Autoescuelas
Sacarse el carné de conducir en un verano ya no es posible en Vigo: se necesitan dos años
El proceso se dilata por la disminución de los examinadores durante las vacaciones

Un profesor y una alumna frente a la autoescuela Fórmula 10 / JOSE LORES
El verano es una de las épocas con más movimiento en las autoescuelas. Los estudiantes aprovechan sus largas vacaciones para sacarse el permiso y muchos visitantes encuentran su estancia en la provincia como una oportunidad. Tal y como indica el presidente de la Asociación Provincial de Autoescuelas de Pontevedra, Alberto Bugallo, aquí no se hace parón y hay capacidad para atender parte de la demanda estival, pese a las vacaciones del personal y al mayor volumen del alumnado. Con todo, hace falta cierto margen.
Desde algunas escuelas de la ciudad, señalan que la falta de examinadores impide que se puedan realizar todos los trámites y exámenes en dos escasos meses. En Fórmula 10 aseguran que son muchos los que se centran en la parte teórica un año y en la práctica al siguiente. «Los dos pasos son necesarios dado el colapso que se genera y la tardanza en empezar las prácticas, que puede ser hasta de dos meses», indican.
Desde la autoescuela Faro corroboran que, aunque se apruebe en julio, ya no da tiempo. «En Vigo se sigue en agosto y es algo que no pasa en todas las provincias, pero aun así la mitad de la plantilla tiene derecho a estar de vacaciones. Muchas veces ya no da tiempo», apunta Antonio Bugallo, su gerente. «No siempre es factible elegir fecha, es Tráfico quien tendría que poner más personal, cubrir jubilaciones o incluir la figura de interino que hay en otras comunidades», añade.
Veraneantes
A mayores de los locales, cada verano hay también alumnos de otras comunidades que aprovechan su tiempo libre para examinarse aquí: «Hay lugares de España que tienen tiempos de espera de hasta seis meses», dice Bugallo. Desde Fórmula 10 aseguran que recibieron numerosas llamadas de Cataluña desde el mes de marzo, pero que el volumen de foráneos no es tan notorio durante estos meses. Madrid y Valencia son otros dos lugares habituales de procedencia.
Vigo tiene otra ventaja en comparación a ciudades españolas más grandes: el precio. Aunque la olívica es la más cara de las gallegas, cada práctica sigue costando entre 10 y 20 euros menos que en Madrid o Barcelona. Aquí ronda los 30 euros, por lo que -de media- para obtener el permiso habría que desembolsar como mínimo 1.500 euros en la mayoría de los centros.
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