Cambio generacional
La generación del anzuelo: así engancha la pesca a los jóvenes vigueses
Lo que durante años fue visto como una actividad de adultos se ha convertido en una de las formas de ocio al aire libre que más terreno gana entre adolescentes y veinteañeros. La influencia familiar, las redes sociales, el autoconsumo y el contacto con el mar explican el auge de una práctica cada vez más visible en puertos y espigones

Un grupo de pescadores, ayer, en el espigón del Náutico de Vigo. / Pablo Hernández Gamarra
Una tarde cualquiera en el puerto de Vigo —y muchas noches también— ya no es territorio exclusivo de pescadores veteranos. Cada vez es más habitual ver allí a grupos de adolescentes y veinteañeros compartiendo capturas, cebos y técnicas mientras esperan a que pique el anzuelo. La pesca recreativa gana terreno entre la juventud viguesa. La pregunta es por qué.
Basta con recorrer el puerto de Vigo, desde Teis hasta Bouzas o cualquiera de los espigones de la ría para comprobarlo. No se trata de un fenómeno espontáneo. Detrás de este auge hay varios factores que se repiten entre quienes empiezan: la afición heredada de padres o abuelos, la influencia de amigos, la visibilidad que la pesca ha ganado en redes sociales, la facilidad para conseguir material y, sobre todo, la posibilidad de combinar mar, naturaleza y ocio sin un desembolso excesivo. Todo eso ayuda a explicar por qué cada vez más jóvenes se enganchan a la pesca recreativa.

Abel Comesaña pescando en el puerto de Vigo. / Lucas Aguiar
De la caña al arpón
Hugo Iglesias tiene 21 años y lleva toda la vida pescando. Empezó de niño, cuando su padre lo llevó a pescar por primera vez con apenas ocho años, y desde entonces se quedó enganchado a ese mundo. «La familia de mi madre siempre se ha dedicado al mar y al pescado», comenta.
Con el paso de los años ha mantenido esa tradición familiar y, aunque ahora ya no pesca tanto con caña porque se pasó al buceo, asegura que el vínculo sigue siendo el mismo. «Es algo que te tiene que gustar, tanto tirarte al mar y estar horas escuchando tu respiración como estar horas sentado esperando frente a la caña, y a mí me apasiona», explica.

Hugo Iglesias, tras una jornada de pesca de buceo. / David Iglesias
Lo que más valora es la posibilidad de practicar una pesca de autoconsumo. «Poder ir a pescar y luego, el domingo, hacerme una tapita de calamares», resume. En cambio, considera que la normativa gallega es demasiado restrictiva para los pescadores recreativos. «Me parece que aquí tenemos muchas más restricciones que en otras zonas de España», sostiene.

La captura de Hugo tras una jornada de pesca submarina. / Hugo Iglesias
En su opinión, últimamente «hay bastante gente joven pescando», aunque matiza que se trata de una afición que normalmente llega de la mano de alguien cercano. «Te lo tienen que inculcar; es muy raro que empieces tú solo», puntualiza.
La experiencia de Hugo no es un caso aislado. Lucas Piñeiro, un joven de Allariz, se desplaza a Vigo «solo a pescar» y también descubrió esta afición gracias a su familia. De pequeño acompañaba a su padre en jornadas de pesca submarina: primero esperaba en la lancha mientras él se sumergía y, al terminar, ambos pescaban juntos con caña.
Aunque al principio era un apasionado de la pesca con caña, a los 13 años le regalaron su primer traje de buceo. No fue hasta los 16 —la edad mínima para practicar pesca submarina en Galicia— cuando pudo estrenarlo en serio. Desde entonces, su afición no ha dejado de crecer, hasta el punto de orientar incluso su futuro profesional. «Me gustó tanto el mundo de la pesca que decidí estudiar para ser patrón de altura», explica.
Hoy reconoce que la pesca se ha convertido en «posiblemente mi mayor adicción» y que intenta practicarla durante todo el año. Como Hugo, lo que más valora es el autoconsumo y la satisfacción de «poder comerte la comida que tú mismo pescas». Además, defiende la pesca submarina como una modalidad especialmente selectiva. «Tú eliges si quieres ese pescado y si tiene un tamaño que te gusta», argumenta.
Esa percepción coincide con la de José Antonio Beiro, presidente de la Federación Gallega de Pesca Marítima Responsable y de Recreo (FEDPEMAR), que confirma que cada vez es más habitual ver a jóvenes practicando la pesca. «Hay bastante juventud en el puerto», asegura.
Beiro considera que, con el paso de los años, la situación ha ido mejorando, aunque advierte de que quienes practican esta actividad deben hacerlo con toda la documentación en regla, ya que los controles son frecuentes. Además, destaca el papel del verano como momento clave para esta afición. «Se juntan con los amigos y, en vez de hacer botellón, van al puerto a pescar», señala. A su juicio, esa dinámica favorece claramente el relevo generacional.
Por su parte, la Administración autonómica también ha movido ficha para facilitar el acceso al sector. El pasado 22 de junio, el Diario Oficial de Galicia (DOG) publicó la nueva orden de la Consellería do Mar que regula el procedimiento para obtener las titulaciones profesionales de marinero pescador, patrón local de pesca y patrón costero polivalente. Entre los cambios figura la reducción del curso para conseguir el título de marinero pescador, que pasa de 50 a 23 horas lectivas. El objetivo es atraer a más jóvenes al mundo pesquero y mantener vivo ese relevo.
Más allá de una moda pasajera, la pesca recreativa parece haberse consolidado como una nueva forma de ocio entre la juventud viguesa. Para muchos empezó como una actividad que practicaban con sus padres o abuelos y que, en un principio, les podía parecer aburrida. Hoy la disfrutan igual o incluso más que ellos. Mientras siga habiendo cañas en los muelles, espigones y paseos marítimos, una nueva generación seguirá tomando el relevo.
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