El origen de un barrio
Mariluz Carmuela, la memoria viva de O Berbés
Mariluz Carmuela lleva 77 años viviendo en la misma casa de O Berbés, la vivienda que alquilaron sus abuelos marineros y por la que han pasado ya cuatro generaciones de su familia. Desde su ventana ha visto desaparecer la playa, el comercio, los niños en la calle y buena parte de la vida de un barrio que fue el origen marinero de Vigo.

Jose Lores
Hay casas que no solo guardan muebles, fotografías o recuerdos familiares. También conservan la memoria de un barrio entero. La de Mariluz Carmuela es una de ellas. A sus 77 años, esta vecina de O Berbés sigue viviendo en el mismo piso en el que nació, la vivienda que sus abuelos alquilaron para formar una familia cuando el barrio todavía miraba directamente al mar.
Cuatro generaciones han pasado por esa casa. Sus abuelos, vinculados a la vida marinera del Vigo de entonces, fueron los primeros en habitarla. Después llegó su madre. Luego ella. Y ahora también sus hijos. «Mi abuela me contaba cómo llegaba la playa casi hasta la puerta de casa», recuerda Mariluz, sentada junto a su hijo mientras repasa una historia que se confunde con la del propio barrio.

El bisabuelo de Mariluz, preparando el palangre en O Berbés. / Cedida
«Mis abuelos se dedicaban los dos al mar. Mi abuela era pescantina y mi abuelo, marinero. Eran del Berbés de toda la vida y decidieron alquilar esta casa para formar una familia», explica. Allí nació su madre y allí nació también ella. Solo hubo un paréntesis en esa biografía pegada a O Berbés: los ocho años que vivió en Asturias. El resto de su vida transcurrió en el barrio que la vio crecer.
La casa, sin embargo, ya no es exactamente la misma. Las generaciones cambian, y con ellas también los muebles, los gustos y la forma de habitar los espacios. «La verdad es que ya no queda nada de cómo estaba antes amueblada. Las modas cambian y yo fui poniéndola a mi gusto», asegura. Su hijo, Alberto, intenta llevarle la contraria: «Yo creo que queda el butacón rojo, eso era de la bisabuela, ¿no?». Después de una pequeña discusión familiar, Mariluz zanja el debate: «Eso lo compré yo. Cuando te traje las camas».

La propia Mariluz, siendo un bebé, en el barrio. / Cedida
Lo que sí ha cambiado, y mucho más que la casa, es el barrio. «El Berbés ha cambiado muchísimo desde que estoy aquí. Esto antes tenía mucha vida, ahora ya no queda casi nada», lamenta. La frase resume la transformación de uno de los lugares más emblemáticos de Vigo, germen de la ciudad marinera y durante décadas núcleo de actividad vinculada al puerto, al pescado y al pequeño comercio.
Antes, el mar era el protagonista. Ahora apenas se intuye. Donde hubo una relación directa con la playa, las barcas y la vida pesquera, hoy quedan calles más silenciosas, bajos cerrados y una memoria que sobrevive sobre todo en quienes aún recuerdan aquel barrio lleno de movimiento. También desaparecieron muchas escenas cotidianas: los niños jugando hasta la hora de cenar, los comercios de proximidad, las fiestas propias que se celebraban cada 24 de agosto.

Vista general de O Berbés, a finales de los años 20. / Archivo Pacheco
El Vigo trabajador y marinero
O Berbés fue durante mucho tiempo una de las mejores representaciones del Vigo trabajador y marinero: un núcleo popular, pegado al mar, sostenido por familias que vivían del puerto y de sus oficios. Hoy queda poco de aquella realidad. O casi nada. Salvo vecinos como Mariluz, que siguen habitando el barrio no solo por costumbre, sino por pertenencia.
Vivir allí, reconoce, tampoco es sencillo. «Si quieres comprar algo tienes que ir a Torrecedeira», explica. A eso suma ahora las molestias de las obras del Barrio do Cura, que asegura que están afectando a su vivienda. «Me están destrozando la casa», lamenta. Aun así, no se plantea marcharse. Su vida está anclada a ese lugar con una firmeza que no entienden los planos urbanísticos ni las transformaciones de la ciudad.
Sentada en los bancos frente a su casa, Mariluz observa lo que fue y lo que queda. Por esa vivienda pasaron sus abuelos, su madre, ella y sus hijos. Por esa calle pasó también buena parte de la historia de Vigo. El barrio ha cambiado, el mar se ha alejado y la vida de antes se ha ido apagando, pero su presencia mantiene abierto un hilo con aquel Berbés que ya casi solo existe en la memoria.
«Yo seguiré aquí hasta que me muera», dice. Y en esa frase cabe toda una forma de resistencia.
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