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Coleccionismo retro

«Western is not dead»: un quiosco de O Calvario funciona de punto de intercambio de novelas de vaqueros de los años 50

María García y Andrea Fernández, madre e hija, tienen desde junio el quiosco con administración de lotería Fortuna Arean, en la peatonal de O Calvario. Cuando cogieron el negocio decidieron mantener una tradición iniciada décadas atrás por los anteriores dueños: el intercambio o alquiler de libros de vaqueros. Son pequeñas novelas que comenzaron a publicarse en los 40 y que atesoran seguidores de todas las edades

El quisco y administración de Lotería en el que se alquilan o intercambian libros de vaqueros. A la izquierda, la dueña, María García.

El quisco y administración de Lotería en el que se alquilan o intercambian libros de vaqueros. A la izquierda, la dueña, María García. / Pablo Hernández Gamarra

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Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo

Allá por los años 50 el western era uno de los géneros más populares de Hollywood. Las películas de vaqueros que llegaban a España causaban sensación, algunas incluso se rodaban aquí. No había plataformas con extensos catálogos como ahora, por lo que había que buscar alternativas para seguir imaginando que uno formaba parte de ese lugar simbólico, el salvaje oeste. Las colecciones de novelas Estefanía o Bianca eran una de esas salvaguardas. Por pocas pesetas uno podía adentrarse en aventuras como Justiciero misterioso, Leyes de plomo o Matanza en la reserva.

El género cayó un poco en decadencia, aunque existen resurgimientos como el spaghetti western que trajeron a nuestro tiempo las pistolas y los sombreros. Con todo, resulta que los verdaderos aficionados no olvidaron y todavía hay jóvenes que se aficionan a las batallitas. De ello puede dar fe el quiosco y administración de lotería Fortuna Arean, en la peatonal de O Calvario, donde se alquilan o intercambian ejemplares de estos números.

Poseen cientos y cada semana reciben a una veintena de personas que preguntan por ellos. Mayores que disfrutaban de su contenido hace décadas, pero también jóvenes que se interesan por ello al escuchar a sus abuelos. Nostálgicos del pasado vivido y del imaginado. El pacto es el siguiente: uno puede echar una ojeada y llevarse a casa temporalmente los que quiera por 0,30 céntimos la unidad. Otra opción es intercambiar los que se tienen por otros nuevos.

María García, que cogió este negocio en junio junto a su hija, Andrea Fernández, explica que al principio no estaba muy convencida de mantener la tradición. Fue Fernández la que la convenció y ambas se sorprendieron al comprobar que era un ritual importante para la vida vecinal. «Ahora hasta estamos pensando en poner un expositor para darle más cancha», dice.

Los vecinos ya saben que Fortuna Arean es el lugar al que acudir, de hecho, la propietaria indica que muchos conocen el lugar como "el sitio en el que se cambiaban las novelas". La frecuencia es alta, con alrededor de 15 o 20 personas a la semana. Algunos las leen al día y otros tardan más.

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