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Procesión del Cristo de la Victoria

Entrega total al Cristo de la Victoria, protector de los vigueses

Miles de personas salieron junto a la imagen en una marcha devota, con calzado o sin el, mientras fueron animadas por el obispo a no mostrarse indiferentes ante los desfavorecidos

Multitudinaria procesión del Cristo de la Victoria por las calles de Vigo

Marta G. Brea

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Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Cuando la tarde empezó a caer el Casco Vello de Vigo se convirtió en testigo del paso acelerado de miles de personas. La mayoría circulaban con un cirio encendido en la mano y muchas iban descalzas, aunque no por ello aminoraban la marcha. Trataban de llegar a La Colegiata, antes de que la imagen del Cristo de la Victoria saliese de la Concatedral. Es uno de los platos fuertes de la fiesta religiosa más grande de Vigo y su comarca, la procesión que custodia más fieles y suma más devoción.

A las 19,30 horas saldrían de la Basílica de Santa María para bajar por Calle Real y alcanzar el Berbés, pero desde un par de horas antes ya había gentío emprendiendo el camino por su cuenta o buscando un lugar para observar al Cristo en la cruz, el protagonista de todo aquello.

Ángeles Centeno contaba mientras descendía rúa Triunfo que acudía desde que tenía uso de razón y a sus 79 años nunca había fallado. Fue una tradición heredada de su madre. Considera que es una cita religiosa, pero también de fuerte arraigo con el sentimiento de ser vigués.

Delante iba Nicolás, sin zapatos. «Hice una promesa hace quince y desde entonces salí siempre descalzo. Me fueron yendo las cosas bien, así que no fallo», decía.

También por una promesa estaba allí la familia González Pérez. Los dos padres también con los pies desnudos, los hijos adolescentes no. «Venimos desde hace 16 años, cuando se nos cumplió una petición. Desde entonces estamos aquí cada vez y concretamente de esta forma para darle más valor», indicaron. Esta tarde la temperatura era óptima, la máxima marcaba 24 grados y el sol no impactaba de forma directa, además algunas nubes protegían parcialmente las piedras del suelo. «Cuando hace mucho sol se sufre bastante, al final del trayecto quema el asfalto. Aun así te acabas acostumbrando», añadían.

Los asistentes eran sobre todo mayores, aunque también había un grupo considerable de personas de mediana edad y no era difícil encontrar jóvenes. Silvia, de 17 años, acudía con su madre a ver el Cristo. Se confiesa no religiosa, pero cree que es una forma bonita de tener un recuerdo con su madre y conservar la memoria. Su progenitora explica que sus padres y sus tíos también iban, mientras ella participaba en las ofrendas flores con un grupo de baile folclórico. «Ahora la mayoría fallecieron, así que me toca continuar la tradición y pasarla a aquellos que se dejan», apunta.

También por debajo de la media estaban Adrián Pérez y su amigo Javier de Madrid, de 35 años. «Soy de la cofradía y vengo desde que soy pequeño. Es un símbolo de Vigo que creo que es importante conservar», opinaba. Aunque no había muchos contemporáneos, Pérez cree que no disminuyen, sino que se mantienen los mismos.

Misa y procesión del Cristo de la Victoria de Vigo, en imágenes

Parada de la procesión del Cristo de la Victoria en la Puerta del Sol / Marta G. Brea

Larga distancia

El recorrido mide alrededor de 3 kilómetros y dura unos 40 minutos. No todos pueden seguir el ritmo, pero no por ello se quedan en casa. Es el caso de María Teresa Liméns que observaba sentada desde la praza da Pedra. «Cada vez que me pasa algo, en cualquier situación de mi vida, pienso «Cristo de la Victoria, por favor ayúdame» y nunca me falta. Así que yo tampoco a él», indicaba sonriente. Ahora trae a su hija para que haga el recorrido por ella.

El Cristo lo conforman los fieles con su fe, pero también la propia imagen venerada. Mientras el paso avanzaba, sonaba en todos los megáfonos una alocución que invitaba a reflexionar sobre la presencia de Dios.

La procesión era seguida por miles de personas, pero la encabezaba José Enrique Pereira, empresario y presidente del Grupo Pereira. Desfilaba junto a su familia portando el estandarte.

Al poco ya podía verse a la pregonera, la presidenta del Celta, Marián Mouriño. Le sucedió el alcalde, Abel Caballero, con sus concejales socialistas y, más atrás, Luisa Sánchez rodeada de otros populares. También estaba Luis López, presidente de la Diputación.

Misa y procesión del Cristo de la Victoria de Vigo, en imágenes

Parada de la procesión del Cristo de la Victoria en la Puerta del Sol / Marta G. Brea

Iban custodiados por la banda de la Brilat, formada por militares que entonaban emocionantes compases con solemnidad. Ya pasadas las 20,00 horas tomaban Cánovas del Castillo, donde los barcos atracados hacían sonar sus sirenas. Es parte de la leyenda, que cuenta como unos marineros que hallaron la imagen del Cristo flotando prometieron depositarla en el primer puerto que alcanzasen y asistir descalzos a una misa. Llegaron a Vigo, pero no cumplieron y al regresar al mar se toparon con una fuerte tempestad. Entonces sí siguieron su palabra y depositaron la talla en La Colegiata.

Pequeño incidente

La procesión siguió camino por Montero Ríos, Concepción Arenal y subió por Colón hasta La Farola. Una vez alcanzada la Porta do Sol fue momento para la ofrenda floral y la oración del obispo. «Ao rematar esta procesión, poderiamos pensar que fomos nós quen te acompañamos, Santísimo Cristo da Vitoria, polas rúas da nosa cidade. Pero quizais… Quizais hoxe aconteceu algo máis fondo. Non fuches só ti, Cristo, quen pasou entre nós. Quizais fomos nós os que pasamos diante de ti», reflexionó. Animó a mirar como lo hace Dios, a no apartar la mirada y a implicarse con los que sufren. Fue un momento emotivo, con baile y actuaciones de corales incluidas. Sin embargo, se vio truncado por la indisposición de una mujer que tuvo que ser atendida por una ambulancia y dos sucesivos desmayos de otras dos fieles.

Tras recibir atención, la marcha alcanzó de nuevo la Concatedral, donde siguieron las ofrendas de la fiesta religiosa más importante de Vigo.

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