El verano ya no es solo vacaciones: cada vez más jóvenes vigueses cambian la playa por el trabajo
Mientras unos aprovechan los meses de verano para descansar, otros deciden incorporarse al mercado laboral. Ahorrar para pagar la universidad, ayudar en casa, ganar independencia económica o adquirir experiencia son algunas de las razones que llevan a cambiar la playa por uniforme durante las vacaciones.

Sara Balda durante su turno de trabajo en la frutería / Fdv
Llega el verano, el calor, el agua fría de la nevera, los helados, las fiestas de pueblo… y lo único en lo que piensan los jóvenes es en disfrutar al máximo sus vacaciones antes de volver al estrés y al agobio de las clases. Pero no todos, cada vez son más los adolescentes que aprovechan su verano para trabajar. A veces por ayudar en el negocio familiar, otras para ganar algo de dinero y poder comprar sus caprichos, para aprender y ahorrar, o incluso porque no tienen otra opción. Cada uno tiene un motivo diferente, pero todos coinciden en un pensamiento común: trabajar en verano.
Detrás de esta decisión colectiva hay cifras que lo respaldan. En Galicia, las playas, las terrazas, los festivales y el constante flujo de peregrinos en el Camino de Santiago se convierten en el primer escenario laboral para miles de ellos. De hecho, los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE) reflejan que el verano es un motor clave: el desempleo de los menores de 25 años en la comunidad desciende en el tercer trimestre hasta el 17,5%, una cifra que sitúa a Galicia notablemente mejor que la media española, que suele superar el 25%. El sector servicios absorbe casi por completo esta demanda, ofreciendo una oportunidad estival que, para muchos, es solo el principio.
Pese a ello, el mercado laboral estival también deja al descubierto una paradoja. Ya que muchos jóvenes no buscan un empleo cuando terminan las clases. En sectores como la hostelería, el comercio o el ocio son habituales las quejas por la dificultad para encontrar personal durante la temporada alta, especialmente entre los más jóvenes, muchos de los cuales prefieren dedicar el verano al descanso, los viajes o el ocio antes de incorporarse al mercado laboral.
Quienes sí dan el paso lo hacen, además, por motivos muy diferentes. Para algunos supone renunciar a parte de sus vacaciones a cambio de una ansiada independencia económica; para otros, es la única forma de costearse los estudios universitarios o afrontar los gastos del siguiente curso. La temporalidad y las jornadas intensivas marcan el ritmo de una juventud gallega que, entre barras de bar, cajas de supermercado o coordinando campamentos de ocio, cambia los días de playa por madrugones y turnos de noche.
Sara Balda: «Empecé a trabajar para generar mis ahorros y poder pagarme las cosas con mi propio dinero»
Para Sara Balda, viguesa de 19 años, trabajar en verano no viene ligado a poder comprarse a algún capricho, sino que lo hace por necesidad. Este será su segundo verano trabajado — comenzó en 2025 y repite —con un objetivo claro: ahorrar para afrontar los gastos de la universidad, donde el próximo curso comenzará el Grado en Psicología en la Universidad de Santiago de Compostela (USC). «No soy de una familia con mucho dinero y la beca no nos iba a llegar ni de broma», explica. «Empecé a trabajar para generar mis ahorros y poder pagarme las cosas con mi propio dinero».

Sara Balda trabajando en el supermecado / FdV
Su empleo en un pequeño supermercado de Panxón también ha cambiado su forma de vivir las vacaciones. Los turnos, los desplazamientos y la dificultad para coincidir con sus amigos hacen que tenga que renunciar a muchos planes. «No diría que se puede disfrutar del cien por cien del verano. Hay muchas cosas que te pierdes, sobre todo viajes o escapadas, pero también hay que sacrificar unas cosas por otras», reconoce.
Aunque reserva una pequeña parte del sueldo para salir a tomar algo o comprarse alguna prenda de ropa, insiste en que el grueso de sus ingresos está destinado a financiar sus estudios. «Todo lo que estoy generando no es para gastar en ocio, es para la futura carrera que voy a hacer», afirma. Pese al esfuerzo, asegura que la experiencia compensa: «Siempre que se pueda trabajar hay que hacerlo, no solo por el dinero, sino por la experiencia y la madurez».
Mientras que Sara Balda ve el trabajo como la única forma de costearse el inicio de la universidad, Daniel Fiel Fernández afronta su primer verano laboral con otra motivación: empezar a construir su independencia económica antes de que sea una necesidad. Este verano combina las mañanas en Barbanza Baños, la empresa de su padre, con tres semanas como monitor en los campamentos del Val Miñor, donde ya había realizado prácticas como entrenador.

Daniel Fiel en le campo del ED Val Miñor / FdV
Aunque reconoce que el sueldo es un incentivo, su principal objetivo: construir un colchón económico antes de independizarse. «Ahora vivo con mis padres, no pago casa ni comida y todo lo que gane puede ser para ahorrar», explica. También busca asumir con su propio dinero los pequeños gastos del día a día. «Si salgo con mis amigos o quiero tener un detalle con mi novia, prefiero pagarlo yo y ahorrarle ese gasto a mis padres».
Más allá del aspecto económico, destaca el valor de la experiencia. Aprender a gestionar grupos, conocer el funcionamiento de una empresa y adquirir responsabilidades son, para él, aprendizajes que rara vez se adquiere en las aulas. «Hay cosas que no las aprendes hasta que empiezas a trabajar».
Distintas motivaciones entre los jóvenes que reflejan una misma realidad: para una parte de la juventud viguesa, el verano ya no solo se mide en días de playa o fiestas populares, sino también en turnos, nóminas y la oportunidad de construir su futuro desde su primer empleo.
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