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O MARISQUIÑO

Quién dijo que son pequeños

De la escuela a las rampas, Mateo y Leo Miranda, los hermanos skaters de 9 y 8 años que asombran en la categoría Open de O Marisquiño

Los jóvenes skaters Leo y Marteo junto a sus padres Pablo y Miriam

Los jóvenes skaters Leo y Marteo junto a sus padres Pablo y Miriam / Pablo Hernández Gamarra

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Tras las jornadas de niños y la jornada clasificatoria del viernes, el sábado suele ser el día de los profesionales, entre ellos se ha colado Mateo Miranda un joven coruñés que con apenas 9 años se ha colado entre los semifinalistas de skate tras una actuación sin fallos en la ronda de cuartos. En las pistas de O Marisquiño la gravedad no entiende de edades, quien diría que en uno de los eventos más grandes de skate se iba a colar en semifinales un niño de apenas nueve años compitiendo contra riders de la edad de sus padres.

El prodigio de la tabla se llama Mateo Miranda, es de A Coruña y no vino solo a O Marisquiño. A su lado, su hermano Leo, de ocho años, aunque ligeramente más alto y corpulento, pero un año y medio más joven, comparte la misma pasión frenética por las cuatro ruedas y el asfalto. Ambos forman la punta de lanza de una saga familiar impulsada por Pablo, el padre de la familia, que fue el primer referente sobre la tabla que tuvieron los hermanos Miranda.

Colegio a distancia

Compaginar el circuito de torneos con los estudios no es tarea sencilla, pero la familia cuenta con un fuerte respaldo escolar en A Coruña. Al estudiar en el colegio Santa María del Mar y contar con el apoyo de su madre y profesora, Miriam, los pequeños se llevan los deberes a la ruta cuando se ausentan de las aulas. «Estamos muy agradecidos con el colegio porque siempre han entendido fenomenal y nos mandan tareas para que sigan el ritmo escolar durante el curso mientras compiten por el resto de España» explica Miriam.

Una «base de operaciones» sobre ruedas

Detrás del talento precoz de Mateo y Leo hay una logística familiar pulida a base de kilómetros y carreteras. Sus padres, Pablo Miranda y Miriam Sedes, decidieron hace dos veranos dar un paso al frente para apoyar el gusanillo que Pablo, skater desde los 12 años, inculcó en la casa. Una pasión que transmitió a sus hijos desde casi antes de que empezasen la etapa escolar y confiesa que «no sé hasta qué punto fue impuesta».

«Compramos una autocaravana para usarla como base de operaciones. Nos movemos por toda la península, hemos tocado el sur de Francia y parte de Portugal buscando eventos y haciendo amigos allá donde vamos», relata Pablo con orgullo tras haber vivido una ronda impecable de su hijo en el la competición.

El desparpajo de los hermanos Miranda no es casualidad, surge del entrenamiento semanal en la cantera coruñesa. Se forman en escuelas de referencia como Maroña Indoor, North Side y también el apoyo del skater coruñés Luis Cabarcos, además de contar con el respaldo de firmas como Vazva y su promotor Óscar Vales.

En cuanto a sus referentes, la respuesta de los pequeños al pie de la pista refleja el fuerte sentimiento de comunidad del skate gallego. ¿Sus grandes ídolos? Los Miranda no dudaron en mencionar a su referente y mentor Luis Cabarcos, un skater coruñés subcampeón de España de street con quien comparten entrenamientos semanales.

Éxito entre los más grandes

A pesar de ser los benjamines del campeonato, la exigencia de la categoría Open no amedrenta a la familia. En la modalidad de street, Mateo logró un meritorio 22º puesto, para posteriormente dar la campanada en la rampa metiéndose en semifinales entre los seis mejores sin cometer un solo fallo en sus rondas.

«Semifinal con nueve años en O Marisquiño ya es algo increíble, estamos como locos de contentos. No queremos ponerle límites ni expectativas, llegaremos hasta donde se llegue», apunta Pablo.

Más allá de los resultados técnicos, la familia destaca la calidez con la que la organización de O Marisquiño y el resto de la comunidad urbana acoge a los más pequeños. Una cultura deportiva caracterizada por ser intrínsecamente «familiar e inclusiva», donde hasta la propia madre, que al principio veía las vacaciones en skatepark con cierta distancia, reconoce estar disfrutando como la que más: «Nos sentimos supercuidados. Al final te relacionas con otras familias, la gente apoya muchísimo a los niños y terminas contagiándote de esta atmósfera única, yo ya hice piña con las otras madres», confiesa Miriam entre risas.

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