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Fenómeno astronómico

Vigo vivió otro eclipse de Sol en 1912: coincidió con el hundimiento del Titanic y fueron todos los escolares a verlo para recibir una clase de astronomía

FARO recogió durante cuatro días las distintas impresiones que causó el fenómeno en la ciudad, que sobre todo se desplazó a O Castro para contemplarlo

La crónica del eclipse, el 18 de abril de 1912

La crónica del eclipse, el 18 de abril de 1912 / FDV

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Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo

Era abril de 1912 y se acababa de hundir el Titanic. Las noticias llegaban a través de telegramas a cuentagotas a la redacción, que entonces estaba en el centro de Vigo. «Las víctimas del naufragio ascienden a 1.325 y entre pasajeros y tripulantes se han salvado 878 personas», comenzaban las informaciones. «En el momento del choque, murieron ocho pasajeros. Otros, enloquecidos por el terror, se arrojaron al mar donde perecieron ahogados», continuaba.

Sobre el papel, a pocos centímetros (antes las páginas eran formato sábana y no se incluían imágenes), podía leerse que un eclipse estaba a punto de visualizarse en la ciudad. «Se verifica hoy uno de esos fenómenos que en otros tiempos eran causa de espanto y terror para la mayoría de los mortales», apuntaba el periodista de la época. A continuación citaba una serie de momentos históricos en los que estos episodios causaron pavor, llegando incluso a paralizar guerras. Concluía diciendo que en 1912 no provocaban tales emociones, sino que servían solo para «estudios muy interesantes por parte de los sabios, o para curiosidad del vulgo».

El episodio astronómico ocurriría el día 17 y la tragedia marítima trascendía el 16, pero un fallo en los telégrafos obligó a publicar al mismo tiempo ambos episodios el 18 de abril. Un error que también salía publicado con indignación por parte de los editores.

Entonces era Ourense la provincia «agraciada», desde la que se vería el 100%. Y como pasa hoy, ya había «forasteros» que llegaban a aquí, que somos vecinos, para lograr un transporte a Verín o divisarlo desde nuestros lindes. Los aspectos técnicos eran similares. FARO explicaba que la duración sería de dos horas y 50 minutos, en horario matutino.

Muchos niños y desde O Castro

El día del fenómeno, FARO tuvo a un periodista midiendo la temperatura a cada hora y constató como se reducía al tiempo que el cielo se iba cubriendo. ¿Eran fidedignas las mediciones? A juzgar por el lector: el susodicho escribió que a las 10.24 horas, cuando empezó, el termómetro marcaba 27 grados. A las once había descendido a los 26,4 y en el momento supremo el mercurio marcaba 20. Cinco minutos después, 19, y a las doce se había vuelto a elevar a 20. Al terminar Vigo ya estaba a 22,8 y alrededor de las 14.00 horas se establecían 24 grados.

Como ocurrirá también en los tiempos presentes, realizaron una crónica del momento, describiendo como el cielo pasaba a bañarse de color gris amarillento. «En ese momento aparecieron en la bóveda celeste, completamente despejada, tres planetas perfectamente visibles, Mercurio al oeste y próximo al sol, Venus. Además de Saturno, más lejos», señalaban.

A verlo fueron miles de personas. No tenían las gafas que hay hoy, pero empleaban vidrios oscuros y otros artefactos. Las gentes se posicionaron en diferentes zonas altas de la ciudad, sobre todo en O Castro, donde adultos y niños -interrumpiendo su jornada escolar- observaban el cielo. «Los niños de varios colegios acudieron con sus profesores aprovechando el momento para recibir una clase astronomía», indicaban.

Además, recogieron cómo en la ciudad, que entonces era más rural, los gallos cantaron cuando se destapó el sol de nuevo.

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