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Fiestas del Cristo de la Victoria

Cuando el Cristo desciende al encuentro de sus fieles

La Concatedral-Basílica de Santa María de Vigo vivió este sábado la delicadeza del descendimiento de la imagen del Cristo de la Victoria, que dio testimonio de la viva fe de cientos de devotos. Un emotivo acto que conecta pasado, presente y futuro y que funciona como antesala a la gran procesión de este domingo

Este sábado se celebró el descendimiento del Cristo de la Victoria en la Concatedral-Basílica de Santa María

Marta G. Brea

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Vigo

Durante unos minutos, Vigo contuvo la respiración. Cientos de miradas devotas permanecían fijas en el altar mayor de la Concatedral-Basílica de Santa María mientras, lentamente, el Santísimo Cristo de la Victoria abandonaba el lugar que ocupa el resto del año. No había prisa, solo precisión, delicadeza y una emoción que parecía que se podía palpar en el ambiente, reflejo del profundo significado que este acto representa para la ciudad olívica.

Así arrancó, como es tradición cada primer sábado de agosto, el descendimiento de la venerada imagen en uno de los actos más esperados y conmovedores de esta celebración cargada de simbolismo. La popularmente conocida como La Colegiata volvió a convertirse en el epicentro de la festividad y se llenó de fieles provenientes de distintos lugares para homenajear la figura del Santo y ser partícipes de un evento que funciona como antesala a la gran procesión de este domingo. Entre los asistentes se encontraban la hermana mayor de la Cofradía, Marora Martín-Caloto; Marián Mouriño, presidenta del Celta y pregonera; y José Enrique Pereira, reconocido empresario del Grupo Pereira que portará el estandarte junto a sus hijos.

En el exterior, se situaron distintos puestos donde comprar velas y una gran pantalla con la que los creyentes pudieron seguir en riguroso directo la liturgia y cada paso del descendimiento sin necesidad de entrar en la abarrotada basílica.

Cada movimiento de la maniobra fue ejecutado con absoluto cuidado mediante un sistema de polea, mientras los más fieles cantaban el himno del Santísimo Cristo de la Victoria hasta que finalmente quedó colocado —entre aplausos— en el corazón de una iglesia vestida de gala con banderas ceremoniales. Fue una operación tan solemne como minuciosa que, año tras año, despierta la admiración de quienes la contemplan por primera vez y desata la emoción de quienes nunca faltan a la cita, reuniendo a distintas generaciones alrededor de un sentimiento religioso que conecta pasado, presente y futuro.

Concluido el acto con un homenaje a Manuel Sanjurjo, histórico cofrade carrero recientemente fallecido, los asistentes se acercaron a contemplar la imagen en un gesto que se volvía un auténtico testimonio vivo de la fe y que, lejos de perder fuerza con el paso del tiempo, se consolida como uno de los símbolos religiosos más emblemáticos de la ciudad.

Una procesión más discreta

Antes incluso de que el descendimiento tuviese lugar, varios son los feligreses que han decidido adelantarse al acto oficial y realizar el día anterior el tradicional recorrido que parte desde La Colegiata y culmina en la Porta do Sol. Así, entre otros motivos, pueden expresar su devoción de una forma más discreta e íntima, sin colocarse en el medio de una procesión que cada año es más multitudinaria.

La festividad del Cristo de la Victoria comenzó antes de este fin de semana. El pasado 24 de julio se inició la novena, nueve días de preparación para el gran día de este domingo. El arzobispo de Urgell, Don Joan Enric Vives adoptó la figura de predicador y condujo diferentes actos eclesiásticos durante estas nueve jornadas. Vives acompañará al obispo de la diócesis de Tui-Vigo, Don Antonio Valín, en la tan significativa cita programada para las 19.30 horas. Una procesión, especialmente significativa para los vigueses y viguesas, que pondrá fin a la celebración, pero la fe y los valores continúan a lo largo del año.

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