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Salud mental

La depresión no se coge vacaciones

Celsa Rodríguez, paciente que ha superado una depresión, y Jacobo Torrón, médico psiquiatra en el hospital El Pinar de Vigo, hablan sobre cómo afrontar esta patología cuando llega el verano. Cada uno desde su posición —ella desde la experiencia vivida y él desde la consulta— pone voz a una realidad que no siempre se entiende desde fuera: descansar no siempre significa estar mejor

Celsa Rodríguez, paciente con depresión.

Celsa Rodríguez, paciente con depresión. / Cedida

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Después de un curso intenso y de meses de trabajo, llega el momento de parar. El verano se asocia al descanso, al ocio y a una cierta obligación de estar bien. Pero la depresión no entiende de calendarios ni se interrumpe porque empiecen las vacaciones. Para muchas personas, precisamente ese parón puede convertirse en un terreno difícil: cuando desaparecen las rutinas, aparece más espacio para pensar.

«La depresión se genera por múltiples motivos», explica el doctor Jacobo Torrón desde su consulta en El Pinar. El psiquiatra recuerda que no se trata simplemente de estar triste o llorar. «Esta patología es un síndrome que engloba un conjunto de síntomas. Las personas piensan que estar deprimido es estar triste o llorar, pero es más que eso. Aunque sean síntomas, estos deben ser observables durante 14 días o más para que se considere depresión», señala.

Torrón incide en que cualquier persona puede atravesar un episodio depresivo a lo largo de su vida, aunque existan factores que aumenten el riesgo. «Hay factores, como la personalidad, que nos hacen ser más propensos a padecer una depresión. Con todo, la potencialidad de todos sigue estando ahí», apunta.

Con la llegada de las vacaciones surge una pregunta inevitable: ¿cómo se afronta la depresión cuando, en teoría, toca descansar? Uno de los síntomas más frecuentes es la rumiación, esa permanencia de un pensamiento en bucle que se repite una y otra vez. «Al pasar etapas de elevado cortisol, la hormona del estrés, la persona se queda vacía cuando no tiene nada que hacer. Es en ese momento cuando comienza a plantearse cuestiones existenciales y la rumiación empieza», explica el médico.

Celsa Rodríguez, paciente de Torrón durante años, reconoce esa sensación. «Efectivamente, siempre estaba mal, pero es verdad que cuando las vacaciones empezaban la cabeza daba más vueltas», recuerda. Su testimonio confirma que los periodos considerados socialmente como tranquilos o felices no tienen por qué vivirse así por todo el mundo.

No es que el verano sea, por sí mismo, negativo. El problema aparece cuando el descanso se convierte en vacío. Durante los meses de trabajo, estudio u obligaciones, muchas personas encadenan tareas y apenas tienen tiempo para detenerse. Al parar, aflora lo que estaba tapado por la actividad diaria. De ahí la frase que resume bien este proceso: «El que no se ocupa se preocupa».

Dr. Torrón: «El que no se ocupa se preocupa»

Dr. Torrón: «El que no se ocupa se preocupa». / Cedida

Para evitar que ese espacio libre se convierta en un enemigo, el doctor Torrón insiste en la importancia de conservar una estructura. «Lo importante es establecerse una rutina», afirma. Hacer planes, practicar deporte, mantener una alimentación saludable y cuidar el sueño son algunas de las pautas básicas. «No se trata de no parar de trabajar o estudiar, sino de desarrollar un conjunto de planes para hacer de manera fija al día», añade.

Celsa lo vivió de forma parecida. Después de 30 años de enfermedad, asegura que la falta de rutina podía empeorar su estado. «Al llegar el período vacacional incluso me ponía peor. Al pasar épocas de elevado estrés me quedaba sin cosas claras que hacer. Entonces no me centraba y la rutina desaparecía», relata.

La depresión puede imaginarse como un pozo. A medida que se desciende, el aire parece más escaso y la salida más lejana. La posición de cada persona dentro de ese pozo cambia según su momento vital, sus apoyos, sus hábitos y su capacidad para pedir ayuda. El verano, con su ruptura de horarios y obligaciones, puede modificar ese equilibrio.

Por eso conviene no frivolizar con una enfermedad que no se resuelve con unos días libres ni con una escapada a la playa. En un tiempo en el que se habla cada vez más de salud mental, sigue siendo necesario recordar que la depresión no siempre nace de un curso agotador, de un mal ambiente laboral o de una situación límite evidente. A veces, no hacer nada también puede ser difícil de sostener.

Ahí, insisten los profesionales, es donde la atención especializada resulta fundamental. Porque la depresión no se coge vacaciones. Y aprender a ocupar el tiempo, sin convertirlo en una huida, puede ser una parte importante del camino para salir adelante.

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