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Fiestas del Cristo de la Victoria

Marián Mouriño, presidenta del Celta, emociona en un pregón marcado por la devoción y el sentimiento celeste

La pregonera de la festividad concluyó su discurso con una frase que su padre había pronunciado once años atrás: «No hay vigués que no quiera a su Cristo y no hay vigués que no quiera a su Celta»

Pregón del Cristo de la Victoria 2026

Marta G. Brea

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Vigo

La emoción y la devoción se vivió de primera mano en el Pazo de Quiñones de León. El emblemático espacio ubicado en Castrelos acogió en la mañana de este sábado el pregón de las Fiestas del Cristo de la Victoria, unas fechas con gran simbolismo para la ciudadanía viguesa. Al lugar acudieron distintas autoridades civiles, eclesiásticas y fieles dispuestos a ser testigos del inicio de un fin de semana en el que reina la religión, la historia y la tradición.

El rojo es comúnmente asociado al amor y la pasión. Dos sentimientos que bien reflejan el afecto que Marora Martín-Caloto, hermana mayor de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Victoria, siente hacia esta sagrada figura. Ataviada totalmente de este color, fue la responsable de inaugurar el acto.

Después de agradecer la compañía de los allí presentes, inició su histórico discurso. La hermana mayor se remontó a 1403, año a partir del cual fue explicando en un tono visiblemente nervioso gran parte de la historia de la Concatedral-Basílica de Santa María de Vigo, que acoge a la imagen del tan famoso Cristo.

Martín-Caloto hizo también un guiño a José Enrique Pereira y Marián Mouriño, actual portador del estandarte y pregonera, respectivamente. «Pereira representa uno de los pilares de Vigo. Enfrentarse a la mar, extraer sus riquezas, elaborarlas, comercializarlas y distribuirlas es parte de nuestro ADN. Muchas gracias por honrarnos portando nuestro estandarte y más aún por hacerlo acompañado de tus hijos», señaló.

De Mouriño, destacó su «elegancia y solemnidad propia de la Casa Real Inglesa, siendo la única mujer que ejerce como presidenta y propietaria de un club de fútbol en la máxima categoría de la liga masculina». «Me siento muy orgullosa de ti», resumió. La hermana mayor concluyó dirigiéndose a ella: «No podemos garantizarte que el Cristo interceda para que siempre gane el Celta, eso sería ponerlo en un compromiso, pero te aseguro que cuando nos enfrentemos al Depor le recordaré al Cristo que el Celta es cofrade de honor y el Depor no». Con estas palabras, dio paso a la intervención de la presidenta de este equipo de fútbol vigués, marcada por una gran esencia celeste.

El pazo de Quiñones de León, en Castrelos, acogió este sábado el pregón de las Fiestas del Santísimo Cristo de la Victoria. Marora Martín-Caloto, hermana mayor de la Cofradía fue la encargada de inaugurar el acto. Después, intervino Marián Mouriño, pregonera y actual presidenta del Celta. Abel Caballero, alcalde de Vigo, se ocupó de la clausura del evento.

Asistentes al pregón de la festividad del Cristo de la Victoria en el Pazo de Quiñones de León, en Castrelos. / Marta G. Brea

Marián Mouriño se dirigió directamente al Santo y realzó «una ciudad que cada año nos deja estampas preciosas de cientos de miles de personas que procesan». «Gracias por darme la valentía y la luz para tomar decisiones en los momentos oscuros y mucha 'afouteza' para actuar con determinación», expresó emocionada. «Gracias por hacerme entender que, así como la Iglesia representa la fe y la devoción de su pueblo, el Celta representa el sentimiento de una comunidad entera que se une alrededor de su escudo», añadió.

En la celebración, la presidenta del club de fútbol reafirmó su compromiso de «trabajar sin descanso para sentar las bases de los próximos 100 años del club». Manifestó que, aunque la función es formar a futbolistas, la obligación del equipo es ayudar a los canteranos a «crecer como personas y formarlos en valores».

De forma emotiva y nostálgica, Mouriño concluyó su discurso con una frase que había dicho su padre cuando ejerció de pregonero, hace 11 años: «Sin querer comparar, porque la divinidad es incomparable, no hay vigués que no quiera a su Cristo y no hay vigués que no quiera a su Celta».

Vigo (Pazo - museo Quiñones de León, Parque de Castrelos). Acto del pregón Cristo de la Victoria a cargo de Marián Mouriño, presidenta del Celta

Marián Mouriño junto a su padre en el acto inaugural. / Marta G. Brea

Abel Caballero, alcalde de Vigo, fue el responsable de clausurar el acto. Lo hizo con una narración a modo de crónica sobre la tan querida procesión de este domingo. «La campana del reloj de La Colegiata anuncia las siete y media de la tarde. Es el primer domingo de agosto», comenzó.

Y así, con referencias al tradicional recorrido, fue comentando las mejoras de la ciudad olívica: «Aquellas cuestas de la ciudad conducían hasta el Castro. Ahora, tal esfuerzo en la subida, ya no es necesario. Las gentes de Vigo se mueven con naturalidad en las rampas, en los ascensores y en las escaleras mecánicas». También hubo espacio para citar a las luces de Navidad.

«Si al Cristo le dejaran elegir, quizás desease, colmado de orgullo, ser llamado 'el Cristo de Vigo'», zanjó el regidor, poniendo fin al acto inaugural.

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