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Día de Galicia en Vigo

Caballero reivindica el paso de un Vigo «en branco e negro» a ser una ciudad «admirada en toda España»

El alcalde proclamó que Vigo será mundialista mientras «os que nos quixeron deixar fóra» continúan «escondidos nos abismos do inferno»

Defiende el éxito de una ciudad unida que tiende la mano a Galicia

Vigo celebra su acto institucional del Día de Galicia.

Jose Lores / Carlos Ponce / Edgar Melchor

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El alcalde de Vigo, Abel Caballero, aprovechó este miércoles su discurso institucional con motivo del Día de Galicia para reivindicar la transformación experimentada por la ciudad durante las dos últimas décadas y presentar a Vigo como un referente económico, cultural, urbanístico y social en España.

Caballero abrió su intervención recordando que hace veinte años era habitual escuchar la pregunta «En que provincia está Vigo?» y evocó una sucesión de titulares negativos sobre la ciudad para afirmar que aquel era «un Vigo en branco e negro». Frente a esa imagen, sostuvo que la ciudad emprendió «unha transformación profunda» que la convirtió en «unha cidade admirada, respectada e considerada un modelo a seguir en toda España». «Puxemos a Vigo no mapa e hoxe tantas e tantas cidades queren ser Vigo. Mírannos como un modelo de éxito e nós hoxe sentimos o orgullo de ser de Vigo», afirmó.

El alcalde sostuvo que Vigo ha tenido que abrirse camino pese a haber sido, según dijo, «relegada e marxinada» dentro de Galicia. Recordó que la ciudad no alberga instituciones como la capital autonómica, la Delegación del Gobierno o la sede del Tribunal Superior de Xustiza y lamentó que también fuese «ignorada» cuando se diseñó la alta velocidad ferroviaria. Pese a ello, aseguró que «agora, avanza con máis forza que ningunha outra cidade galega».

En su extenso discurso institucional repasó las principales actuaciones impulsadas por el Concello en ámbitos como la movilidad, la educación, la cultura, el deporte, el patrimonio, el urbanismo o las políticas sociales. Reivindicó desde la red de rampas, ascensores y escaleras mecánicas hasta las escuelas infantiles gratuitas, el programa Vigo en Inglés, las humanizaciones, la recuperación del patrimonio o el nuevo PXOM, que definió como un instrumento para impulsar vivienda «libres de especulación».

Uno de los momentos más contundentes llegó al referirse al Mundial de 2030. Tras asegurar que Balaídos se ampliará para albergar la cita futbolística, acusó a quienes, según él, intentaron excluir a Vigo. «Vigo será mundialista», proclamó después de denunciar que «os que nos quixeron deixar fóra do mundial» continúan «escondidos nos abismos do inferno» y «seguen maquinando. En Galicia e aquí en Vigo».

Las referencias al Gobierno central fueron constantes y siempre en tono de reconocimiento. Caballero atribuyó al Ejecutivo estatal el respaldo a proyectos como la salida sur ferroviaria, el AVE por Cerdedo, la autovía en túnel hasta O Porriño, las obras medioambientales o diversas actuaciones financiadas con fondos europeos. En contraposición, reprochó a la Xunta y a anteriores gobiernos haber dejado a la ciudad sin infraestructuras estratégicas y criticó especialmente la política de vivienda autonómica. «Tan só 62 vivendas terminadas en 18 anos e nin unha soa vivenda de alugueiro accesible», aseguró.

El alcalde también dedicó un amplio reconocimiento al delegado especial del Estado en la Zona Franca, David Regades, al que definió como «o mellor delegado de Zona Franca que houbo nunca» y del que destacó su papel para convertir el consorcio «nun auténtico dinamizador do crecemento de Vigo».

En el tramo final del discurso, ante los concejales del gobierno local y de la oposición (tanto BNG como PP), la vicepresidenta de la Diputación, Luisa Sánchez, la delegada de la Xunta, Ana Ortiz, el Comisario jefe de Vigo, Ramiro José Gómez, el Comandante Naval de Vigo, Jaime Toledano, el Teniente Coronel de la Guardia Civil, Óscar Grañas, y el Intendente Jefe de la Policía Local, Alberto Carballo, entre otras autoridades, volvió a comparar los titulares del Vigo de hace dos décadas con los actuales, citando los relativos al alumbrado navideño, las banderas azules, la limpieza, la calidad de vida o la situación económica de la ciudad. Cerró apelando a la unidad de Vigo y tendiendo la mano a Galicia, reivindicando que la ciudad «ocupa o lugar que lle corresponde en España e no mundo» y concluyó con un triple «Viva Vigo! Viva Galicia! Viva España!». 

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