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CURIOSIDADES DE VIGO

Inusitado ejercicio de democracia semafórica en Vigo: el día que 740 vecinos pusieron en verde a toda la ciudad

¿Por qué la mayoría de semáforos de Vigo son verdes con visera? Detrás de su llamativa estética actual se esconde una curiosa decisión

Cuatro de los ocho modelos de semáforo entre los que pudieron escoger los vigueses.

Cuatro de los ocho modelos de semáforo entre los que pudieron escoger los vigueses. / FDV

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Alberto Blanco

Alberto Blanco

Vigo

Los ciudadanos están acostumbrados a votar cada cuatro años. A su alcalde, a su presidente autonómico, al del Gobierno de España... Pero en Vigo llegó a haber una llamativa –¡y colorida!– excepción en 2010. Los vigueses fueron convocados a las «urnas antes» de tiempo. Lo hizo el gobierno local de Abel Caballero (en aquel momento en coalición con el BNG). Fue en un inusitado ejercicio de democracia que iba a marcar el futuro estético de las calles de Vigo. Fue una decisión que no quiso dejarse en manos de ningún concejal, técnico municipal o persona ajena a la ciudad: los vigueses fueron convocados para escoger el diseño de los semáforos de la ciudad.

Sí. En Vigo se votó una vez para elegir semáforos. No para decidir dónde colocarlos, cuánto debía durar la luz roja o si los peatones disponían de tiempo suficiente para cruzar. Lo que se sometió a consulta popular fue algo mucho más visible: su aspecto. Durante dos semanas de abril de 2010, el Concello llamó a los vigueses a unas urnas virtuales para escoger el color y el diseño que acabaría marcando el paisaje urbano de la ciudad.

Aquella inesperada experiencia de democracia semafórica ofrecía varias posibilidades. Los nuevos postes podían ser amarillos, granates, grises o verdes, y cada tonalidad admitía modelos con visera o sin ella. La consulta era vinculante. Es decir, no se trataba de una encuesta decorativa ni de una campaña para medir opiniones: el semáforo más votado sería el que se instalaría progresivamente en las calles de Vigo.

Los primeros semáforos verdes con visera se instalaron en 2010 en la Praza de América.

Los primeros semáforos verdes con visera se instalaron en 2010 en la Praza de América. / Joel Martínez

El entonces concejal de Tráfico, Xulio Calviño, hizo campaña —aunque fuese modestamente— por el amarillo. Consideraba que era el color que mejor se veía y que esa visibilidad resultaba importante para la seguridad vial. «Yo soy partidario del amarillo, porque es un color que se ve bien y es muy importante para la seguridad vial», argumentó entonces. Pero su voto valía exactamente lo mismo que el de cualquier otro participante. Y los vigueses no compartieron sus preferencias.

Resultados de la votación

El ganador fue el verde con visera, que obtuvo el 23,1% de los aproximadamente 3.200 votos emitidos. Es decir, 740 vigueses eligieron el color de la gran mayoría de semáforos de Vigo. En segunda posición quedó su hermano casi idéntico, el verde sin visera, con otro 20%. Sumadas ambas opciones, más de cuatro de cada diez participantes apostaron por teñir de verde los postes que ordenaban el tráfico de la ciudad. El amarillo se quedó en el 13%, el gris apenas alcanzó el 2,2% y el granate terminó en último lugar.

Página de FARO DE VIGO del 8 de abril de 2010 en la que se informaba de la votación convocada por el Concello para que los vigueses eligieron el diseño de los semáforos de la ciduad.

Página de FARO DE VIGO del 8 de abril de 2010 en la que se informaba de la votación convocada por el Concello para que los vigueses eligieron el diseño de los semáforos de la ciduad. / FDV

Así se explica el origen de ese verde especialmente vivo, casi chillón, que comenzó a extenderse después por la mayoría cruces vigueses. No fue escogido para confundirse con la luz que permite avanzar ni porque combinase con los parques de la ciudad. Fue, sencillamente, el resultado de una votación popular. Vigo había llevado la participación ciudadana hasta un territorio desconocido: también la carcasa de un semáforo podía someterse a la voluntad de la mayoría.

El cambio no se produjo de una noche para otra. La ciudad tenía entonces más de 1.300 semáforos y el Concello decidió sustituirlos según fuesen agotando su vida útil. Cuando un aparato antiguo se averiaba definitivamente, cuando una calle se humanizaba o cuando tocaba renovar una instalación, aparecía en su lugar el modelo elegido por los ciudadanos. La democracia semafórica avanzó, por tanto, cruce a cruce.

Fue también en aquel momento cuando comenzaron a testarse contadores con una cuenta atrás para informar a los peatones del tiempo que faltaba antes de que la luz pasase del verde al rojo y que ahora se encuentran ya en multitud de cruces. Pero, entre fibra óptica, mensajes de voz y dispositivos de última generación, lo que quedó grabado en la memoria visual de Vigo fue el color. Desde aquella primavera de 2010, cada semáforo verde recuerda una de las consultas más insólitas celebradas en la ciudad: el día en que los vigueses fueron llamados a votar y eligieron, literalmente, ponerse en verde.

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