El último videoclub
Rebobinar frente al algoritmo: el DVD todavía resiste en Vigo
Hubo un tiempo en el que elegir una película obligaba a salir de casa, recorrer estanterías y dejarse aconsejar por quien estaba detrás del mostrador. De aquella rutina sobrevive en Vigo un único videoclub, Krypton, mientras el DVD mantiene también su espacio en las bibliotecas y entre los cinéfilos que se resisten a que un algoritmo decida por ellos

Krypton es el último videoclub de la ciudad. / Alba Villar
Mucho antes de que las plataformas digitales ofreciesen miles de títulos al instante, la experiencia de ver una película comenzaba al cruzar la puerta de un videoclub. No había algoritmos ni recomendaciones personalizadas, sino estanterías llenas de carátulas y un dependiente que conocía a sus clientes y sabía qué película podía encajar con cada uno.
Los videoclubs fueron durante años una parada habitual de muchas familias viguesas antes de un fin de semana. Hoy, en plena era del contenido bajo demanda, en la ciudad solo queda uno. Sin embargo, aunque el modelo de negocio se encuentre al borde de la desaparición, el DVD todavía conserva su público.
El videoclub Krypton, situado en la calle Florida, es el último superviviente en Vigo de una actividad que sucumbió a la inmediatez y al catálogo inabarcable de las grandes plataformas digitales. Su propietario, Antonio, señala precisamente una de las contradicciones del nuevo consumo audiovisual: disponer de más opciones no siempre facilita la elección.
«Te pierdes entre tantas películas. Tardas media hora en escoger una», comenta.
El auge de los videoclubs llegó a Vigo durante la década de los noventa, cuando estos establecimientos pasaron a formar parte de la rutina de miles de hogares. Escoger una cinta o un DVD, llevárselo a casa y devolverlo unos días después era parte del ritual. Pero la consolidación de las plataformas de streaming, especialmente a partir de 2015, aceleró el cierre de la mayoría de los locales.
Krypton resistió. Y aunque sea ya el único videoclub de la ciudad, su supervivencia demuestra que el formato físico todavía no ha dicho su última palabra. Hay usuarios que prefieren recorrer estanterías, leer las sinopsis y contemplar las portadas antes que navegar durante minutos por un catálogo aparentemente infinito.
El DVD también se presta
Los cinéfilos que quieren seguir viendo películas en formato físico cuentan además con otra posibilidad: el préstamo bibliotecario. La Biblioteca Pública de Vigo Juan Compañel, situada en la calle Joaquín Yáñez, dispone de una colección audiovisual que continúa teniendo demanda.
«Se presta mucho y atiende a todo tipo de gente», explican desde el centro.
El servicio recuerda que no todo el consumo de cine pasa por una pantalla de inicio, una conexión a internet y una cuota mensual. Todavía hay quienes prefieren elegir una película, sostenerla entre las manos y llevársela a casa. También quienes buscan títulos que no siempre están disponibles en las plataformas o que desaparecen de sus catálogos sin previo aviso.
La pérdida del DVD supondría mucho más que el final de un soporte. También implicaría la desaparición de una forma diferente de descubrir y disfrutar del cine, la música y otras obras audiovisuales. Antonio lo compara con el cambio que se ha producido en la manera de escuchar discos.
«Ya no compras un disco y lo escuchas entero. No es como antes, cuando lo ponías y escuchabas todas las canciones en orden y del tirón», reflexiona.
La historia demuestra, sin embargo, que los formatos físicos no siempre desaparecen. En ocasiones se convierten en objetos de culto y encuentran nuevas formas de sobrevivir. El vinilo regresó con fuerza y volvió a hacerse un hueco entre melómanos, nostálgicos y coleccionistas. El DVD, por ahora, resiste gracias a quienes prefieren escoger una película sin prisas, conservar una copia y escapar durante un rato de las recomendaciones automáticas.
Porque, a veces, la nostalgia no consiste únicamente en mirar hacia atrás, sino en negarse a que el algoritmo elija el final.
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