O Marisquiño: descenso urbano
Sara Yusto: «Ganar, siempre, y acabar con todos los huesos en su sitio»
«Convertir las calles de Vigo en tu patio de recreo lo hace increíble»

Sara Yusto en el descenso de O Marisquiño / FdV
A sus 25 años, Sara Yusto se ha convertido en una de las grandes referencias del descenso femenino nacional. Enfermera de profesión y ciclista por vocación, creció rodeada de motos y bicicletas gracias al negocio familiar y lleva prácticamente toda la vida compitiendo sobre dos ruedas. Con varias victorias en las calles de Vigo, afronta el descenso urbano de O Marisquiño como una de las grandes citas de la temporada.
«O Marisquiño es un evento marcado en el calendario cada año», afirma. Para la ciclista, la organización, el nivel deportivo, la repercusión mediática y el ambiente convierten la prueba en una competición diferente al resto. «Es un punto de motivación en la temporada para el que nos preparamos durante todo el año», explica.
Yusto considera que el descenso urbano de Vigo posee una personalidad propia. Competir por calles que cualquier vecino recorre a diario y convertirlas en un circuito internacional es, a su juicio, uno de los grandes atractivos del evento.
«Tirarse por sitios accesibles a todo el mundo, por los que la gente camina a diario, y convertirlos en tu patio de recreo y en una carrera de descenso de tanto nivel lo hace increíble», resume.
Aunque reconoce que la preparación física resulta imprescindible para afrontar un recorrido tan exigente, admite que el componente mental desempeña un papel igualmente decisivo. Antes de cada salida, asegura, todos los corredores sienten respeto por lo que tienen por delante.
«Miedo y adrenalina. Creo que la mayoría, si no todos, sentimos miedo en este tipo de deportes de riesgo», reconoce. También concede una enorme importancia a la confianza en uno mismo: «Si piensas que algo va a salirte mal... va a ir mal».
Para ella, el verdadero valor del festival reside en que consigue reunir disciplinas muy diferentes y ofrecer propuestas para todos los públicos. «Si no te gustan las bicis, seguro que te gusta el baile; y, si no, la música, el baloncesto o el skate. Cada persona tiene su deporte y su cachito en O Marisquiño», destaca.
La energía que se respira durante esos días es, según explica, otro de los grandes sellos del festival. «La playa, los atardeceres, el centro de Vigo y miles de personas con la misma finalidad, disfrutar del evento... Nadie está triste ese finde», asegura.
Con vistas a esta edición, no esconde sus aspiraciones: «Ganar, siempre, y acabar sana y a salvo, con todos los huesos en su sitio», resume.
Además, lanza un mensaje a quienes seguirán la competición desde las calles viguesas para que respeten los tiempos de carrera, las vallas y las indicaciones de la organización. Está convencida de que el público es «una parte principal del evento y muy necesaria» para mantener la esencia de O Marisquiño.
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