Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Trabajo social

Uno de cada 72 adultos vigueses registró su testamento vital

En la ciudad figuran presentados 3.535 documentos de instrucciones previas

La mayoría lo hace por evitar el sufrimiento al final de la vida

El trabajador social Juan Iglesias Fernández, en el Nicolás Peña

El trabajador social Juan Iglesias Fernández, en el Nicolás Peña / Alba Villar

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Evitar el sufrimiento al final de la vida. Ese es uno de los principales motivos que mueven a las personas a resgistrar su testamento vital. En la ciudad de Vigo lo han hecho uno de cada 72 adultos. En concreto, 3.535 personas.

Según los datos facilitados por la Consellería de Sanidade, a lo largo de 2025, fueron 891 vigueses los que dejaron constancia de su voluntad en el Rexistro Galego de Instrucións Previas por si, llegado el momento, no tienen capacidad para hacerlo. Son unos 74 al mes. Y el ritmo se ha incrementado este año. En los cinco primeros meses de este año, se rebasaron las 440 solicitudes. Son alrededor de 14 más al mes.

Juan Iglesias Fernández, trabajador social del Servizo Galego de Saúde (Sergas), ha percibido este aumento del interés. «Cada vez hay más conocimiento de que se puede ejercer este derecho», explica y añade que funciona mucho el «boca a boca». Sobre todo, en el entorno familiar. «Porque viene uno a registrar el documento y, luego, se lo comenta al resto; o por las situaciones no deseables que, a veces, suceden en el hospital y que hacen que la familia tome conciencia y se interese por este tema», detalla.

Las instrucciones previas son un documento mediante el cual un adulto capaz y libre manifiesta de forma anticipada su voluntad sobre los cuidados y el tratamiento de salud o, llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo y sus órganos. Es un documento confidencial, que se dirige al equipo médico y que solo se consulta cuando el paciente pierde la capacidad de transmitir lo que quiere.

Motivos

La mayoría de las personas que llegan a la mesa de Juan Iglesias, en el Nicolás Peña, con este trámite buscan evitar el sufrimiento, «que no se prolongue la vida innecesariamente cuando es una situación irreversible». Habla de situaciones terminales, cáncer, situación de agonía... Lo realizan adultos de todas las edades, aunque son algo más excepcionales los veinteañeros. Pero hay diferencias según las experiencias vividas. Por ejemplo, los que han tenido que tomar decisiones con respecto a un progenitor, como mantener o quitar la respiración asistida. «Hay personas que manifiestan que lo hacen, fundamentalmente, porque no quieren dejar la responsabilidad de estas decisiones a sus hijos», indica. También hay pacientes con patologías concretas —por ejemplo, degenerativas— que consultan los posibles escenarios con su especialista para especificar con más detalle las instrucciones.

El equipo médico, con sus decisiones, nunca podrá contradecir lo recogido en el documento —a no ser que sea contrario a la ley—. Prevalecerá también sobre los deseos de la familia. Se puede nombrar a un interlocutor o representante, para velar por que se cumpla y tomar decisiones de salud sobre lo no recogido o lo que no esté claro. Juan advierte que la eutanasia la tiene que pedir el propio paciente de forma consciente y libre. No es delegable. Ni al interlocutor oficial. Por lo que, si se desea, es importante dejarlo por escrito.

«El documento tiene que estar respaldado por una reflexión», aboga el trabajador social, pero sabe que las voluntades «pueden variar con el tiempo». No hay problema: el documento se puede sustituir o anular. Se puede formalizar ante notario, ante tres testigos o ante personal de las unidades habilitadas del registro de instrucciones previas. En Vigo son ocho: en los tres hospitales, el edificio administrativo de García Barbón y los centros de salud de A Doblada, Coruxo, Rosalía y Sárdoma.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents