Viajes
La nueva generación del Interrail: así recorren Europa los jóvenes gallegos de hoy
Lejos de desaparecer, el Interrrail se reinventa. La tecnología ha cambiado la manera de organizar el viaje, pero la convivencia, los imprevistos y el aprendizaje siguen siendo el verdadero destino de quienes se embarcan en esta aventura

Amigas de Carolina Pérez de camino a Bruselas / Carolina Pérez
Mochila al hombro, un pase de tren en el móvil y varias semanas por delante para recorrer Europa. El Interrail sigue siendo, medio siglo después de su creación, uno de los viajes soñados por miles de jóvenes cada verano. Sin embargo, la experiencia ha cambiado. Antes predominaban los mapas de papel, no había móviles y no estaba todo organizado al milímetro. Ahora, las rutas se organizan desde aplicaciones móviles, los vuelos baratos no pasan desapercibidos, se buscan consejos y destinos por TikTok y el presupuesto — marcado por el aumento del coste de los transportes y alojamientos — está calculado teniendo en cuenta hasta el más mínimo detalle.
Aun así, el Interrail sigue manteniendo el mismo objetivo: recorrer el continente europeo. Continúa siendo la mejor excusa para descubrir ciudades, conocer a jóvenes viajeros y ganar independencia lejos de casa. Lo que comenzó como un pase dirigido a menores de 21 años acabó convirtiéndose en una de las experiencias viajeras más reconocibles entre varias generaciones.
El Interrail nació en 1972 con le objetivo de fomentar que los jóvenes europeos conocieran otros países del continente a través del ferrocarril. Aquella iniciativa, inicialmente dirigida para menores de 21 años, acabo convirtiéndose en un rito que pasó de generación en generación. Más de cinco décadas después, los jóvenes siguen pensando en el Interrail como una de las mejores formas de recorrer Europa.
Además, gracias a programas como DiscoverEU — una iniciativa de la Unión Europea — miles de jóvenes de 18 años disfrutan de un pase gratuito para recorrer Europa en tren. Una iniciativa que busca fomentar la movilidad entre los más jóvenes.
Pero la mayor transformación no está en el billete, sino en la forma de organizar el viaje. Las redes sociales se han convertido en una fuente de inspiración casi imprescindible. Miles de jóvenes se guían por TikTok o Instagram a la hora de elegir países de destino, de organizar las rutas de viaje o de descubrir consejos para ahorrar dinero. También plataformas como Reddit ayudan a resolver dudas gracias a la experiencia de otros viajeros, mientras aplicaciones como Rail Planner, Google Maps, Booking o Hosterlworld forman parte del equipaje digital de cualquier interrailero.
La planificación tampoco se queda atrás. Hay quienes siguen prefiriendo improvisar por el camino, mientras que otros organizan el viaje con meses de antelación. Buscan alojamientos, planifican trayectos… especialmentee durante el verano cuando la demanda aumenta. El teléfono móvil ha sustituido a las guías de viaje y concentra toda la información necesaria para viajar por Europa.
Además, cada interrail es distinto. Cambian las rutas, los presupuestos y las motivaciones, pero hay algo que todos tienen en común: las experiencias y los aprendizajes que cada viajero se lleva de vuelta a casa.
Cuatro jóvenes, cuatro formas de recorrer Europa
«Aprendes a organizarte, a convivir y a resolver problemas sobre la marcha», comenta Enzo Labrín sobre su experiencia en el Interrail. Para él, y su grupo de 7 amigos, el viaje empezó mucho antes de subirse al primer tren. Como organizar el viaje a través de una agencia resultaba demasiado caro, se repartieron el trabajo y lo organizaron entre todos. «Nos salió mucho mejor de precio y creo que fue un acierto», comenta.
La experiencia fue mucho más que visitar ciudades. Tuvieron que lidiar con distintos imprevistos como: trenes que no llegan, pérdidas de documentación, hacer transbordos en apenas dos minutos.

Enzo Labrín y su grupo en Paris / Autor desconocido
Además, las anécdotas tampoco faltaron. Una de las más recordadas ocurrió en la estación de Roma. Uno de los viajeros olvidó cargar el teléfono móvil donde llevaba el pase digital del Interrail. Otro amigo se bajó del tren para prestarle una batería portátil, pero el convoy arrancó antes de que pudiera volver a subir. El resultado fue que se quedó en el andén mientras su equipaje y su pase físico continuaban viaje. «Entre todos acabamos pagando el nuevo billete porque él solo estaba ayudando a un compañero», recuerda.
Aunque tiene buen recuerdo del viaje, considera que el interrail es hoy bastante menos accesible que hace algunos años. «Además del pase, muchos trenes te obligan a pagar reservas y los alojamientos en ciudades como Ámsterdam son muy caros. Al final tienes que buscar muchas alternativas para que el presupuesto cuadre».
Algunos buscan la ayuda de una agencia. Es el caso de Carolina Garea y su grupo. Ellos eligieron la ruta, mientras que la agencia se encargó de gestionar el pase de interrail, los hoteles y los vuelos.
Carolina considera, al igual que Enzo, considera que es un viaje en el que aprendes muchísimo y, principalmente ganas autonomía. «Aprendes a moverte por un país que no es el tuyo y a llegar a tiempo a todo bajo tu responsabilidad. Con 17 o 18 años eso te hace madurar bastante», destaca.

Carolina Garea y sus amigos / Autor desconocido
Entre los recuerdos más curiosos guarda una tormenta que les impidió visitar el parque de atracciones de Prater en Viena, su principal punto de interés en la ciudad. «Después de diez días de sol, empezó a diluviar y lo cerraron por seguridad», recuerda.
También, hay quien repite el Interrail, como es le caso de Carolina Pérez y sus amigas, que decidieron hacerlo dos años consecutivos. El primero las llevó por algunas de las ciudades más comunes entre los viajeros, pero el segundo les permitió descubrir otros destinos más «exóticos» como Hamburgo, Bremen, Copenhague, Oslo o Estocolmo. Sin apenas experiencia y con un nivel de inglés muy desigual entre ellas, se lanzaron a la aventura.

Carolina Pérez y su amiga Candela Castro en Viena / María Carballo
No salió todo según lo previsto. «Nos robaron la mochila en Bruselas», comenta. Tuvieron que ir a la comisaría a presentar una denuncia y «la verdad que nos vacilaron un poco», pero aunque el trato no fuera lo esperado, recuerdan este episodio como una anécdota graciosa. Tampoco olvidan el móvil que acabó buceando por las aguas de Copenhague.
Más allá de los contratiempos, considera que el mayor aprendizaje del Interrail es la autonomía. «Aprendes a buscarte la vida cuando no tienes dinero, a organizarte económicamente y a salir adelante por tu cuenta». Este aprendizaje lo comparte casi todos los viajeros jóvenes cuando salen de su zona de confort. Además, enfatiza en el contacto con otras culturas. «Europa tiene una historia enorme y viajar así te permite entender mejor la diversidad que existe entre unos países y otros».
A diferencia de todos ellos, que ya han regresado, Saínza Arias es una joven de 18 años y recién terminada la PAU, que se encuentra actualmente en su viaje por Europa. Su grupo, de 13 personas, tuvo que dividirse en dos a la hora de organizar el viaje: una parte recurrió a una agencia, mientras que otros lo organizaron por su cuenta. «Ponernos de acuerdo era casi imposible, también porque muchos todavía somos menores y las madres querían participar en la organización», explica.
En apenas unos días ya ha vivido algunos imprevistos, como la cancelación de un tren ente Venecia y Viena, que les obligó a buscar un hotel a última hora y perder buena parte de la visita a la capital austríaca. «Son cosas que pasan y que al final también forman parte del viaje», afirma.

Saínza Arias y su grupo de trece en Budapest / Autor desconocido
Al igual que a los demás, a Saínza el viaje le está enseñando a gestionar el dinero y a convivir con un grupo numeroso. «Hasta que lo haces no eres consciente de lo que cuestan las cosas. Estamos comprando comida en el supermercado para ahorrar y también aprendes que es imposible que trece personas quieran lo mismo», comenta.
Cada grupo regresa con una ruta distinta y un puñado de anécdotas que solo entiendes quienes las vivieron. Un tren perdido, una mochila robada o una tormenta inesperada, terminan convirtiéndose, con el paso del tiempo, en algunos de los mejores recuerdos del viaje. Pueden haber sido distintos viajes, pero todos comparten un pensamiento en común, y es que aparte de las experiencias vividas, han evolucionado como personas. El interrail te ayuda a madurar, a comprenderte un poco mejor a ti mismo y a los que te rodean y, sobre todo, a saber como es vivir fuera de tu zona de confort — aunque sea un breve tiempo y saltando de país en país —.
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