Ciencia ciudadana
El Galicia Sur convierte a estudiantes de Primaria en investigadores con la Axencia Galega Contra Corazóns Rotos
Alumnos de un centro rural, otro urbano y un tercero en zona peatonal de ciudad estudiarán la calidad del aire de sus colegios y verán sus efectos en la salud
El objetivo es sensibilizar sobre la salud cardiovascular y acercarles al pensamiento científico

Otra de las actividades de divulgación científica desarrollada por el Galicia Sur con alumnos. / Alba Villar
La contaminación ambiental es el cuarto factor de riesgo que más influye en la salud del corazón. «Incluso más que el colesterol malo», destacan desde el Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur, donde quieren contribuir a que la sociedad sea consciente de ello y adopte las medidas adecuadas. Con este objetivo, ha creado la Axencia Galega de Corazóns Rotos, a través de la que convertirá a alumnos de Primaria en pequeños investigadores durante un mes, para analizar la calidad del aire en su centro educativo.
Cuenta el investigador Pablo Juan Salvadores que se calcula que la contaminación ambiental ocasiona 8,8 millones de muertes al año en el planeta y resta casi dos años y medio a la esperanza de vida. Explica que, al respirar, las partículas contaminantes suspendidas en el aire —especialmente las finas— pasan también al torrente sanguíneo, provocando estrés oxidativo e inflamación mantenida que deteriora los vasos sanguíneos y promueve la acumulación de plaza (aterosclerosis).
La Unidad de Cultura Científica y de la Innovación del IISGS, con el apoyo de la Fundación Española para la Ciencia Y la Tecnología (FECYT) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, ha puesto en marcha esta iniciativa para sensibilizar a la población sobre la salud cardiovascular desde edades tempranas, fomentando hábitos de vida cardiovasculares. Cuenta Leonor Parcero, responsable del departamento, que la idea es «que desde pequeñitos se vayan concienciando de que el ambiente en el que vivimos no es inocuo y que repercute en nuestra salud», pero también que «desarrollen pensamiento crítico y se acerquen al método científico».

Leonor Parcero / IISGS
Este proyecto de ciencia ciudadana en las aulas consistirá en una experiencia práctica de vigilancia ambiental y análisis comparativo, contrastando los datos de un centro educativo ubicado en ámbito urbano, con los de otro en entorno rural. Les falta reclutar a un colegio situado en una zona peatonal de una ciudad para medir el impacto de estas actuaciones. Tratan de dar prioridad a las candidaturas de la enseñanza pública. Apostaron por Primaria porque detectaron que hay menos oferta de actividades de divulgación científica para este nivel que para Secundaria. Destaca Parcero que siempre tienen mucha demanda para este tipo de actividades. Han llegado a tener 40 colegios en espera, por lo que plantea que es posible que escasee la oferta de divulgación científica dirigida a escolares en la ciudad.
Con la agencia de Corazones Rotos, se convertirán en investigadores por un mes. Medirán la calidad del aire del exterior de los tres centros a la vez con dos métodos complementarios: con un medidor profesional cedido por el Galicia Sur y con otros cuatro artesanales —uno nuevo cada semana— fabricados por ellos mismos. Explica Pablo Juan que son «como un pulmón en una bolsa», que atrapa contaminación en un algodón para poder observarlo después con lupas y al microscopio. Para completar el estudio, harán un seguimiento constante de los datos registrados en las estaciones de MeteoGalicia y los incorporarán al estudio.
Tras el periodo de mediciones y el análisis de las muestras, deberán entregar un informe interpretando los datos. Les animan también a presentar propuestas visuales para reducir la contaminación en su colegio en un «anexo creativo». Los investigadores del Galicia Sur visitarán varias veces el centro, tanto para introducirles el proyecto, al principio, y presentar los resultados, al final, como para ofrecerles una sesión divulgativa sobre contaminación y hábitos saludables.

Pablo Juan Salvadores. / Pablo Hernández Gamarra
Pablo Juan destaca que los escolares pueden realizar «pequeños gestos» que, sumados, pueden generar impacto, y cita como ejemplos ir andando al colegio, gastar menos agua o apagar las luces cuando no hay nadie en el aula. Darse cuenta de que entre todos se pueden reducir las emisiones. Y hablarlo en casa, para contribuir a concienciar al resto de la familia. «Que sea una acción más transversal», desea y ansía que la Axencia Galega de Corazones Rotos tenga continuidad en el tiempo.
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