Arte eclesiástico
La escultura de Xoán Piñeiro que necesitó el impulso del Papa para llegar a ser una realidad
La obra de Xoán Piñeiro, Última cea, permaneció seis años bloqueada por la oposición de un sector de la sociedad viguesa que consideraba la obra demasiado "popular". Fue necesaria la intervención del Papa para desbloquear un proyecto que hoy vuelve a afrontar un futuro incierto

La escultura 'A cea', de Xoán Piñeiro. / FdV
La historia de la escultura Última cea de Xoán Piñeiro es la de una obra que estuvo dos veces al borde de quedarse sin destino. La primera, cuando su instalación en la Iglesia de los Apóstoles, en Vigo, quedó paralizada durante seis años por la oposición de una parte influyente de la sociedad viguesa. La segunda, ahora, tras el cierre al culto del templo y la necesidad de encontrar un nuevo emplazamiento para una de las creaciones más relevantes del artista.
«Cuando Piñeiro presentó la maqueta gustó mucho entre los jesuitas, pero al hacerse público el proyecto comenzaron las críticas de gente muy influyente de Vigo. Decían que era una obra demasiado popular, incluso iconoclasta, para un retablo», explica Suso Vázquez, presidente de la Fundación Xoán Piñeiro. El bloqueo se prolongó hasta que la Compañía de Jesús recurrió a su superior general, el Padre Pedro Arrupe, en Roma. Según relata Vázquez, fue él quien trasladó el caso al Papa en aquel entonces. Ambos respaldaron la instalación al considerar que se trataba de una «obra extraordinaria». Gracias a su apoyo, seis años después —ya en 1976— el proyecto finalmente consiguió salir adelante y convertirse en una realidad.
Con el cierre de la iglesia, el futuro de la obra en piedra vuelve a ser incierto. La fundación ya ha iniciado conversaciones con la Compañía de Jesús para garantizar la conservación de la escultura. También espera la implicación de las instituciones, al tratarse de «un patrimonio artístico de Vigo». «Los jesuitas —propietarios de la creación— están en buena disposición y ya hemos mantenido una primera reunión. Estamos trabajando con mucha delicadeza y, cuando exista un acuerdo, lo haremos público», señala Vázquez.
Una obra «extraordinaria»
Sus dimensiones obligan a estudiar con detalle cualquier alternativa. «Es una obra muy grande y extraordinaria, difícil de desmontar y trasladar», apunta el presidente de la fundación. Concretamente, de unos cuatro metros. El objetivo, insiste, es que Vigo siga siendo su lugar de residencia y, preferiblemente, en un espacio eclesiástico, como estaba planeado desde sus inicios.
Una preocupación que comparte Mercedes Bangueses, presidenta del Instituto de Estudios Vigueses. La experta defiende que la prioridad es conservar tanto la pieza como el legado de su autor y encontrar «un hogar donde todos los ciudadanos puedan disfrutarla». A su juicio, es importante mantener la vinculación entre la obra y el espacio para el que fue creada. En ese sentido, argumenta que «en Vigo hay iglesias que, por su arquitectura, podrían albergarla». Aunque confía en la sensibilidad de la Compañía de Jesús hacia el patrimonio cultural, advierte que «si Vigo no encuentra un lugar para ella, existe el riesgo de que acabe marchándose». Para evitarlo, Bangueses hace un llamamiento a la ciudadanía a velar por su continuidad en la ciudad olívica.
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