Doblaje de obras audiovisuales
Detrás del micrófono: el estudio vigués que pone voz a los gigantes audiovisuales
'Culpa Nuestra', 'Avatar', 'Astérix y Obelix', 'El señor de los anillos', 'Mi vida con 300 kilos' o 'Ferrari' son algunas de las producciones audiovisuales dobladas al castellano y gallego de la mano de Cinema Iberolusa. El estudio vigués fue el primero en doblar en gallego para Netflix y se sitúa ya como referente en el sector

Jose Lores
Cuando comienza una obra audiovisual, la atención del espectador suele quedarse atrapada en la pantalla. Los actores ocupan el primer plano y la música marca el ritmo mientras la historia avanza sin apenas darse cuenta de todo lo que ocurre fuera de campo. Sin embargo, detrás de cada diálogo doblado existe un equipo de profesionales que trabajan para que la magia del cine funcione sin que el público perciba el truco. Ese trabajo silencioso tiene uno de sus escenarios en Vigo, donde Cinema Iberolusa lleva más de un cuarto de siglo demostrando que Galicia también habla el idioma de las grandes producciones internacionales.
Fundado en 1997 por Francisco José Rey García, el estudio nació tras la experiencia acumulada por su creador en otras empresas del sector. Con el paso de los años ha evolucionado hasta convertirse en un referente del doblaje y la postproducción audiovisual. Hoy, desde sus instalaciones de Alcabre, salen producciones destinadas a plataformas como Netflix, Prime Video, AMC o Discovery Channel. Drácula, Marty Supremme, Astérix e Obélix: O combate dos xefes, Culpa Nosa, O Señor dos Aneis: Os Aneis de Poder o Avatar: A Lenda de Aang son algunos de sus trabajos más recientes doblados al gallego.
«Hemos estado peleando durante muchos años para poder entrar a trabajar con ellos», resume Dani Rey, uno de los actuales jefes del estudio. «Netflix es un cliente más —añade—, pero es una plataforma muy conocida que tiene títulos bastante potentes, con lo cual eso es un premio».
Mucho más que poner una voz
Aunque el espectador solo escuche el resultado final, el recorrido de una producción es mucho más complejo de lo que parece. Todo comienza cuando el cliente envía el material. A partir de ahí, se ponen en marcha la traducción, el ajuste del guion, el reparto de actores, la grabación y la mezcla final.

Uno de los estudios de doblaje de la academia. / Jose Lores / FDV
«Nosotros nos buscamos la vida para explicarlo en castellano o gallego. Da igual que el original venga en inglés, japonés, coreano, finlandés o incluso kazajo. Adaptamos el texto para que funcione en nuestro idioma sin perder la esencia del original», explica Dani Rey. Ese proceso exige una precisión casi «quirúrgica» para desarrollar un producto de calidad.
«Dicen que un buen doblaje, igual que un buen diseño, cuanto menos se note, mejor hecho está», señala Bruno Doiro, actor de doblaje y coordinador de formación del estudio. Por ello, afirma que la «intención es siempre respetar el original, no hacerlo mejor ni peor».
La confidencialidad de Netflix
En los últimos años, Cinema Iberolusa ha incrementado su volumen de trabajo para plataformas internacionales. Doblar para estas compañías, como Netflix o Amazon, implica convivir con un estricto nivel de confidencialidad. Existen certificaciones específicas y protocolos muy exigentes. «Lo más difícil muchas veces es no poder contar en qué estás trabajando hasta que el proyecto ya se ha estrenado», confiesa Doiro.
Si hubiera un villano en esta historia, probablemente sería el reloj. Tanto Dani Rey como Bruno Doiro subrayan que la reducción constante de los plazos de entrega es uno de los mayores desafíos y definen al tiempo como «la mayor sombra que tiene ahora mismo la profesión». «Antes teníamos tiempo para hacer las cosas con calma», recuerda Rey. «Ahora muchas veces la industria pide más barato, más rápido y mejor. Hay clientes que preguntan cuánto costaría hacer un programa entero en un solo día. Eso significa que todo el mundo trabaje exclusivamente en eso durante toda la jornada», señala.
Los tres pilares del doblaje
A diferencia de lo que muchos imaginan, los actores llegan al estudio en la mayoría de ocasiones sin apenas información previa sobre el personaje que van a interpretar. «No sabemos qué vamos a doblar hasta que estamos delante del atril», asegura Doiro. «Nos convocan, vemos el take un par de veces y ya hacemos pruebas para grabar. Es un trabajo que nos exige estar muy al toque».

Bruno Doiro, actor de doblaje y coordinador de los cursos de Cinema Iberolusa. / Jose Lores / FDV
Los expertos consideran que el éxito de la profesión se basa en tres pilares fundamentales: dicción, interpretación y sincronía. «Que se te entienda al hablar, ser capaz de transmitir emociones y conseguir que todo encaje con el movimiento del actor original. Cuanto más domines esas tres cosas, más posibilidades tendrás», afirma el coordinador. Esos tres factores se trabajan en la academia.
Formar a las voces del futuro
Cinema Iberolusa ha decidido reforzar también su apuesta por la formación. El estudio acaba de presentar Cursos Iberolusa, un proyecto que arranca respaldado por el éxito del intensivo de locución publicitaria, recién celebrado. La oferta formativa se centra en un aprendizaje práctico con grupos reducidos en las salas de grabación ubicadas en Alcabre.
Los profesores son directores y actores en activo con el objetivo de ofrecer una formación práctica y real de la mano de los que «mañana mismo te van a estar dirigiendo en un atril profesional», tal y como argumentan desde la organización. Existen dos modalidades. La de iniciación, para dominar «desde cero» las herramientas técnicas y expresivas de la voz, y la de perfeccionamiento, con el fin de pulir dicha técnica y ganar experiencia.
El estudio también se ha convertido en un actor fundamental para el crecimiento del doblaje en gallego. De hecho, fue el primero en llevar producciones de Netflix en este idioma. «Yo siempre he hablado gallego porque adoro mi tierra, pero mi familia no lo habla y, gracias a esto, ahora en casa hablo gallego», cuenta Doiro.
La IA entra en escena
Otro de los grandes debates que atraviesa actualmente al sector tiene nombre propio: inteligencia artificial (IA). Para impedir que las grabaciones de sus actores puedan utilizarse para entrenar modelos de IA sin autorización —una acción que preocupa especialmente a los profesionales—, el sector ha incorporado una cláusula específica —la cláusula IA— en sus contratos .
«A nivel de doblaje actoral, lo que más nos viene de IA son referencias. Por ejemplo, para medir la duración de los vídeos y cuando llega aquí lo doblamos con voz humana. Por lo que estamos percibiendo, la IA no termina de convencer como motor artístico», comenta Bruno Doiro. «A nivel personal, creo que siempre hay cosas de la voz humana que no se pueden emular», concluye.
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