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Apuntes contra el olvido

El diario secreto de Odile Mansuy: cómo anotar la vida diaria desde 1962 se convirtió en una pasión y una herramienta para mantener el orden en su hogar de Vigo

A sus 78 años, Odile Mansuy continúa escribiendo, desde 1962, un relato exhaustivo de todo cuanto sucede en su día. Esta viguesa de sentimiento, que llegó a la ciudad por amor y se casó con el escultor Silverio Rivas, ha dedicado su vida a la gestión y administración de su hogar, con esas «crónicas de la vida cotidiana» como una herramienta primordial para mantener el orden y el buen funcionamiento de su vida

Odile Mansuy, en su casa de Vigo, toma notas en su diario.

Odile Mansuy, en su casa de Vigo, toma notas en su diario. / Carolina Perez

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Existen pocas cosas que se le escapen a Odile. Esta mujer, procedente de un lugar próximo a Nantes, en Francia, anota todo lo que hace a lo largo del día desde 1962. De manera regular, Odile Mansuy escribe cada jornada en su libreta lo que ella denomina «crónica de la vida cotidiana».

«Es una costumbre que ya viene de muy atrás. Mi madre y mi abuela ya lo hacían», comienza a explicar Odile sobre el origen de este curioso hábito. «Mi abuela nació en 1883 y mi madre en 1913, ¡así que ya te puedes imaginar desde cuándo viene esto!», declara. En 1962, cuando tenía 14 años, se compró una pequeña libreta para seguir el ejemplo que su abuela y su madre le habían inculcado. «Es cierto que mi abuela solo anotaba los gastos y mi madre no era tan exhaustiva como yo. En mi caso, ¡anoto hasta el tiempo que hace! Pero sí, la razón de haber comenzado con esto fueron mi abuela y mi madre».

Algunos de los diarios que Odile Mansuy escribe desde 1962.

Algunos de los diarios que Odile Mansuy escribe desde 1962. / Carolina Pérez

Cada día, durante dos minutos, Odile se sienta en su silla y anota lo que ha hecho. Desde lo que compra en el supermercado hasta los nombres y apellidos de las personas con las que va a tomar café, además del tiempo, claro. «La memoria falla mucho, ¿sabes?», explica Mansuy para razonar el porqué de este curioso hábito. «De esta manera me aseguro de saber con total certeza cómo aprovecho mis días. Qué hago con ellos y cómo aprovecho el tiempo. Además, al anotar los gastos también controlo en qué invierto. Así siempre sé el dinero que tengo, cuánto salió y cuánto queda».

Sobre la forma de escribir, todo está perfectamente pensado. Desde 1972 compra dietarios para escribir esa «crónica» y, desde hace no mucho, utiliza los de la marca Dohe. Antes, las libretas pequeñas eran las encargadas de cumplir ese cometido. Además, según la información que relata, escribe de un color u otro: «El azul es para temas relacionados con el trabajo, el verde para lo económico y el rojo para anécdotas de los paseos diarios», explica.

Odile Mansuy, con la ría al fondo.

Odile Mansuy, con la ría al fondo. / Carolina Pérez

Al final, lo que hace Odile no es otra cosa que relatar la intrahistoria, es decir, la historia de la gente común, de las vidas cotidianas de la sociedad. Es, sin quererlo, una fuente de información muy valiosa. «No lo hago por esta razón, pero sí pensé varias veces en cómo este hábito que tengo en mi rutina podría ayudar mucho a científicos y estudiosos del futuro», afirma. Y es cierto. De esta manera, se pueden elaborar informes sobre cómo ha cambiado la sociedad de forma rigurosa y veraz. Odile conserva recortes de periódicos de 1974 y recibos de la compra de cuando aún se pagaba en pesetas. Además, saber el tiempo que hizo en 1999 puede ayudar a entender cómo, por ejemplo, el cambio climático se ha instalado ya en nuestra vida cotidiana.

«La verdad es que tener estas libretas también me ha generado situaciones curiosas», afirma entre risas. «Una vez, una amiga estaba discutiendo sobre el tiempo que había hecho en Vigo en una fecha concreta de agosto de 1992. Como no llegaban a un acuerdo, dijo enfadada: '¡Vamos a llamar a Odile!'. Gracias a tenerlo todo anotado, supe decirle el tiempo, con su temperatura y el estado de las nubes. Así, el asunto quedó zanjado». Con esta anécdota, que podría parecer simplemente curiosa si no fuera por toda la explicación anterior, Odile demuestra que este hábito también puede resultar útil para los demás.

Con las islas Cíes de fondo y ya terminada la entrevista, Odile sigue razonando. «Creo que todo el mundo debería hacer esto. Al final es una forma de administrarse, de tener la gestión de tu vida controlada. Tan solo son dos minutos al día». Y es que sí: con esos 120 segundos diarios, Odile demuestra que llevar una crónica exhaustiva de cuanto sucede en cada jornada, sin necesidad de grandes artificios, ayuda a quien la escribe y también a quienes la rodean.

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