Conciertos de verano
«Llevo aquí desde las cuatro de la mañana. Me gusta Chayanne desde niña, desde 'Salomé'»
Castrelos empezó a vivir el concierto de Chayanne mucho antes de que el artista puertorriqueño suba al escenario el próximo 30 de julio. Cientos de fans hicieron cola desde la madrugada para hacerse con una entrada y convirtieron la espera en una mezcla de tertulia, estudio, lectura y emoción compartida

Fans de Chayanne, en la cola para comprar entradas este martes. / Pablo Gamarra
«Llevo aquí desde las cuatro de la mañana. Me gusta Chayanne desde pequeña, desde Salomé», contaba Sara mientras esperaba en la cola. Su madrugón tenía una explicación clara: el próximo 30 de julio, el artista puertorriqueño Chayanne actuará en el auditorio de Castrelos, uno de los conciertos más esperados de la programación de verano de Vigo.
La espera, larga y calurosa, dejó escenas de todo tipo. Hubo clubes de lectura improvisados, opositoras repasando apuntes para octubre y jóvenes estudiando el teórico del carné de conducir. Cualquier plan servía para matar las horas antes de conseguir una entrada para una cita que desató la ilusión entre varias generaciones.
«Nosotras venimos desde Sanxenxo, pero que no te extrañe que aquí haya gente de más lejos», afirmaban al unísono las últimas de la cola. Digna y Gloria llegaron a las 12.30 horas al auditorio con la esperanza de hacerse con alguna entrada. «Ya sabemos que las de la mañana son imposibles, pero malo será que de las 2.000 de la tarde no consigamos alguna», decía Gloria. Su amiga Digna, sin embargo, rebajaba el optimismo: «Acuérdate de que necesitamos cuatro». La misión, por tanto, se complicaba.

Un grupo que acudió de madrugada a Castrelos. / Pablo Gamarra
No era para menos. Chayanne llega a Vigo con su gira «Bailemos otra vez», después de llenar recintos en distintos puntos de su gira, y el precio de las entradas resultaba especialmente atractivo: 15 euros para ver en directo a uno de los grandes nombres de la música latina. Por eso estaba allí Marina, acompañada de su hija y esperando desde las cuatro de la mañana. «Me quedé sin entradas para A Coruña. No puedo no verlo, es mi cantante favorito», explicaba.
Marina y Sara consiguieron sus entradas a las 12.21 horas, después de más de ocho horas de cola. La espera, lejos de hacerse insoportable, les dejó también una nueva amistad. Se conocieron allí, entre sueño, nervios e ilusión, y terminaron celebrando juntas el objetivo cumplido. «Es nuestra primera vez viéndolo y estamos muy ilusionadas. El tiempo de espera es lo de menos», aseguraban.
Aunque muchos siguen a Chayanne desde la infancia o la juventud, el público de Castrelos no estaba formado solo por nostálgicas. También hubo adolescentes atraídas por el FOMO, la expresión inglesa que alude al fear of missing out, el miedo a perderse algo. Esa fue la razón que llevó a Carla, Sofía y Valeria, de 17 años, a sentarse en sus sillas de playa mientras hacían pulseras con gomas. «No conocemos mucho a Chayanne, pero el FOMO nos puede», reconocía Carla. Las tres se plantaron en Castrelos con sus accesorios veraniegos para no quedarse fuera de uno de los conciertos que ya se comentan como imprescindibles del verano.

Fans de todas las edades para ver al artista puertorriqueño. / Pablo Gamarra
Un poco más atrás estaban Raquel, Daniela, Mónica, María y otra Carla. También se conocieron en la cola y alternaron la espera entre tertulia y lectura. Carla avanzó páginas de Donde no puedes encontrarme y María hizo lo propio con Black Bird Academy. La adulta del grupo, Mónica, también leyó, aunque un material menos literario. En octubre se presentará a las oposiciones de Técnico de Imagen para el Diagnóstico y aprovechó la mañana para repasar. «No podía perderme el concierto y tampoco dejar de estudiar. Traerme la libreta me pareció la mejor idea», contaba.
Algo parecido hizo Giuliana, que tiene examen de conducir el próximo viernes y utilizó la espera para repasar el manual de la autoescuela. Había llegado a las seis de la mañana y tenía clara la recompensa. «Chayanne me gusta sobre todo por mi madre. Nunca lo vi en concierto y estoy muy ilusionada», afirmaba.
Castrelos se llenó durante horas de sillas, mochilas, apuntes, conversaciones y expectación. Algunas estaban allí por fanatismo, otras por nostalgia y otras por miedo a quedarse fuera. En tiempos de inmediatez, la larga cola por Chayanne dejó una escena casi antigua y, al mismo tiempo, muy viva: personas dispuestas a esperar juntas durante horas por una canción, un recuerdo o una noche que todavía no ha llegado, pero que ya empezó a vivirse en Vigo.
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