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FUENTE DE EMPLEO

La «cara oculta» de O Marisquiño: cerca de 800 personas hacen posible el festival año tras año

La organización moviliza entre 700 y 800 trabajadores entre personal propio y empresas auxiliares para levantar el mejor festival de cultura urbana de España

Montaje de O Marisquiño en la Playa de Samil

Montaje de O Marisquiño en la Playa de Samil / Jose Lores

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Cuando el público llegue a Samil el próximo jueves 6 de agosto para disfrutar de O Marisquiño verá competiciones, conciertos y un recinto preparado al detalle. Lo que no se ve es el enorme equipo humano que hace posible que todo funcione. Detrás del festival hay cerca de 800 trabajadores, entre personal contratado directamente por la organización y empleados de las empresas auxiliares que participan en el montaje y desarrollo del evento.

La organización cuenta con entre 200 y 220 trabajadores contratados de forma directa, una cifra que aumenta hasta las 700 u 800 personas al sumar los servicios externalizados. Solo el operativo de seguridad, limpieza y descenso reúne a casi 200 profesionales, mientras que las áreas de sonido y montaje movilizan una cifra similar. A ellos se añaden técnicos, electricistas, personal de producción, logística, restauración, comunicación o coordinación deportiva, entre otros muchos perfiles.

Para Carlos Domínguez, «Pity», fundador y director de O Marisquiño, el crecimiento del festival solo puede entenderse desde el trabajo colectivo. «No soy yo solo, es imposible sacar adelante un festival así sin cientos de personas y con un equipo tan maravilloso como el que tenemos en O Marisquiño», asegura.

Como es un evento de grandes dimensiones organizan el trabajo por áreas. Cada disciplina deportiva cuenta con un responsable específico, mientras que producción coordina las necesidades de todas ellas. A ese engranaje se suman los equipos técnicos de los conciertos, la logística y los servicios generales que permiten que el festiva funcione con normalidad.

Pensar y organizar cada edición de O Marisquiño es un proceso largo y tedioso, antes de que acabe una edición ya están pensando en la siguiente, pero esto —contactar artistas y deportistas, pedir permisos, innovar de un año a otro— el público no lo ve. Para ellos, el despliegue comienza solo un par de semanas antes de que comienze el festival. Desde hace días, operarios trabajan en Samil levantando escenarios e infraestructuras. Este, es el primer paso de una maquinaria que lleva meses preparándose y que volverá a convertir a Vigo, del 6 al 9 de agosto, en un referente internacional del deporte y la música urbana.

Mientras miles de asistentes disfrutan del espectáculo, cientos de profesionales trabajarán entre bastidores para que todo salga según lo previsto. Un esfuerzo colectivo que, aunque pase desapercibido para la mayoría del público, constituye el verdadero motor de O Marisquiño.

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