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Vivienda

Caseros de Vigo cobran 300 euros de suplemento por pareja en los alquileres de habitaciones

Esta cláusula, legal siempre que se recoja en el contrato, se ejecuta especialmente en los pisos compartidos

Los propietarios justifican la medida: «Una persona adicional supone más consumo de luz, de agua...»

Jóvenes ven anuncios de pisos en una inmobiliaria de Vigo.

Jóvenes ven anuncios de pisos en una inmobiliaria de Vigo. / Marta G. Brea

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El mercado del alquiler en Vigo lleva años siendo una auténtica jungla. A la espera de que la Xunta y el Concello ejecuten todas las viviendas de protección prometidas a precios accesibles, ahora mismo en la ciudad las condiciones para acceder a un piso en régimen de arrendamiento son especialmente duras. Especialmente, en lo que se refiere a los pisos compartidos, en donde los propietarios alquilan individualmente las distintas habitaciones ya sea a estudiantes como a trabajadores por un periodo concreto. Las normas de los caseros, en muchos casos, son muy estrictas: prohibición de fumar, de mascotas y menores de edad.

En los últimos tiempos, sin embargo, hay propietarios que han introducido una curiosa cláusula en los contratos: los inquilinos deberán pagar un suplemento si quieren compartir habitación con sus parejas. Es decir, el precio por dormitorio es para una única persona, y en caso de ser dos hay que pagar más. Ese suplemento, por lo general, va entre los cien y los trescientos euros al mes en la ciudad. Uno de los propietarios que aplican esta medida, que prefiere no revelar su identidad, explica el principal motivo: «Una segunda persona supone más consumo de agua, luz... Al final tenemos que repercutirlo de alguna forma porque tiran más de los suministros».

Hay que tener en cuenta que los precios por habitación suelen incluir todas las facturas: comunidad, electricidad, agua, Internet... Es decir, los dormitorios que se ofrecen por cuatrocientos euros, ese precio es el total. En caso de que en una de las habitaciones resida de forma habitual u ocasional la pareja de algún inquilino, deberán abonar ese suplemento.

El abogado baionés David Giráldez explica que la Ley de Arrendamientos Urbanos otorga un amplio margen a la autonomía de las partes a la hora de fijar las condiciones del contrato de alquiler, por lo que una cláusula que prevea un incremento de la renta por la ocupación de la vivienda por una persona adicional no sería, en principio, contraria a la legalidad si se acuerda desde el inicio del contrato.

Según señala, la clave reside en que esa condición figure expresamente en el contrato y haya sido aceptada por arrendador e inquilino desde el momento de la firma. En cambio, advierte de que no sería posible modificar posteriormente un contrato ya vigente para introducir un sobrecoste de este tipo, ya que supondría alterar de forma unilateral la renta pactada. Giráldez considera, además, que la redacción de la cláusula resulta determinante. A su juicio, desde el punto de vista jurídico sería más adecuado referirse a la residencia de una «persona adicional» o de un «acompañante» que al concepto de «pareja», al entender que este último puede generar dudas interpretativas. En ese sentido, sostiene que el objetivo de este tipo de cláusulas debería ser regular el incremento de ocupantes de la vivienda y no la existencia de una relación sentimental estable.

En definitiva, el letrado concluye que una cláusula de estas características no sería ilegal siempre que quede claramente pactada desde el inicio del contrato y refleje de forma precisa la voluntad de ambas partes.

Prohibición

Hay propietarios que, en lugar de cobrar ese suplemento, directamente prohíben la entrada de parejas. En estos casos, las razones que aluden son varias, pero la mayoría tienen una en común: posibles problemas de convivencia. Por ejemplo, el caso de una propietaria que tenía hasta hace poco en arrendamiento las tres habitaciones de una vivienda en el entorno de Torrecedeira . «Si entran parejas se puede enrarecer el día a día. Nosotros buscamos que en el piso haya un ambiente común entre todos los inquilinos, y una pareja hace vida entre ellos, no con el resto», explica la casera. El mismo motivo alude otro vigués que arrienda por separado las siete habitaciones de su piso en calle Ecuador. «Simplemente por motivos de convivencia», explica, ya que entiende que una pareja puede molestar a los otros inquilinos.

Este veto generalizado provoca un auténtico trastorno a la hora de buscar una vivienda. Y es que con los precios actuales, son muchas las parejas que solo se pueden permitir una habitación en un piso compartido si quieren vivir juntos. Con los actuales precios, y aunque tengan dos sueldos, no pueden conseguir un piso completo para ellos. Con la creciente tendencia de la prohibición a alquilar una habitación a más de una persona, muchos no pueden irse a vivir con su novio, novia, mujer o marido.

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