14 años, notó una ausencia evidente en la competición: no había mujeres en la lista de participantes de Flatland.

«Le pregunté a mi padre por qué y me dijo que porque en España no había chicas practicándolo. Así que dije que me gustaría empezar solo por probar», relata Dasha. Lo que en su entorno pensaban que sería una afición pasajera se convirtió en una progresión meteórica: solo un año después de subir por primera vez a la bicicleta, ya estaba compitiendo sobre el asfalto vigués. Su ejemplo ha servido de catalizador para atraer en ediciones posteriores a competidoras internacionales llegadas de Francia, Hungría o Japón.

Un maestro como regalo de cumpleaños

A medida que el Flatland ganaba en exigencia, Varo impulsó una escuela en Madrid y un programa de coaching enfocado a ayudar a aquellos deportistas que buscaban dar el salto al profesionalismo pero no sabían cómo estructurar su progresión. Conocedor del entorno de Dasha, la propuesta de convertirse en su mentor oficial llegó a manos de la barcelonesa en una fecha especial: «Me lo propusieron el día de mi cumpleaños, como si fuera un regalo. Sentía que con él podría mejorar y, en cuestión de pocos meses, ya empecé a sacar trucos nuevos».

A pesar de la relación técnica y del respeto mutuo que se profesan en la pista, ambos tienen claro el enfoque con el que afrontan cada cita del circuito: «En las competiciones oficiales estamos separados por género y nunca hemos competido el uno contra el otro. Pero aunque pasara, esto es siempre una competición contra uno mismo. Si tú lo das todo y el otro gana, no hay reproches, al final el mayor reto es la superación personal».

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