Salud
«Parece que cuando superas el cáncer se termina el sufrimiento y no es así»
La psicóloga Ana Sánchez, de la Asociación Española contra el Cáncer, ofrece un taller sobre la repercusión psicológica de la enfermedad
Verónica Sarmiento, superviviente de un tumor de mama, relata las secuelas físicas y anímicas y los miedos a la hora de readaptarse a la vida laboral

Verónica Sarmiento, paciente oncológica / Jose Lores
«Lo mío no es nada. Estoy estupenda y lo llevo muy bien; no voy a necesitar ir al psicólogo», se decía Verónica Sarmiento, que daba por sentado que su obstinado optimismo no la abandonaría tras el diagnóstico de cáncer de mama. «De aquí en tres meses, estoy trabajando», pensaba. «Pero después te das cuenta de que te afecta mucho más porque, a medida que pasa el tiempo, vas siendo consciente de tus limitaciones. Pasan los tres meses y cada día estás peor. Pasan seis y sigues mal y te preguntas: ¿Cuándo regreso a mi vida real?».
Ese tránsito emocional que atravesó Verónica es algo habitual en pacientes oncológicas. «Se pasa mucho peor a nivel psicológico después del tratamiento que, incluso, durante», afirma Ana Sánchez, psicóloga de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) que, a partir del 5 de agosto —7 sesiones, los miércoles—, en la sede de Vigo, imparte un taller de secuelas psicológicas dirigido a supervivientes que hayan finalizado su tratamiento activo hace al menos un año y no más de cinco. «El diagnóstico es un shock, pero tienen muchas fuerzas y suelen tirar para adelante como en automático, con el cortisol a tope», describe y explica que sufren un bajón al terminar el tratamiento, con los efectos a nivel físico, como la fatiga crónica, o anímico, «con síntomas muy depresivos, muy ansiosos».
A Verónica, hace un año, le pillaron el cáncer «muy a tiempo» y tenía «muy buen diagnóstico». Le extirparon el tumor y se vio bien. «Hasta que tienes la radio y te das cuenta de que te has quedado con un montón de limitaciones», recuerda. Con la inflamación, no era capaz de levantar el brazo, algo que ha recuperado en parte y poco a poco, gracias a la fisioterapeuta de la AECC.
Esta mujer, que hoy tiene 51 años, tampoco contaba con la «menopausia brutal» que el tratamiento le provocaría y que se traducen en «dolores articulares horribles». Se le suma también la fatiga crónica y las dificultades para dormir. «Me despierto muchísimas veces y estoy empapada de pies a cabeza», relata y cuenta que no puede poner el ventilador porque no tolera el frío. Va con manga larga y bloqueador solar a la playa por la radioterapia, pero es incapaz de meterse en el agua por su temperatura.
Su autoestima se ha desplomado. «Tu cuerpo cambia totalmente, desde mayo hasta aquí, subí 5 kilos», cuenta y explica cómo su estado anímico le afecta a su vida sexual y de pareja «porque estás muy triste».
Tiene «muchísimos miedos». Verbaliza, principalmente, los relacionados con el regreso a su vida activa. No se ve con fuerza suficiente en el brazo para seguir trabajando con gente dependiente: «Si tienes que ayudar a levantar, hacer una movilización, duchar o cambiar pañales, no tengo fuerza, me cuesta agacharme...»
Destaca que ella era una mujer «sumamente activa», siempre «buscando algo que hacer». Y esto está suponiendo «un cambio radical». Compaginaba el trabajo con el estudio de una FP superior de integración social. Se propuso aprovechar la baja para acabar las materias. «Pero te das cuenta que cognitivamente estás bloqueada, da igual las horas que estudies», asegura y explica que le cuesta concentrarse incluso para conducir.

Ana Sánchez, psicóloga de la AECC. / Jose Lores
«La readaptación a su vida conlleva mucha ansiedad, mucho pensamiento rumiativo negativo», destaca la psicológica. También la incertidumbre por si reaparecerá el cáncer, con unas revisiones médicas que se van espaciando cada vez más.
«Hay casos que van muy bien y físicamente están bien, pero no es lo normal», señala Sánchez y explica. Cuenta que son, sobre todo, las mujeres las que recurren al apoyo psicológico y destaca que no hay que verse «muy muy mal para ir a terapia». «A lo mejor empiezas muy bien, pero es un proceso muy largo y puede que te haga falta el día de mañana. Algunas mujeres tienen una actitud increíble, muy positiva durante todo el proceso, pero por dentro algo les va minando", describe.
¿Cómo les ayuda?
La psicóloga explica que centran el trabajo en los síntomas ansiosos, la tolerancia a la incertidumbre, la higiene del sueño y la gestión emocional. «También, cómo trasladárselo a la familia y cómo poner límites, porque hay mucha gente que no entiende la enfermedad y las secuelas que esto deja. Parece que cuando superas el cáncer se termina el sufrimiento y, verdaderamente, no». «No quieres decirle a los que están a tu alrededor todo lo que sientes, pero parece que si no se te cayó el pelo no tienes nada», lamenta Verónica.
A ella le ayudan a trabajar esta situación tanto su médico de familia como la psicóloga de la AECC. Le dan «tranquilidad». Destaca que la asociación es «un apoyo increíble», al que no podría acceder si tuviera que pagarlo. «Muchas de las personas que pasamos por esta situación nos encontramos en riesgo de exclusión social, vemos nuestros ingresos reducidos, y sin la posibilidad de hacer algo», lamenta y explica que «la prestación por incapacidad temporal solo te llega para pagar el alquiler y comer, ajustando los números». «En muchas cosas, somos invisibles porque se supone que estamos bien», reprocha.
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