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Una emotiva despedida

La última comanda de Antonio en el Bar Mónaco: una jubilación alegre y con las puertas abiertas al relevo

Tras más de medio siglo entre barras y fogones, Antonio Rodríguez bajó este viernes la persiana de una etapa que ha marcado la historia del Bar Mónaco. Su jubilación pone fin a 32 años al frente de este negocio vigués. Siete décadas después de abrir sus puertas, el local busca ahora un nuevo relevo para mantener viva su esencia

Antonio, propietario del bar Monaco, se jubila después de medio siglo tras la barra.

Marta G. Brea

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Vigo

Después de medio siglo dedicado a la hostelería, «cincuenta años y cuatro meses» para ser exactos, Antonio Rodríguez González (Toni para los clientes más fieles) atendió este viernes sus últimas comandas en el Bar Mónaco. La jubilación pone punto y final a su etapa como dueño de este establecimiento, ubicado en el número 55 de la calle Ecuador de Vigo, próximo a El Corte Inglés. Sin embargo, lo que no parece que tenga final de momento es la historia del local. Abierto desde hace alrededor de siete décadas, seguirá funcionando, aunque todavía no está decidido quién recogerá el testigo definitivamente.

«Hoy es el último día de mi trabajo. Lo dejo ya, creo que en buenas manos», proclamaba Antonio Rodríguez. «Me siento muy bien, lo vivo con alegría. Aparentemente estoy tranquilo, pero ya veremos por la noche cómo acabo», expresaba el ya exdueño del Bar Mónaco en referencia a su despedida. No le costó tomar la decisión. Admite que tras 32 años al frente del negocio se encuentra «agotado» y ahora es tiempo de disfrutar.

Más que echar de menos el trabajo, es consciente de que lo que realmente cuesta dejar atrás es esa relación diaria y cercana con quienes han convertido el Mónaco en una segunda casa. Aunque se jubile, piensa continuar visitando el bar para saludar a sus amigos.

Natural de As Neves, los inicios de Antonio en la hostelería se remontan a cuando tenía 14 años recién cumplidos. A esa edad comenzó como camarero en Madrid, hasta que 18 años más tarde, en 1994, una oportunidad en Vigo cambió el rumbo de su vida. Hablando con su cuñada, valoró regresar a la comunidad gallega para coger las riendas de su propio bar en la ciudad olívica.

Identidad propia

Los primeros años no estuvieron libres de obstáculos. «Fue un cambio duro porque no me adaptaba. Al principio esto no funcionaba, hasta que poco a poco fui haciendo clientela», recuerda Rodríguez. Finalmente, los ingredientes de la receta secreta eran paciencia, constancia y cercanía. Con el paso de los años, el Mónaco fue cocinando a fuego lento una identidad propia hasta convertirse en uno de esos bares de referencia en los que el menú del día sabe a casa.

Los callos, los guisos o la lamprea destacan como platos imprescindibles. Todo «comida casera» que ha conquistado durante décadas el paladar de todo tipo de clientes. «Políticos, religiosos, artistas, gente mayor, gente joven... el bar se adapta», asegura el extrabajador.

El cielo del paladar

«No voy a afirmar que los más sabrosos callos y guisos de carne que gozamos en Vigo sean los del Bar Mónaco, pero puedo asegurar que han llegado a tan alto cielo del paladar que no es necesario buscar otros», escribía el periodista Fernando Franco hace unos meses en uno de sus artículos de opinión. Un elogio que sintetiza el prestigio culinario alcanzado.

Su hijo también trabaja en el negocio, pero no continuará la tradición familiar. «Él estudió y no quiere hacer el relevo», explica el padre. El futuro propietario todavía no está confirmado, aunque uno de los nombres que suenan es el de Willy, líder de la cafetería Ecos. Sea quien sea el próximo dueño, Antonio tiene claro cuál es el ingrediente imprescindible para mantener vivo el espíritu del Mónaco: «que lo mantenga igual y que trate a la gente con cariño».

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