Un callejero con mucha historia
Vigo, calle a calle: las vidas que construyeron la ciudad
Policarpo Sanz, García Barbón, Sanjurjo Badía, Ramón Nieto, Taboada Leal, Rosalía de Castro, Ricardo Mella y Concepción Arenal son mucho más que nombres inscritos en las placas de Vigo. Sus vidas dejaron escuelas, hospitales, fábricas, libros y avances sociales que ayudaron a transformar la ciudad. Recorrer su callejero es también adentrarse en la memoria de quienes contribuyeron a construirla

Sus vidas dejaron escuelas, hospitales, fábricas, libros y avances sociales que ayudaron a transformar la ciudad / FDV
Pocas ciudades reflejan tan bien su historia a través de su callejero. Con cerca de 1.800 viales, en Vigo destacan nombres como los de los filántropos Policarpo Sanz y José García Barbón; los empresarios Antonio Sanjurjo Badía y Ramón Nieto; médicos pioneros como Nicolás Taboada Leal; o intelectuales como Rosalía de Castro, Ricardo Mella y Concepción Arenal.
Sus calles no solo sirven para orientarse sobre el plano. También ayudan a comprender la identidad de la ciudad. Cada uno de esos nombres representa un capítulo del pasado de Vigo y alguno de los valores que marcaron su evolución. Generosidad, espíritu emprendedor, compromiso social, cultura y afán de progreso son cualidades que la ciudad quiso perpetuar al dedicarles algunas de sus vías más emblemáticas, convirtiendo el callejero en un auténtico mapa de la memoria colectiva.
Filántropos
José Policarpo Sanz y Soto (Marín, 1841-París, 1889), hijo de madre viguesa, pasó su infancia en la ciudad olívica. Siendo joven emigró a Cuba, donde trabajó para un banquero del que acabaría heredando su fortuna antes de dedicarse a los negocios. Viajó con frecuencia a Nueva York, donde conoció a Irene Ceballos, una mujer cultivada con la que contrajo matrimonio. La suma de su patrimonio y el de la familia Ceballos le permitió reunir una importante colección de obras de arte.
Aunque nació y falleció fuera de Vigo, Policarpo Sanz consideró siempre la ciudad de su infancia como su verdadero hogar. Fiel al pensamiento de Rilke, quien afirmaba que «la verdadera patria del hombre es su infancia», decidió legarle buena parte de su fortuna y su valiosa colección artística.
Un año antes de morir firmó testamento ante un notario en Nueva York. En él dejó parte de su patrimonio a su prima Filomena Pérez, con la condición de que, tras su fallecimiento, el remanente pasase a la Casa de Beneficencia de Vigo. También nombró usufructuaria del resto de sus bienes a su esposa y dispuso que, una vez fallecida esta, todo el patrimonio restante se destinase a la ciudad.
Policarpo Sanz estableció que parte de su legado se emplease en adquirir los terrenos y construir el primer instituto de Vigo, que debía ofrecer enseñanza gratuita a los jóvenes con menos recursos. Tras la muerte de Irene Ceballos, en 1935, comenzó la construcción del instituto Santa Irene, llamado así en honor a la esposa del filántropo.
El resto de la herencia debía destinarse a levantar un hospital de caridad, el actual Nicolás Peña. Su colección artística fue entregada al Museo Municipal Quiñones de León y todavía puede contemplarse en el pazo de Castrelos.

Retrato de José Policarpo Sanz. / FdV
José García Barbón (Verín, 1831-Vigo, 1909) emigró a Cuba con trece años acompañado por un tío y, con solo veinticinco, fundó su propio banco. Tras pasar buena parte de su vida en la isla, liquidó sus negocios y regresó a Verín a los 53 años debido a los problemas de salud que arrastraba. Allí fundó el hotel balneario de Cabreiroá.
Una década después decidió trasladarse a Vigo acompañado por su hermana y sus sobrinas. Ya en la ciudad, dedicó parte de su capital a adquirir propiedades, pero también a financiar numerosas obras benéficas. Construyó la Escuela de Artes y Oficios y, a petición popular, rescató el Teatro Rosalía de Castro después de que quebrase y terminase convertido en almacén. Un año después de su muerte el teatro ardió tras una función teatral el martes de carnaval.Sus sobrinas lo reconstruyeron y el edificio pasó a llevar el nombre de su tío.
Los centros que atendían a las personas más necesitadas recibieron importantes aportaciones del empresario. En varias ocasiones se hizo cargo, de manera desinteresada, de situaciones económicas asfixiantes de la Casa de la Caridad o de la Cocina Económica. También se beneficiaron de su filantropía los Salesianos, la Sociedad de Agricultores de Teis, el Asilo del Niño Jesús de Praga y muchas otras instituciones benéficas de Vigo.
García Barbón falleció en su casa el 7 de marzo de 1909, rodeado por su hermana y sus sobrinas. La crónica de su entierro publicada por FARO dos días después relata cómo la ciudad se volcó en una multitudinaria despedida pese a la intensa lluvia.
En vida había rechazado que una calle llevase su nombre. Consideraba aquel honor improcedente y llegó a advertir de que abandonaría Vigo si la iniciativa prosperaba. Su deseo fue respetado mientras vivió, pero poco después de su muerte la antigua calle Duque de la Victoria fue rebautizada como García Barbón.

Retrato de José García Barbón. / FdV
Empresarios generosos
Antonio Sanjurjo Badía (Sada, 1837-Vigo, 1919) fue uno de los grandes artífices de la industrialización viguesa y una de las figuras más singulares de la historia de la ciudad. Conocido como «El Habilidades» por su extraordinaria destreza mecánica, llegó a Vigo tras haber emigrado a Cuba durante su adolescencia.
Con los ahorros obtenidos en la isla fundó unos talleres que pronto se convirtieron en los primeros de la ciudad capaces de fabricar máquinas y calderas de vapor.
Más allá de su faceta empresarial, destacó por su espíritu innovador. Modernizó maquinaria, transformó vehículos de vapor y, en 1898, diseñó un ingenio submarino destinado a colocar minas para defender la ría durante la guerra hispano-estadounidense. El aparato superó con éxito las pruebas de inmersión, aunque nunca llegó a utilizarse porque aquel mismo día se firmó la paz con Estados Unidos.
La tradición sostiene que mantuvo amistad con Julio Verne, que habría conocido sus proyectos durante alguna de sus visitas a Vigo.
Sanjurjo Badía fue también un pionero en el ámbito social. Implantó en sus fábricas medidas muy poco habituales para la época, como un seguro de enfermedad para los trabajadores, una pensión de jubilación y el descanso dominical.

Placa de la Avenida Sanjurjo Badía con su retrato. / FdV
Ramón Nieto (Vigo, 1856-Viña del Mar, Chile, 1928), natural de Lavadores, emigró a Chile, un destino mucho menos frecuentado por los españoles que Buenos Aires, Montevideo o La Habana. Su llegada quedó registrada en el Consulado de España en Valparaíso con el certificado número 256, una muestra de la escasa emigración española que recibía entonces el país.
Una vez instalado, se trasladó al norte de Chile, donde trabajó durante años en las minas de salitre hasta hacer fortuna en los negocios y convertirse en un destacado empresario. Posteriormente fundó el Banco Español y dos compañías de seguros, «La Española» y «Nueva España». Su éxito empresarial lo llevó incluso a ser nombrado asesor del presidente de la República de Chile.
Sin embargo, su mayor ambición no estaba en Chile, sino en Lavadores. En 1900 creó la primera escuela del barrio de Barreiro, dirigida inicialmente por Severino Cobas y con capacidad para sesenta niños. Durante una década, el centro formó a varias generaciones de vecinos.
En 1914 fue nombrado hijo predilecto de Lavadores por su labor educativa. La corporación acordó por unanimidad adquirir su retrato, cuando las condiciones económicas lo permitiesen, para colgarlo en el salón de la Casa Consistorial.

Ramón Nieto. / FdV
Ese mismo año encargó la construcción de las Escuelas Nieto sobre terrenos familiares situados en la calle que hoy lleva su nombre. El edificio quedó terminado en 1917. Su proyecto educativo no pretendía únicamente enseñar a leer y escribir: buscaba también que los alumnos aprendiesen un oficio, por lo que apostó por una enseñanza de carácter politécnico.
Ramón Nieto falleció a los 72 años en Chile. Lo que quedaba de su fortuna fue destinado íntegramente a las escuelas a través de una fundación creada para garantizar la continuidad de su obra educativa. Más de un siglo después, su proyecto sigue en pie y una de las principales vías de Vigo conserva su nombre.
Pionero en salud pública
Nicolás Taboada Leal (Viveiro, 1798-Vigo, 1883), médico, historiador y primer cronista oficial de la ciudad. Desarrolló prácticamente toda su carrera en la ciudad. Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidade de Santiago de Compostela, en 1828 fue nombrado facultativo del Hospital de la Caridad.
Su nombre quedó ligado para siempre a la historia de la salud pública al convertirse en el primer médico que diagnosticó un caso de cólera en España durante la epidemia de 1833, que entró por el puerto vigués.
Taboada Leal defendió medidas de aislamiento y prevención para frenar la enfermedad y fue uno de los principales impulsores, junto con Norberto Velázquez Moreno, de la creación del lazareto de la isla de San Simón. La instalación nació para reforzar el control sanitario de las personas que llegaban por mar con posibles enfermedades contagiosas.
Su legado fue también intelectual. En 1840 publicó Descripción topográfico-histórica de la ciudad de Vigo, su ría y alrededores, considerada una obra fundamental para conocer el Vigo del siglo XIX y que le valió el nombramiento como primer cronista oficial de la ciudad. Su hijo, Nicolás Taboada Fernández, desempeñaría posteriormente el mismo cargo.
En reconocimiento a su aportación a la medicina, a la historia y a Vigo, el Ayuntamiento dio su nombre a una calle en 1909. Taboada Leal recuerda hoy a un hombre que ayudó a proteger la ciudad frente a las epidemias y dejó, al mismo tiempo, la primera gran descripción escrita del Vigo moderno y de su entorno.

Retrato de Nicolás Taboada Leal. / FdV
Intelectuales de talla nacional
Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837- Padrón, 1885) figura central en la idiosincrasia gallega, junto con Curros Enríquez y Eduardo Pondal promovieron el Rexurdimento de la lengua gallega, es la poeta gallega por antonomasia y una figura central en la literatura gallega. Además, escribió en castellano y se la considera una de las precursoras de la poesía moderna española junto con Gustavo Adolfo Bécquer.
Sus dos grandes obras en gallego son Cantares gallegos y Follas novas. La primera se imprimió en Vigo, en la imprenta de Juan Compañel situada en la calle Real, en 1863. La fecha de su publicación, el 17 de mayo, dio origen a la celebración del Día das Letras Galegas. La primera edición de esta conmemoración, en 1963, estuvo dedicada precisamente a Rosalía, coincidiendo con el centenario de la obra.
Vigo cuenta con dos vías que recuerdan a la escritora. El paseo de Rosalía de Castro es una calle circular, con inicio y final en la rúa de Manuel Olivié, dentro del monte de O Castro. Por su parte, la rúa Rosalía de Castro se encuentra en el centro y se extiende desde Colón hasta García Barbón, discurriendo durante buena parte de su trazado en paralelo a esta avenida.

Retrato de Rosalía Castro. / FdV
Ricardo Mella (Vigo, 1861-Vigo, 1925) fue uno de los intelectuales más influyentes de la ciudad y una figura clave del pensamiento anarquista español. Periodista, pensador, traductor y topógrafo, defendió los derechos de la clase obrera y difundió en España la obra de autores como Bakunin. Sus ensayos alcanzaron además una notable repercusión internacional.
Su huella en Vigo está ligada también a su participación en el diseño de la Gran Vía y, sobre todo, a su trabajo al frente de la compañía de tranvías.
En 1881 denunció desde la prensa un supuesto desfalco del político conservador José Elduayen, una de las figuras más poderosas del Vigo de la época. Elduayen respondió con una querella por injurias que terminó con la condena de Mella a cuatro años y tres meses de destierro y al pago de una multa. La pena sería posteriormente reducida, aunque lo obligó igualmente a abandonar la ciudad.
Se trasladó a Madrid, donde retomó el contacto con los círculos anarquistas y, en particular, con Juan Serrano, padre de su futura esposa, Esperanza Serrano Rivera, con la que tendría doce hijos. Su suegro lo animó a estudiar Topografía, una formación que marcaría el resto de su trayectoria profesional.

Mella, en la época de gerente de la Empresa de Tranvías. / Archivo
Gracias a ella trabajó en distintos puntos de Andalucía antes de regresar a Vigo. Mella puso entonces sus conocimientos técnicos al servicio de una ciudad que crecía a gran velocidad. Primero colaboró en la elaboración de los planos de la futura Gran Vía y después se incorporó a la compañía Tranvías Eléctricos de Vigo, de la que acabaría siendo gerente.
Desde ese puesto dirigió durante años la expansión y consolidación de una red de transporte que transformó la movilidad de la ciudad y llegó a extenderse hasta Baiona.
Su labor al frente de la compañía le granjeó un enorme prestigio entre trabajadores y ciudadanos. Cuando falleció en 1925, víctima de unas fiebres tifoideas, Vigo le tributó uno de los funerales más multitudinarios de su historia. Miles de personas acompañaron el cortejo hasta el cementerio municipal de Pereiró, donde reposan sus restos.

Retrato de Concepción Arenal. / FdV
Concepción Arenal (Ferrol, 1820-Vigo, 1893) fue jurista, escritora, pensadora, activista y una de las pioneras del feminismo en España. Solo un año después de su muerte, en 1894, Vigo dio su nombre a una calle.
Nacida en la calle Real de Ferrol, en el seno de una familia ilustrada y con títulos nobiliarios, dedicó buena parte de su vida a defender a las personas más vulnerables y a mejorar sus condiciones.
Decidida a estudiar Derecho, en 1842 tuvo que disfrazarse de hombre para asistir como oyente a la Universidad Central de Madrid, ya que las mujeres tenían prohibido el acceso a las aulas. Tras descubrirse su identidad, pudo continuar sus estudios después de superar un examen y bajo una estricta vigilancia.
Aquella determinación fue el primer paso de una vida dedicada a combatir las desigualdades. Como visitadora de prisiones, impulsó reformas penitenciarias, promovió la educación de las mujeres y defendió la dignidad de los pobres, los enfermos y los reclusos. Su obra la convirtió en una de las grandes figuras del pensamiento humanitario del siglo XIX. Hoy sus restos descansan en el cementerio municipal de Pereiró.
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