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DEVOCIÓN RELIGIOSA

Vigo celebra el Novenario del Cristo de la Victoria e incorpora a más de 60 nuevos miembros a su cofradía

La Concatedral de Santa María acoge el arranque del tradicional Novenario, la gran cita espiritual previa a la multitudinaria procesión de agosto que suma sangre nueva a una hermandad de más de mil integrantes.

Entrega de medallas a los nuevos cofrades.

Entrega de medallas a los nuevos cofrades. / Pablo Hernández Gamarra / FDV

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La devoción más multitudinaria de Galicia ya está en marcha. La Concatedral de Santa María se vistió de gala para dar el pistoletazo de salida al Novenario del Santísimo Cristo de la Victoria. La cita de ayer marca uno de los momentos más emotivos de las celebraciones: la imposición de medallas a las nuevas incorporaciones de la Cofradía.

Este año serán como mínimo 60 los nuevos cofrades quienes recibirán sus distintivos oficiales durante la misa solemne, garantizando la vitalidad y el relevo de una hermandad que ya supera los mil integrantes. La misa vespertina de hoy y de los próximos nueve días estará predicada por Joan Enric Vives, arzobispo emérito de Urgell, mientras que por las mañanas oficiarán distintos párrocos vigueses.

Nunca es tarde para formar parte

Entre quienes aguardan con ilusión la ceremonia de hoy se encuentra Agustín Lorenzo Alonso, vecino de Teis de 68 años y natural de Mos, acumula más de tres décadas afincado en la ciudad y casi 40 años acudiendo a la procesión de agosto. «Al final ya me siento más vigués que de Mos. Para los que tenemos fe, el Cristo significa muchísimo; es la mayor devoción de la historia de Vigo», relata tras tomar la decisión de formalizar su alta a la Cofradía. Para Agustín, colocarse la medalla dorada no es un mero formalismo, sino un compromiso activo con el colectivo: «Me hace ilusión formar parte de esta historia, pero sobre todo entro para colaborar y echar una mano en lo que haga falta».

Agustín Lorenzo Alonso, vecino de Teis

Agustín Lorenzo Alonso, vecino de Teis / Cedida por Agustín Lorenzo

Un sentir muy similar comparte Benito, de 73 años, quien hoy recibirá la medalla en La Colegiata junto a su mujer. Ambos vecinos del centro de la ciudad, llevan un cuarto de siglo asistiendo juntos a la procesión, siguiendo una costumbre familiar que ya practicaban sus padres. «Al final, hablando con amigos cofrades nos dijeron: '¿Pero aún no lo sois?'. Así que decidimos dar el paso para estar perfectamente documentados», explica.

Benito subraya también el valor social de la devoción al Cristo de la Victoria: «El Cristo es un referente, como Zaragoza tiene a la Virgen del Pilar. Pero sobre todo es un crisol y un lazo de unión entre los vigueses». Recibir el distintivo oficial tras años posponiéndolo supone para el matrimonio una profunda alegría: «Nos emociona mucho participar de forma oficial en una congregación con tanto arraigo».

Benito y su mujer, vecinos de Vigo

Benito y su mujer, vecinos de Vigo / Cedida por Benito

Una fe que cruza fronteras

El tirón de la talla olívica cruza también las fronteras autonómicas. Es el caso de Marcos, abogado afincado en Madrid, quien pese a residir fuera de Galicia mantiene intacto su vínculo emocional con la festividad viguesa. «Siempre desde mi infancia he formado parte de distintas hermandades gallegas. Aunque trabajo en Madrid, siempre que puedo vuelvo a Galicia», señala el nuevo cofrade, un apasionado de la historia y católico comprometido que sigue habitualmente la procesión a través de la televisión : «El Cristo de la Victoria tiene un gran significado histórico y religioso al suponer la victoria sobre la muerte. Este año he dado el paso de ser un hermano más y animo a todos los gallegos a apoyar nuestras tradiciones».

Marcos Rivas y su mujer, Mercedes de Parada, junto con el Papa Francisco

Marcos Rivas y su mujer, Mercedes de Parada, junto con el Papa Francisco / Cedida por Marcos Rivas

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