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Festival urbano

Vigo, cuesta abajo y sin frenos en O Marisquiño

Adrien Loron repitió victoria con un tiempo de 02:07,013, mientras que en la categoría femenina la chilena, Fernanda Gildemeister dió la sorpresa y venció a la benaventana —y campeona de las pasadas 3 ediciones— Sara Yusto. Con un tiempo de 02.25,693, la chilena alzó los brazos al cielo en el puerto de vigo por primera vez en su carrera.

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Este sábado, el descenso de O Marisquiño convirtió de nuevo el casco urbano en una pista en la que los riders tuvieron que combinar velocidad, técnica y precisión para completar un recorrido que presentó algunas novedades respecto a la pasada edición. Entre los favoritos partían los ganadores de 2025, Adrien Loron y Sara Yusto, que defendían sus títulos. El francés tenía como principal rival al gallego Marco Veiga, mientras que en categoría femenina destacaba la presencia de la chilena Fernanda Gildemeister, campeona nacional en 2024 y con experiencia en la Copa del Mundo UCI.

Para Sara Yusto, el circuito «ha mejorado bastante» respecto al año pasado. «Sigue técnico, sigue para el espectáculo, que es lo que quieren, pero no está tan peligroso», explicó Yusto. Uno de los principales cambios se encontraba en la parte superior del recorrido, donde las modificaciones obligaban a los participantes a afrontar más curvas y a pedalear más para recuperar velocidad. «Sales más lento de los sitios», señaló. También, valoró que el recorrido fuese ahora más largo. «Me gusta más que el año pasado», resumió.

Lo que no cambió fue la capacidad del descenso para atraer espectadores. Yusto se mostró sorprendida por la cantidad de gente que ya había desde primera hora. «Desde las ocho de la mañana había gente, era una pasada», contó.

Un clásico para los aficionados

Entre los espectadores se encontraban también muchos veteranos de O Marisquiño. Era el caso de Dávid Álvarez, que llevaba más de una década acudiendo al festival. «Yo llevo desde hace más de 10 años», explicó. Para él, la jornada del domingo solía ser la que concentraba una mayor afluencia, aunque consideraba que el descenso mantenía su capacidad para reunir público.

El aficionado valoró el ambiente que se genera durante el festival, aunque reconoció que el hecho de que el descenso se mantenga en el centro mientras buena parte de las actividades se concentra en Samil «fastidia un poquillo» por los desplazamientos. Él, eso sí, lo tiene fácil: se mueve en bicicleta.

El descenso también sirvió para atraer a nuevos aficionados a las dos ruedas. Jacobo Comesaña llegó con especial interés, «hace poco me compré una bicicleta de enduro, entonces ahora me entró el gusanillo de ver cómo baja esta gente», explicó.

La longitud del recorrido hacía que el público se repartiese por diferentes puntos, aunque para Comesaña la respuesta estaba siendo más que suficiente. «Estará la gente más esparcida. Pero muy bien, muy guay», señaló. Con cerca de un centenar de participantes, el espectáculo estaba asegurado.

También Martín Allen Rodríguez llegó desde el comienzo de la competición. No era su primera visita al descenso y este año tenía, además, una motivación especial: entre los participantes competía un compañero de su clase. Las primeras bajadas apenas habían comenzado, y su impresión era clara: «Bajan bastante rápido». Sobre la presencia de público, tampoco tenía dudas. «Veo bastante gente. Y mucha gente animando», aseguró Martín sobre el ambiente que se vivía alrededor del circuito.

La sensación de que el descenso iba ganando intensidad con el paso de las horas también estaba presente entre los espectadores. Víctor Fernández, que había acudido por la mañana y regresó después, apuntaba que todavía quedaba margen para que aumentase el espectáculo. «De momento la gente aún no baja muy de prisa, pero bueno, esperemos que según va transcurriendo un poco el día la gente se anime más y empiece a bajar más fuerte», explicó.

Para Alejandro López y María Cortiñas, la jornada suponía su primera experiencia con el descenso de O Marisquiño. Llevan varios años en Vigo, pero nunca habían acudido a esta prueba y era su primera impresión. «En principio, el ambiente», destacaron. El principal inconveniente, sin embargo, era que «está muy separado todo». Aun así, consideraron que la propuesta era «bastante buena» y que este tipo de iniciativas resultaban positivas para la ciudad

Así se vive el vertiginoso descenso al Casco Vello de Vigo en O Marisquiño 2026

R. V.

El recorrido urbano volvió así a ser uno de los grandes atractivos de O Marisquiño. Durante horas, las calles del centro se llenaron de bicicletas, saltos, curvas y gritos de los aficionados, que siguieron cada bajada desde los diferentes puntos habilitados. La competición mantuvo además ese componente de cercanía que caracteriza al descenso: los riders pasan a escasos metros del público y convierten las calles de Vigo en una grada improvisada.

Una imagen que volvió a dejar claro por qué esta prueba se ha convertido en una de las citas más reconocibles del festival. Entre la velocidad y la dificultad técnica del recorrido, el descenso volvió a llevar O Marisquiño al corazón de la ciudad y a reunir a aficionados de todas las edades alrededor de las dos ruedas.

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